Voy a hacer la cuenta... es inevitable. El 2006 me deja un poco malherida. Mi vida profesional quebrantada, muchas dudas existenciales, muchas deudas y poca capacidad para cumplirlas. Mi estado emocional debería ser más bien tirando a triste. Sin embargo, tengo otro recuento que hacer, el positivo, el que me sigue dando permiso de ver la vida con muchas esperanzas. Veamos:
-Tengo dos angelitos que día a día me dicen que soy la mejor mamá del mundo, que soy hermosa, que soy buena y que no debo darme por vencida.
-Tengo, claro, a mi mejor amigo, que no se siente derrotado y que me llena la vida de besos y abrazos.
- Tengo a mi madre y a mi padre, una bendición que no todos pueden contar.
- Tengo a Adriancín y doña Socorro, ángeles de la guarda.
- Tengo a Grimalkin, Gaby, Américo, Sealtiel y Krystopher, cuya sola presencia me recuerda que la vida es hermosa.
- Tengo también a mis suegros, por quien rezo todas las noches, y por supuesto a Adán, Mónica, Pera y Oscar que son faros luminosos y llenos de amor en mi familia.
-Tengo a Lorena y Gaby, una luz en mi camino.
- Tengo a mis nuevos amigos, Feri, Apologista, Ilne, Fantasma, que me han enseñado que la distancia no existe cuando se establecen lazos de cariño.
- Tengo las dos muñecas de la infancia que noche a noche me recuerdan que nunca se debe perder la inocencia y las ganas de seguir.
- Tengo un par de pantuflas viejas que me brindan descanso cuando ya mis pies no resisten.
- Tengo mis ojos, que miran el sol hermoso todos los días, y mis manos, que me permiten escribir, y mi boca, que puede decirles a los míos cuanto los amo, mi cerebro, siempre en búsqueda de nuevas historias, y mis piernas que no dejarán de sostenerme.
El año que se va, se va... Lo que pude hacer a través de él, mis esfuerzos en Crónica y El Universal y mi búsqueda infructuosa de nuevas oportunidades se van con él.
Viene el 2007, y con el un nuevo empuje para salir adelante. No sé qué pasará, siempre me da miedo esta incertidumbre, pero mis tesoros siguen intactos, como ya habrán visto, y dándome razones para seguir luchando y para mandar buenas vibraciones a todo el universo.
¡Feliz 2007 para todos!
Con todo mi amor
Taydé
jueves, diciembre 28, 2006
Pastorela
Amigos queridos, no he podido poner las fotos de la pastorela por problemas técnicos. Sólo quiero avisarles a todos los "fanáticos" que nos fue muy bien y que a más tardar la próxima semana tendrán la crónica completa ¿va?
jueves, diciembre 21, 2006
Para mis amigos bloggeros
No, no es la primera vez que me pasa. La Navidad me provoca siempre un sentimiento de nostalgia, una necesidad de reflexionar, de hacer un viaje interno. Con el 24 de diciembre inicia para mí una semana de hacer balance, de contar lo bueno y lo malo que me sucedió durante todo un año y tratar de salir fortalecida para encarar el nuevo ciclo.
Esta vez, el saldo con el que empezará mi balance de Navidad pinta color rojo, en ceros. Sin embargo, como cada año, pesan más las bendiciones que los descalabros: Tengo a mis hijos y las caricias cálidas de sus manitas amorosas; mi esposo y su amor y compañía; la presencia de mis padres, mis suegros, mis hermanos, mis cuñados y concuños. Tengo también la satisfacción de todos los esfuerzos que hice, la sensación de saber que no hubo un minuto de estos 365 días del 2006, que están por expirar, que no hiciera el mayor de mis esfuerzos, que no mirara a la vida con una sonrisa y que no me dijera a mí misma que tenía que seguir.
Dentro de mi balance, un lugar especial lo tienen los amigos, y su presencia siempre amorosa. Pero esta vez, tengo algo más que agradecer: El día que me decidí a abrir este blog, inspirada por mi hermano Grimalkin, e inicie un viaje que ha sido muy placentero por las personas que me ha permitido conocer.
Por ello, este correo va dedicado no tanto a esta Zona Infinita como a aquellos asiduos, un poco locos hay que decirlo, que se dan cita para saber cómo estoy.
Feri: Gracias por estar siempre pendiente de mí, por tus consejos espirituales y por haberme brindado tanta luz en medio de la oscuridad. Que Dios te bendiga.
Apolita linda: Gracias por contagiarme esa juventud llena de madurez y ese amor por la vida que te caracterizan, ojalá que esta Navidad esté llena de cosas hermosas para ti y que sólo sea el principio de una época próspera y feliz.
Fantasma: Amigo querido, un gran regalo de este blog fue la posibilidad de conocer a un espíritu al que por muchas razones encuentro afín. Ojalá que esta sea una Navidad hermosa para ti.
Mi querida Ilne: Espero que la cena esté tan rica como me lo cuentas, que haya mucha paz en casa y que el amor te inunde no sólo hoy sino siempre. Gracias, amiga, por ser un bálsamo en medio de la bruma.
Mis amados Grimalkin y Gaby: Aunque planeo darles el abrazo personalmente, aprovecho el espacio para decirles que los quiero y que todas las luchas que vengan serán pocas porque las libraremos juntos.
Moni: No sé si alcances a leer esto, pero quiero que sepas que te extrañamos mucho, pero que por otro lado nos sentimos orgullosos porque cada paso que estás dando tiene un porqué y será el camino del éxito al que tú estás destinada. Feliz Navidad adelantada, mi querida Moni.
Al resto de amigos que pasan ocasionalmente por aquí, pero han decidido sólo leer en silencio, les mando todo mi cariño y el deseo de que el amor que se vive en esta época no sea un sentimiento pasajero, sino algo que se quede con ustedes para siempre.
Y como lo más seguro es que no pueda escribir en un par de días porque andaré de actriz, a todos:
¡Feliz Navidad!
Esta vez, el saldo con el que empezará mi balance de Navidad pinta color rojo, en ceros. Sin embargo, como cada año, pesan más las bendiciones que los descalabros: Tengo a mis hijos y las caricias cálidas de sus manitas amorosas; mi esposo y su amor y compañía; la presencia de mis padres, mis suegros, mis hermanos, mis cuñados y concuños. Tengo también la satisfacción de todos los esfuerzos que hice, la sensación de saber que no hubo un minuto de estos 365 días del 2006, que están por expirar, que no hiciera el mayor de mis esfuerzos, que no mirara a la vida con una sonrisa y que no me dijera a mí misma que tenía que seguir.
Dentro de mi balance, un lugar especial lo tienen los amigos, y su presencia siempre amorosa. Pero esta vez, tengo algo más que agradecer: El día que me decidí a abrir este blog, inspirada por mi hermano Grimalkin, e inicie un viaje que ha sido muy placentero por las personas que me ha permitido conocer.
Por ello, este correo va dedicado no tanto a esta Zona Infinita como a aquellos asiduos, un poco locos hay que decirlo, que se dan cita para saber cómo estoy.
Feri: Gracias por estar siempre pendiente de mí, por tus consejos espirituales y por haberme brindado tanta luz en medio de la oscuridad. Que Dios te bendiga.
Apolita linda: Gracias por contagiarme esa juventud llena de madurez y ese amor por la vida que te caracterizan, ojalá que esta Navidad esté llena de cosas hermosas para ti y que sólo sea el principio de una época próspera y feliz.
Fantasma: Amigo querido, un gran regalo de este blog fue la posibilidad de conocer a un espíritu al que por muchas razones encuentro afín. Ojalá que esta sea una Navidad hermosa para ti.
Mi querida Ilne: Espero que la cena esté tan rica como me lo cuentas, que haya mucha paz en casa y que el amor te inunde no sólo hoy sino siempre. Gracias, amiga, por ser un bálsamo en medio de la bruma.
Mis amados Grimalkin y Gaby: Aunque planeo darles el abrazo personalmente, aprovecho el espacio para decirles que los quiero y que todas las luchas que vengan serán pocas porque las libraremos juntos.
Moni: No sé si alcances a leer esto, pero quiero que sepas que te extrañamos mucho, pero que por otro lado nos sentimos orgullosos porque cada paso que estás dando tiene un porqué y será el camino del éxito al que tú estás destinada. Feliz Navidad adelantada, mi querida Moni.
Al resto de amigos que pasan ocasionalmente por aquí, pero han decidido sólo leer en silencio, les mando todo mi cariño y el deseo de que el amor que se vive en esta época no sea un sentimiento pasajero, sino algo que se quede con ustedes para siempre.
Y como lo más seguro es que no pueda escribir en un par de días porque andaré de actriz, a todos:
¡Feliz Navidad!
martes, diciembre 19, 2006
Mi hermano El Melicos
Llegó a mi vida hace 27 años, que se cumplen mañana, 20 de diciembre.
Aquella época navideña había sido de las más terribles de mis 10 años de vida, porque tan sólo dos días antes había muerto mi abuelo materno y acababamos de hacer una mudanza de una ciudad a otra tan sólo una semana atrás.
Sin embargo, con la luz que siempre lo ha caracterizado, mi hermano llegó, con su suave olor a bebé, y se instaló en mi casa el 24 de diciembre, cual Niño Dios.
No puedo decir que con su llegada hubiera sentido los mismos celos de primogénita que me provocara el nacimiento de mi primer hermano, Grimalkin. Por el contrario, ver a Américo por primera vez me llenó de una infinita ternura y puedo decir, sin equivocarme, que lo adoré desde el primer momento, a pesar de las largas noches en que no me dejaba dormir con sus llantos y de las muchas veces que, siendo pequeñito, me demostró un carácter fuerte e inflexible.
Cuando mis padres se divorciaron, y en vista de que mi mamá había cambiado su estatus de ama de casa al de empleada federal, yo me quedé al cargo de llevar y traer del kínder a mi hermanito y eso me hizo desarrollar por él un amor maternal que fue creciendo día con día.
Aun recuerdo el terremoto del 85, cuando sentí que el departamento donde vivíamos se iba a venir abajo, y utilicé mi cuerpo para hacer una cuevita en donde mi hermano pudiera guarecerse, convencida de que no importaba si yo salvaba la vida, siempre que a él no le sucediera nada.
Pero el cariño no era sólo porque fuera mi hermano, sino porque el Melicos muy pronto dio muestras de una inteligencia, disciplina y valentía que le granjearon mi amor y mi respeto.
Hace algunos años, se acercó a mí para contarme su sueño de ser director de cine y el pesar de que mis papás se opusieran rotundamente a que una mente tan brillante como la suya se perdiera en una profesión tan difícil, tomando en cuenta que vivimos en un país de Tercer Mundo.
Yo le compartí lo que siempre he creído, "no importa cuán difícil parezca una profesión; si es lo que tu amas y en ella te vas a sentir pleno, serás el hombre más existoso del mundo".
De hecho, confiaba tanto en lo que mi hermano podía lograr que, cuando entro a la secundaria, lo alenté para que estudiara actuación en los talleres que se impartían en su colegio.
No imaginé entonces que eso lo convertiría en el actor que es hoy, pero puedo decir que cada lágrima que me ha arrancado desde sus primeras actuaciones hasta las más recientes, que cada momento de los muchos de orgullo que me ha regalado, que verlo convertido en el gran profesional que es hoy, me hacen sentir, una alegría indescriptible y la sensación, que a veces acallo por no pecar de soberbia, de haber puesto un buen granito de arena en su camino.
Pero más allá de eso, puedo decir que Américo es otro de mis grandes amigos. Un huesito un poco difìcil de roer, eso sí, porque no es es autocomplaciente y no permite actitudes semejantes a su alrededor, así que a veces me da mis jalones de orejas, pero detrás de ellos yo percibo el amor de un hermano fuerte que, cuando lo necesito, también me presta su hombro para apoyarme.
Es, además un tío fabuloso y un buen hijo que ama y consiente a sus papás.
¿Se podría pedir más que esa bendición que llegó a mi vida hace 27 años y hoy me tiene aquí, escribiendo, con los ojos llenos de lágrimas?
Feliz cumpleaños, mi querido Melicos, y ojalá que la vida me regale tu cercanía todos los años que me queden por seguir en este mundo.
¡Te quiero mucho, hermano!
Aquella época navideña había sido de las más terribles de mis 10 años de vida, porque tan sólo dos días antes había muerto mi abuelo materno y acababamos de hacer una mudanza de una ciudad a otra tan sólo una semana atrás.
Sin embargo, con la luz que siempre lo ha caracterizado, mi hermano llegó, con su suave olor a bebé, y se instaló en mi casa el 24 de diciembre, cual Niño Dios.
No puedo decir que con su llegada hubiera sentido los mismos celos de primogénita que me provocara el nacimiento de mi primer hermano, Grimalkin. Por el contrario, ver a Américo por primera vez me llenó de una infinita ternura y puedo decir, sin equivocarme, que lo adoré desde el primer momento, a pesar de las largas noches en que no me dejaba dormir con sus llantos y de las muchas veces que, siendo pequeñito, me demostró un carácter fuerte e inflexible.
Cuando mis padres se divorciaron, y en vista de que mi mamá había cambiado su estatus de ama de casa al de empleada federal, yo me quedé al cargo de llevar y traer del kínder a mi hermanito y eso me hizo desarrollar por él un amor maternal que fue creciendo día con día.
Aun recuerdo el terremoto del 85, cuando sentí que el departamento donde vivíamos se iba a venir abajo, y utilicé mi cuerpo para hacer una cuevita en donde mi hermano pudiera guarecerse, convencida de que no importaba si yo salvaba la vida, siempre que a él no le sucediera nada.
Pero el cariño no era sólo porque fuera mi hermano, sino porque el Melicos muy pronto dio muestras de una inteligencia, disciplina y valentía que le granjearon mi amor y mi respeto.
Hace algunos años, se acercó a mí para contarme su sueño de ser director de cine y el pesar de que mis papás se opusieran rotundamente a que una mente tan brillante como la suya se perdiera en una profesión tan difícil, tomando en cuenta que vivimos en un país de Tercer Mundo.
Yo le compartí lo que siempre he creído, "no importa cuán difícil parezca una profesión; si es lo que tu amas y en ella te vas a sentir pleno, serás el hombre más existoso del mundo".
De hecho, confiaba tanto en lo que mi hermano podía lograr que, cuando entro a la secundaria, lo alenté para que estudiara actuación en los talleres que se impartían en su colegio.
No imaginé entonces que eso lo convertiría en el actor que es hoy, pero puedo decir que cada lágrima que me ha arrancado desde sus primeras actuaciones hasta las más recientes, que cada momento de los muchos de orgullo que me ha regalado, que verlo convertido en el gran profesional que es hoy, me hacen sentir, una alegría indescriptible y la sensación, que a veces acallo por no pecar de soberbia, de haber puesto un buen granito de arena en su camino.
Pero más allá de eso, puedo decir que Américo es otro de mis grandes amigos. Un huesito un poco difìcil de roer, eso sí, porque no es es autocomplaciente y no permite actitudes semejantes a su alrededor, así que a veces me da mis jalones de orejas, pero detrás de ellos yo percibo el amor de un hermano fuerte que, cuando lo necesito, también me presta su hombro para apoyarme.
Es, además un tío fabuloso y un buen hijo que ama y consiente a sus papás.
¿Se podría pedir más que esa bendición que llegó a mi vida hace 27 años y hoy me tiene aquí, escribiendo, con los ojos llenos de lágrimas?
Feliz cumpleaños, mi querido Melicos, y ojalá que la vida me regale tu cercanía todos los años que me queden por seguir en este mundo.
¡Te quiero mucho, hermano!
miércoles, diciembre 06, 2006
Digo no al Teletón
Llevo días topándome con los anuncios por todos lados: "Apoya al Teletón", dicen, "Necesitamos de tu Amor", agregan, y son acompañados de imágenes lastimeras de niños discapacitados.
Supongo que las almas caritativas pensarán que soy una insensata al decir que no me conmueve ni un minuto ese bombardeo que pretende chantajearme.
Pero antes de seguir, cabe una aclaración, no se trata aquí de que no me interesen los niños con capacidades diferentes. Por el contrario, la vida me ha concedido el privilegio de que mi hijo mayor estudiara con un sordo y el menor con un autista y además tuve la suerte de ser compañera de una invidente, así que conozco de cerca el infinito valor, mucho más allá de lo explicable, que tienen personas como ellos, que se sobreponen a todo y deciden vivir con toda la dignidad del mundo.
Aún recuerdo las palabras de mi amiga Ventura en los primeros días de mi tercer año de preparatoria, cuando ella subió al estrado a presentarse ante el grupo: "Soy ciega", dijo, "pero no quiero la lástima de nadie; quiero que me traten como uno más de ustedes, voy a requerir de pronto que me ayuden, pero por favor, no me traten como un bicho raro y triste".
Días después me di cuenta de que Ventura no sólo no era un bicho raro y triste, sino que frecuentemente exhibía más valores, amor por la vida y valentía que cualquiera de aquellos que podíamos ver pero que a veces no veíamos más allá de las narices.
Pero ¿y entonces por qué no quiero votar por el Teletón? He aquí mis razones.
1.- Porque me parece que es el Estado y no el pueblo el que está obligado a brindar servicios de seguridad social a los discapacitados y sin costo alguno, que para eso deberían servir los impuestos que aporta el pueblo entero y no para apoyar a los empresarios y los banqueros.
2.- Porque me parece que el deseo de que "todos apoyemos" (y con todos quieren decir, yo, tú y la gente de a pie que anda por este país), tiene más que ver con el deseo de la empresa organizadora del Teletón de que le sean condonados sus impuestos por medio de la "beneficiencia" que con un apoyo real a los discapacitados.
3.- Porque los discapacitados son empleados para hacer spots y anuncios lacrimógenos en donde se les presenta como personas dignas de lástima, por la que todos deberíamos condolernos, y no como los seres maravillosos y llenos de virtudes que en realidad son.
4.- Porque los mismos que ahora están pidiendo amor y unión, son los que cobijaron los anuncios que violentaron la pasada elección presidencial, los mismos que retrocedieron a la época de los 70 y ahora condenan a los "disidentes" para ensalzar la postura "oficial".
Si queremos ayudar a los discapacitados, hay muchas otras formas. Una de ellas es la asociación APAC, que sin tanto aspaviento, brinda apoyo, educación y atención a quienes sufren parálisis cerebral, les da un trato digno y les enseña oficios para hacerlos personas independientes, capaces de salir solas adelante.
Yo sí valoro a los discapacitados. Por ellos y por su dignidad, no permitiré que nadie venga a chantajearme a través de ellos. Yo le digo no al Teletón.
¿Y tú?
Supongo que las almas caritativas pensarán que soy una insensata al decir que no me conmueve ni un minuto ese bombardeo que pretende chantajearme.
Pero antes de seguir, cabe una aclaración, no se trata aquí de que no me interesen los niños con capacidades diferentes. Por el contrario, la vida me ha concedido el privilegio de que mi hijo mayor estudiara con un sordo y el menor con un autista y además tuve la suerte de ser compañera de una invidente, así que conozco de cerca el infinito valor, mucho más allá de lo explicable, que tienen personas como ellos, que se sobreponen a todo y deciden vivir con toda la dignidad del mundo.
Aún recuerdo las palabras de mi amiga Ventura en los primeros días de mi tercer año de preparatoria, cuando ella subió al estrado a presentarse ante el grupo: "Soy ciega", dijo, "pero no quiero la lástima de nadie; quiero que me traten como uno más de ustedes, voy a requerir de pronto que me ayuden, pero por favor, no me traten como un bicho raro y triste".
Días después me di cuenta de que Ventura no sólo no era un bicho raro y triste, sino que frecuentemente exhibía más valores, amor por la vida y valentía que cualquiera de aquellos que podíamos ver pero que a veces no veíamos más allá de las narices.
Pero ¿y entonces por qué no quiero votar por el Teletón? He aquí mis razones.
1.- Porque me parece que es el Estado y no el pueblo el que está obligado a brindar servicios de seguridad social a los discapacitados y sin costo alguno, que para eso deberían servir los impuestos que aporta el pueblo entero y no para apoyar a los empresarios y los banqueros.
2.- Porque me parece que el deseo de que "todos apoyemos" (y con todos quieren decir, yo, tú y la gente de a pie que anda por este país), tiene más que ver con el deseo de la empresa organizadora del Teletón de que le sean condonados sus impuestos por medio de la "beneficiencia" que con un apoyo real a los discapacitados.
3.- Porque los discapacitados son empleados para hacer spots y anuncios lacrimógenos en donde se les presenta como personas dignas de lástima, por la que todos deberíamos condolernos, y no como los seres maravillosos y llenos de virtudes que en realidad son.
4.- Porque los mismos que ahora están pidiendo amor y unión, son los que cobijaron los anuncios que violentaron la pasada elección presidencial, los mismos que retrocedieron a la época de los 70 y ahora condenan a los "disidentes" para ensalzar la postura "oficial".
Si queremos ayudar a los discapacitados, hay muchas otras formas. Una de ellas es la asociación APAC, que sin tanto aspaviento, brinda apoyo, educación y atención a quienes sufren parálisis cerebral, les da un trato digno y les enseña oficios para hacerlos personas independientes, capaces de salir solas adelante.
Yo sí valoro a los discapacitados. Por ellos y por su dignidad, no permitiré que nadie venga a chantajearme a través de ellos. Yo le digo no al Teletón.
¿Y tú?
sábado, diciembre 02, 2006
El hoy de mi tierra
El aire no cambió, no se escuchan balas en la lejanía, ni hay llantos de gritos y mujeres por las calles de mi tierra, de mi vieja y querida Ciudad de México.
Quienes pronosticaron el apocalipsis e hicieron que muchos creyeran que los "renegados" del "gobierno oficial" provocaríamos el caos, se equivocaron. Sin embargo, no se sienten tristes por la equivocación, porque lo sabían desde siempre, lo siguen sabiendo: "los inconformes" de hoy no somos personas de violencia, no tenemos el machete a mano, ni planeamos recrear una guerra de guerrillas en pleno siglo XXI.
Sabemos, porque lo sabemos bien, que se cometió una infamia, pero hay muchas otras formas de resistencia pacífica que sin el uso de las balas pueden dejar nuestra huella en la historia (una muestra clara de ello se puede encontrar el blog senderodelpeje, para todos los amigos del mundo interesados en el tema).
La grieta que ellos abrieron con sus anuncios violentos y difamatorios durante toda una elección presidencial, sigue ahí, haciéndose cada día más ancha. Convirtieron al país en un espacio dividido, donde nadie está seguro de que esconde el gesto del vecino. Aún así, no podrán decir que somos nosotros los que estamos violentando nada. Es una certeza.
Lo único que yo pregunto, para todos los que se sienten en paz consigo mismos después de presenciar la sucesión presidencial, es si realmente se tomaron la molestia de leer e informarse acerca de quién estaba de cada lado cuando se hicieron las elecciones y a lo largo de estos meses.
¿Sabrán acaso que la infamia que se acaba de cometer tiene la firma del Yunque, un grupo radical, que entre otras cosas, ha preparado a sus miembros con armas, por aquello de que haya disidentes que no quieran aceptar sus imposiciones?
¿Quién es quien realmente nos tiene secuestrados?
En esta Zona Infinita será de las pocas veces que se hable de temas como éstos porque para eso hay espacios mejor dotados.
Sin embargo, convoco de nuevo a todos al análisis. La historia se escribe hoy y, por lo tanto, la responsabilidad la tenemos hoy.
Apaguemos la tele y, por primera vez, hagámonos cargo de nuestro país, leyendo e instruyéndonos para tener una verdadera certeza de que estamos del lado correcto, pero que sea por convicción y no porque nos creímos las calumnias espantabobos ideadas por el sistema.
Quienes pronosticaron el apocalipsis e hicieron que muchos creyeran que los "renegados" del "gobierno oficial" provocaríamos el caos, se equivocaron. Sin embargo, no se sienten tristes por la equivocación, porque lo sabían desde siempre, lo siguen sabiendo: "los inconformes" de hoy no somos personas de violencia, no tenemos el machete a mano, ni planeamos recrear una guerra de guerrillas en pleno siglo XXI.
Sabemos, porque lo sabemos bien, que se cometió una infamia, pero hay muchas otras formas de resistencia pacífica que sin el uso de las balas pueden dejar nuestra huella en la historia (una muestra clara de ello se puede encontrar el blog senderodelpeje, para todos los amigos del mundo interesados en el tema).
La grieta que ellos abrieron con sus anuncios violentos y difamatorios durante toda una elección presidencial, sigue ahí, haciéndose cada día más ancha. Convirtieron al país en un espacio dividido, donde nadie está seguro de que esconde el gesto del vecino. Aún así, no podrán decir que somos nosotros los que estamos violentando nada. Es una certeza.
Lo único que yo pregunto, para todos los que se sienten en paz consigo mismos después de presenciar la sucesión presidencial, es si realmente se tomaron la molestia de leer e informarse acerca de quién estaba de cada lado cuando se hicieron las elecciones y a lo largo de estos meses.
¿Sabrán acaso que la infamia que se acaba de cometer tiene la firma del Yunque, un grupo radical, que entre otras cosas, ha preparado a sus miembros con armas, por aquello de que haya disidentes que no quieran aceptar sus imposiciones?
¿Quién es quien realmente nos tiene secuestrados?
En esta Zona Infinita será de las pocas veces que se hable de temas como éstos porque para eso hay espacios mejor dotados.
Sin embargo, convoco de nuevo a todos al análisis. La historia se escribe hoy y, por lo tanto, la responsabilidad la tenemos hoy.
Apaguemos la tele y, por primera vez, hagámonos cargo de nuestro país, leyendo e instruyéndonos para tener una verdadera certeza de que estamos del lado correcto, pero que sea por convicción y no porque nos creímos las calumnias espantabobos ideadas por el sistema.
jueves, noviembre 30, 2006
El mañana de mi tierra
La tierra, mi tierra, esta en calma, pero presagia tormentas.
La tarde nos regala su cielo abierto, sin una nube en el horizonte, con las pinceladas azul y rosa tan artísticas y románticas que nos brinda el otoño.
Abajo, los hijos de la tierra se debaten. Mañana es un día que puede quedar inscrito en la historia de mi país para siempre. No se trata de la entrada de un presidente al cargo de gobierno, sino de todas las hogueras que ya está provocando.
Por el sur, vienen los pies cansados de los maestros y campesinos oaxaqueños, que aprovechan la coyuntura para esgrimir sus demandas en el corazón mismo de la República.
Se cocina, asimismo, la reunión de muchas voces que no apoyan la sucesión oficial y que estarán, al mismo tiempo de la toma de posesión, reunidas, reinvindicando su postura a gritos.
El Congreso fue asaltado por dos partidos que no están dispuestos a rendirse, y los medios de comunicación se alinean, se hacen eco de lo que el sistema quiere decir a la gente y envían sus mensajes que aparentemente invitan a la unidad, pero que con una lectura más profunda, quedan al descubierto como las inyecciones de miedo que en realidad buscan ser.
Yo estoy aquí. Soy hija de esta misma tierra. Quienes me conocen, saben lo que pienso y de qué lado estoy. Yo no pretendo convencer a nadie, porque respeto todas las ideologías y hace tiempo que dejé de creer en que los ángulos radicales sean la opción para un cambio profundo. Yo sólo estoy aquí, ahora, con mi propia realidad quebrada, como una simple espectadora en este teatro que a partir de mañana por la mañana nos dará la tercera llamada.
Nadie puede saber lo que va a pasar, ni los que presagian el apocalipsis ni los optimistas que viven en la idea de que todo es color de rosa. Sin embargo, la tarea de todos es huir de la indiferencia. Hoy es el día para pensar, para hacer un verdadero análisis. Se trata de ese análisis profundo que hace mucho tiempo le hace falta a nuestro pueblo. La postura que cada quien asuma debe ser una responsabilidad y no una simple forma de pensamiento. No olvidemos que la historia nos pasará la factura.
Por hoy, mi conciencia está tranquila.
La tarde nos regala su cielo abierto, sin una nube en el horizonte, con las pinceladas azul y rosa tan artísticas y románticas que nos brinda el otoño.
Abajo, los hijos de la tierra se debaten. Mañana es un día que puede quedar inscrito en la historia de mi país para siempre. No se trata de la entrada de un presidente al cargo de gobierno, sino de todas las hogueras que ya está provocando.
Por el sur, vienen los pies cansados de los maestros y campesinos oaxaqueños, que aprovechan la coyuntura para esgrimir sus demandas en el corazón mismo de la República.
Se cocina, asimismo, la reunión de muchas voces que no apoyan la sucesión oficial y que estarán, al mismo tiempo de la toma de posesión, reunidas, reinvindicando su postura a gritos.
El Congreso fue asaltado por dos partidos que no están dispuestos a rendirse, y los medios de comunicación se alinean, se hacen eco de lo que el sistema quiere decir a la gente y envían sus mensajes que aparentemente invitan a la unidad, pero que con una lectura más profunda, quedan al descubierto como las inyecciones de miedo que en realidad buscan ser.
Yo estoy aquí. Soy hija de esta misma tierra. Quienes me conocen, saben lo que pienso y de qué lado estoy. Yo no pretendo convencer a nadie, porque respeto todas las ideologías y hace tiempo que dejé de creer en que los ángulos radicales sean la opción para un cambio profundo. Yo sólo estoy aquí, ahora, con mi propia realidad quebrada, como una simple espectadora en este teatro que a partir de mañana por la mañana nos dará la tercera llamada.
Nadie puede saber lo que va a pasar, ni los que presagian el apocalipsis ni los optimistas que viven en la idea de que todo es color de rosa. Sin embargo, la tarea de todos es huir de la indiferencia. Hoy es el día para pensar, para hacer un verdadero análisis. Se trata de ese análisis profundo que hace mucho tiempo le hace falta a nuestro pueblo. La postura que cada quien asuma debe ser una responsabilidad y no una simple forma de pensamiento. No olvidemos que la historia nos pasará la factura.
Por hoy, mi conciencia está tranquila.
martes, noviembre 28, 2006
Todo a su tiempo... pero se puede volver el tiempo
Amigos, no sabía qué escribir el día de hoy. Quiero hacerles saber que estoy mucho mejor, pero al mismo tiempo tengo que pensar muy bien en lo que pasó ayer para poder contárselos como debe ser. En lo que eso sucede, les dejo un breve relato, mucho más optimista, basado en una charla que sostuve con mi propio hijo, Andrés.
La madre estaba en la estufa, ocupada en que cada cacerola estuviera trabajando correctamente, cuando su hijo de ocho años llegó hasta ella, corriendo como siempre.
- Mamá, me gustaría convertirme en adulto- lanzó como un dardo.
- Ya te convertirás en adulto a su tiempo-. contestó la madre, sorprendida de repetir las mismas palabras que le había oído decir a su propia madre cuando ella había lanzado un comentario similar en la infancia.
- Pero no, mamá, yo quisiera convertirme en adulto ahora- insistió el niño.
La mamá apagó el fuego de la estufa, fue a la sala, llevó dos sillas hasta la cocina, las dispuso una enfrente de la otra e invitó a sentarse a su hijo.
- A ver, explícame, ¿por qué quieres ser adulto?-, le preguntó con toda serenidad.
- Pues porque si fuera adulto podría hacer lo que quisiera, y tendría dinero.
La mamá le lanzó una mirada llena de ternura y después se puso seria.
- ¿Realmente crees que los adultos podemos hacer todo lo que queremos hacer?
Y después, como en una oración grabada en su memoria desde tiempos inmemoriales, comenzó hilvanar ante su hijo una verdad que a ella misma la sorprendió pues nunca antes la había entendido así.
- Mira, hijito, en primer lugar, la infancia es la parte más pequeñita de la vida. Dura apenas unos cuantos años y de esos, una buena parte los vives inconsciente, sin atesorar recuerdos. Así que, simplemente por eso, yo te recomendaría que disfrutaras esta etapa con todo tu corazón, porque para ser adulto tienes un largo camino por delante, y somos muchos los adultos que vivimos deseando volver a ser niños. Disfruta el presente, hijo.
- ¡Pero ahora no tengo dinero y tengo que pedir permiso para todo, mami!
- Mira, te voy a decir lo más importante. Es mentira que los adultos podamos hacer lo que queramos y que tengamos todo el dinero que desearíamos tener. En primer lugar, quizá tenemos más libertad de ir de aquí para allá, pero al mismo tiempo nos abruman las obligaciones, responsabilidades y deudas, y eso nos impide hacer realmente lo que nos da la gana. Al menos no podemos hacerlo todo el tiempo. Además, los adultos podemos tener todo el dinero que queramos sólo en la medida de nuestro esfuerzo en el trabajo, no nos lo regalan ni nos cae del cielo, y a veces ni el más grande esfuerzo logra darnos lo que necesitamos para vivir dignamente.
En cambio, tú tienes ahora cosas que los adultos envidiamos realmente de los niños, puedes saltar por las camas, llenarte de lodo, correr con todo el cuerpo, inventarte fantasías en las cuales puedes perderte por horas, lanzarte a esas albercas llenas de pelotas, embarrarte la cara de dulce, hacer bomba un chicle hasta que te explote en el rostro, sentirte seguro porque sabes que papá y mamá se las arreglan para que tu vida sea tranquila, jugar cada hora con un juguete distinto y ser todos los personajes que quieras: hoy un pirata, mañana un doctor y pasado un superhéroe.
- Y tú ¿ya no puedes hacer nada de eso, mami?- preguntó el niño, realmente preocupado.
- De poder sí puedo hijo, pero cuando te haces adulto vas perdiendo la inocencia y ese deseo de disfrutar la vida a plenitud que te da la infancia.
- Mejor sigo siendo niño, mami.
- Sigues siendo niño mientras tengas que serlo, porque cada etapa se debe vivir a su tiempo y con plenitud, porque cada cual tiene su encanto.
- ¿Y tú no puedes volver a ser niña aunque sea un ratito, mami?
La mamá miró a su hijo con una sonrisa que la regresaba a los ocho años de nuevo. Lo tomó de la mano y salió con él al jardín, se quitó los zapatos, se sentó sobre la tierra e invitó a su nuevo amigo a preparar los deliciosos pasteles de tierra que siempre fueron su especialidad.
La madre estaba en la estufa, ocupada en que cada cacerola estuviera trabajando correctamente, cuando su hijo de ocho años llegó hasta ella, corriendo como siempre.
- Mamá, me gustaría convertirme en adulto- lanzó como un dardo.
- Ya te convertirás en adulto a su tiempo-. contestó la madre, sorprendida de repetir las mismas palabras que le había oído decir a su propia madre cuando ella había lanzado un comentario similar en la infancia.
- Pero no, mamá, yo quisiera convertirme en adulto ahora- insistió el niño.
La mamá apagó el fuego de la estufa, fue a la sala, llevó dos sillas hasta la cocina, las dispuso una enfrente de la otra e invitó a sentarse a su hijo.
- A ver, explícame, ¿por qué quieres ser adulto?-, le preguntó con toda serenidad.
- Pues porque si fuera adulto podría hacer lo que quisiera, y tendría dinero.
La mamá le lanzó una mirada llena de ternura y después se puso seria.
- ¿Realmente crees que los adultos podemos hacer todo lo que queremos hacer?
Y después, como en una oración grabada en su memoria desde tiempos inmemoriales, comenzó hilvanar ante su hijo una verdad que a ella misma la sorprendió pues nunca antes la había entendido así.
- Mira, hijito, en primer lugar, la infancia es la parte más pequeñita de la vida. Dura apenas unos cuantos años y de esos, una buena parte los vives inconsciente, sin atesorar recuerdos. Así que, simplemente por eso, yo te recomendaría que disfrutaras esta etapa con todo tu corazón, porque para ser adulto tienes un largo camino por delante, y somos muchos los adultos que vivimos deseando volver a ser niños. Disfruta el presente, hijo.
- ¡Pero ahora no tengo dinero y tengo que pedir permiso para todo, mami!
- Mira, te voy a decir lo más importante. Es mentira que los adultos podamos hacer lo que queramos y que tengamos todo el dinero que desearíamos tener. En primer lugar, quizá tenemos más libertad de ir de aquí para allá, pero al mismo tiempo nos abruman las obligaciones, responsabilidades y deudas, y eso nos impide hacer realmente lo que nos da la gana. Al menos no podemos hacerlo todo el tiempo. Además, los adultos podemos tener todo el dinero que queramos sólo en la medida de nuestro esfuerzo en el trabajo, no nos lo regalan ni nos cae del cielo, y a veces ni el más grande esfuerzo logra darnos lo que necesitamos para vivir dignamente.
En cambio, tú tienes ahora cosas que los adultos envidiamos realmente de los niños, puedes saltar por las camas, llenarte de lodo, correr con todo el cuerpo, inventarte fantasías en las cuales puedes perderte por horas, lanzarte a esas albercas llenas de pelotas, embarrarte la cara de dulce, hacer bomba un chicle hasta que te explote en el rostro, sentirte seguro porque sabes que papá y mamá se las arreglan para que tu vida sea tranquila, jugar cada hora con un juguete distinto y ser todos los personajes que quieras: hoy un pirata, mañana un doctor y pasado un superhéroe.
- Y tú ¿ya no puedes hacer nada de eso, mami?- preguntó el niño, realmente preocupado.
- De poder sí puedo hijo, pero cuando te haces adulto vas perdiendo la inocencia y ese deseo de disfrutar la vida a plenitud que te da la infancia.
- Mejor sigo siendo niño, mami.
- Sigues siendo niño mientras tengas que serlo, porque cada etapa se debe vivir a su tiempo y con plenitud, porque cada cual tiene su encanto.
- ¿Y tú no puedes volver a ser niña aunque sea un ratito, mami?
La mamá miró a su hijo con una sonrisa que la regresaba a los ocho años de nuevo. Lo tomó de la mano y salió con él al jardín, se quitó los zapatos, se sentó sobre la tierra e invitó a su nuevo amigo a preparar los deliciosos pasteles de tierra que siempre fueron su especialidad.
domingo, noviembre 26, 2006
Mañana
Mañana es la incertidumbre.
No sé que será lo que se abra ante mí.
No sé si me encontraré con una ventana abierta que me permita ver el sol o con un muro que me clausure la luz.
Por hoy, elijo creer que lo que me encontraré mañana es un ciclo negativo que se cierra. Un ciclo de caídas y baches que duró un año. Para lograr que este deseo se cristalice necesito reunir una maleta con todo el amor que mis amigos que han regalado a lo largo de mis 36 años de vida, las palabras sabias de mis maestros, la dedicación con que mi madre me protegía cuando era niña, la sensación de que si mi padre estaba cerca no había nada que pudiera pasarme, cada una de las sonrisas compartidas con mis hermanos y la emoción del nacimiento de mis hijos.
También debo recolectar todos los besos que me ha dado mi gran amor, la memoria de aquellos felices momentos en que salía triunfante de algún problema, la emoción con la que encaré mis primeros trabajos y el recuerdo de Edgardos, Fernandos y todos los buenos jefes que tienen un espacio en mi corazón.
Por cualquier cosa, necesito pedirles a los amigos que alguna vez me han solicitado que haga una oración por una causa difícil que ellos viven, y a los que correspondí con toda mi alma, que ahora me devuelvan el favor haciendo una oración por mí.
No sé que pasará mañana, repito, y la incertidumbre podría no dejarme estar, pero he decidido que no.
Quizá la tarea aparezca como algo titánico, pero el que nada debe nada teme. Soy un buen ser humano, y estoy dispuesta a reinvindicar esta verdad. Pienso llevar conmigo, al viaje de mañana, mi maleta de todo lo que ha sido especial en mi vida y ser tan fuerte como siempre o quizá más fuerte que nunca.
No sé que será lo que se abra ante mí.
No sé si me encontraré con una ventana abierta que me permita ver el sol o con un muro que me clausure la luz.
Por hoy, elijo creer que lo que me encontraré mañana es un ciclo negativo que se cierra. Un ciclo de caídas y baches que duró un año. Para lograr que este deseo se cristalice necesito reunir una maleta con todo el amor que mis amigos que han regalado a lo largo de mis 36 años de vida, las palabras sabias de mis maestros, la dedicación con que mi madre me protegía cuando era niña, la sensación de que si mi padre estaba cerca no había nada que pudiera pasarme, cada una de las sonrisas compartidas con mis hermanos y la emoción del nacimiento de mis hijos.
También debo recolectar todos los besos que me ha dado mi gran amor, la memoria de aquellos felices momentos en que salía triunfante de algún problema, la emoción con la que encaré mis primeros trabajos y el recuerdo de Edgardos, Fernandos y todos los buenos jefes que tienen un espacio en mi corazón.
Por cualquier cosa, necesito pedirles a los amigos que alguna vez me han solicitado que haga una oración por una causa difícil que ellos viven, y a los que correspondí con toda mi alma, que ahora me devuelvan el favor haciendo una oración por mí.
No sé que pasará mañana, repito, y la incertidumbre podría no dejarme estar, pero he decidido que no.
Quizá la tarea aparezca como algo titánico, pero el que nada debe nada teme. Soy un buen ser humano, y estoy dispuesta a reinvindicar esta verdad. Pienso llevar conmigo, al viaje de mañana, mi maleta de todo lo que ha sido especial en mi vida y ser tan fuerte como siempre o quizá más fuerte que nunca.
jueves, noviembre 23, 2006
Una buena medicina
Hace un par de meses, aproximadamente, se me ocurrió concretar una idea que llevaba varios años cocinándose en mi cabeza y en las charlas con mi mamá: En vista de que el fin de año se veía venir triste y ceniciento, un buen antídoto para la depresión sería montar una pastorela (esas obras de teatro con las que se evangelizaba a los indígenas mexicanos hace muchos siglos, y que incluyen a un grupo de pastores, un par de diablos, un ángel, una estampa del nacimiento de Jesús, y muchos chistes ligados a la picardía nacional).
En fin, comenté este proyecto con mis hermanos. Porque han de saber que aparte de mi amado bardo Grimalkin, tengo otro hermano que es actor y a quien próximamente dedicaré un post entero.
El caso es que, como les decía, lo hablé con Grimalkin y Américo, con la propuesta de que montáramos un espectáculo familiar, donde se aprovecharan los talentos de cada quien, con el único fin de presentarnos ante parientes y amigos y divertirnos como locos. A mí me tocó la encomienda de escribir el libreto, aunque en realidad lo que hice fue una adaptación de La Pastorela del Ermitaño, de Miguel Sabido, que es un gran escritor del género.
Por supuesto, doté mi adaptación del sutil toque ideológico que corresponde a mi familia. ¡Fue un acto liberador!, debo confesarles.
Hace unas semanas empezamos con los ensayos, bajo la dirección de mi hermano actor y con un reparto que incluye a una abuelita y su pareja, tres hijos, dos hijos políticos, y tres hijos-nietos- sobrinos.
En mí recayó el papel de la pastora principal, que en algunos momentos funge como narradora, y aunque lo de la actuada nunca ha sido uno de mis mejores talentos, me he divertido mucho gracias a la sabia dirección de mi hermano menor que nos ha enseñado todos los vericuetos que él conoce, como el profesional que es.
Hoy nos tocó ensayo. Yo me sentía como una especie de Cuasimodo moderno, en vista de que la contractura muscular me dotó de un caminar extraño. ¡Vaya!, hasta mi hijo comenzó a llamarme Igor, como al personaje que acompaña al Dr. Frankenstein. Los dolores persistían, pero aun así, decidí participar con todo el cariño del mundo.
Una vez iniciado el ensayo, tuve que echar mano de toda mi concentración para dar la entonación correcta a mi personaje y olvidar que en la espalda me estaban aguijoneando varios alfileres invisibles.
Mi hermano Américo, por su parte, decidió no hacerle mucho caso a mi molestia y concentrarse en dirigir cada una de mis inflexiones de voz y movimientos.
Y el milagro se produjo, poco a poco me fui olvidando de la espalda y concentrándome en mi propia actuación, así como la de mi mamá, mi hermano y mis hijos.
De pronto, casi al final, cuando mi personaje tenía que hablarle al Niño Dios frente al portal, me descubrí hincándome, a pesar de que que hacía tan sólo unas horas el dolor me hubiera impedido cualquier movimiento que no fuera caminar a pasos cortos.
A veces, creo, sólo hace falta desviarnos un poco del problema para sentir alivio.
Aún sigue girando mi cabeza en medio de muchas dudas, miedos y contradicciones, pero sé que tendré por varios días mis cucharadas de la medicina de la actuación (empírica, claro) para sentirme mejor.
Y, a pesar de todo, la luz se ve cada vez más cerca.
En fin, comenté este proyecto con mis hermanos. Porque han de saber que aparte de mi amado bardo Grimalkin, tengo otro hermano que es actor y a quien próximamente dedicaré un post entero.
El caso es que, como les decía, lo hablé con Grimalkin y Américo, con la propuesta de que montáramos un espectáculo familiar, donde se aprovecharan los talentos de cada quien, con el único fin de presentarnos ante parientes y amigos y divertirnos como locos. A mí me tocó la encomienda de escribir el libreto, aunque en realidad lo que hice fue una adaptación de La Pastorela del Ermitaño, de Miguel Sabido, que es un gran escritor del género.
Por supuesto, doté mi adaptación del sutil toque ideológico que corresponde a mi familia. ¡Fue un acto liberador!, debo confesarles.
Hace unas semanas empezamos con los ensayos, bajo la dirección de mi hermano actor y con un reparto que incluye a una abuelita y su pareja, tres hijos, dos hijos políticos, y tres hijos-nietos- sobrinos.
En mí recayó el papel de la pastora principal, que en algunos momentos funge como narradora, y aunque lo de la actuada nunca ha sido uno de mis mejores talentos, me he divertido mucho gracias a la sabia dirección de mi hermano menor que nos ha enseñado todos los vericuetos que él conoce, como el profesional que es.
Hoy nos tocó ensayo. Yo me sentía como una especie de Cuasimodo moderno, en vista de que la contractura muscular me dotó de un caminar extraño. ¡Vaya!, hasta mi hijo comenzó a llamarme Igor, como al personaje que acompaña al Dr. Frankenstein. Los dolores persistían, pero aun así, decidí participar con todo el cariño del mundo.
Una vez iniciado el ensayo, tuve que echar mano de toda mi concentración para dar la entonación correcta a mi personaje y olvidar que en la espalda me estaban aguijoneando varios alfileres invisibles.
Mi hermano Américo, por su parte, decidió no hacerle mucho caso a mi molestia y concentrarse en dirigir cada una de mis inflexiones de voz y movimientos.
Y el milagro se produjo, poco a poco me fui olvidando de la espalda y concentrándome en mi propia actuación, así como la de mi mamá, mi hermano y mis hijos.
De pronto, casi al final, cuando mi personaje tenía que hablarle al Niño Dios frente al portal, me descubrí hincándome, a pesar de que que hacía tan sólo unas horas el dolor me hubiera impedido cualquier movimiento que no fuera caminar a pasos cortos.
A veces, creo, sólo hace falta desviarnos un poco del problema para sentir alivio.
Aún sigue girando mi cabeza en medio de muchas dudas, miedos y contradicciones, pero sé que tendré por varios días mis cucharadas de la medicina de la actuación (empírica, claro) para sentirme mejor.
Y, a pesar de todo, la luz se ve cada vez más cerca.
miércoles, noviembre 22, 2006
Entre la oscuridad y la luz
La angustia se me fue colando poco a poco y sin permiso. Día tras día me había repetido que no, que el miedo no puede ser paralizante y había tratado de ponerle buena cara a cada iniciativa, propuesta o proyecto que saltó frente a mí. Decidí que no podía decaer el entusiasmo, y sin embargo, el miedo traspasó las capas de la falsa alegría con la que yo pretendía engañar al presente y mirar hacia el futuro.
Mi cuerpo me pasó la factura. Decidió que los músculos de la espalda eran un buen lugar para recordarme que no, que aún no he logrado nada y que la angustia sigue ahí, por más que trate de ignorarla.
Todo sucedió ayer, en un día frío y gris, con mi marido lejos y mis otros ángeles acudiendo al llamado del trabajo o de la ideología.
Fue mi propio via crucis, tomando en cuenta que mis obligaciones estaban esperando y yo tenía que acometerlas como si estuviera cargando una pesada loza en la espalda.
Me sentía triste, como pocas veces me he sentido, y sola, con una soledad que calaba hasta lo más hondo de mi alma. Era tan fuerte el pesar que ni las lágrimas querían traducirlo.
De pronto, en medio de la noche como llegan todos los ángeles, apareció mi madre, con su bello rostro lleno de optimismo. Me llenó de abrazos y de esa sonrisa cálida que siempre reconforta, me untó pomada con sus pequeñas manos calientitas y me dio el beso de las buenas noches, como en mis días de infancia.
Lo que me despertó hoy fue una llamada de ella a primera hora. El dolor seguía ahí, sin duda, pero mi mamá también. ¡Cómo no estar agradecida por la vida a pesar de toda la angustia!
Volví de nuevo a mis 9 años, cuando ella llegaba hasta mi cama para arroparme y hacerme sentir que las pesadillas eran sueños desagradables y nada más. Me regaló su luz, su amor, su dedicación, su entusiasmo sin límites por la vida.
Por si fuera poco, llegó más tarde mi suegra, y con esa dulzura tan parecida a la de mi propia madre, me brindó un amoroso abrazo y me consintió como sólo ella sabe hacerlo. Fueron apenas unos pocos minutos, pero su luz y esa sensación de sentirme protegida siguen en mi corazón.
Qué curiosa es la vida, que cuando uno se siente abatido, acabado y sin esperanzas, siempre se da el modo de enviarnos a los ángeles de la guarda que nos rodean para recordarnos que no todo está perdido.
Yo no tengo con qué pagarte, vida, por estos dos maravillosos seres de luz que aparecen, como por arte de magia, cuando más las necesito, haciendo uso de esa sublime intuición que sólo una madre puede tener.
Mi cuerpo me pasó la factura. Decidió que los músculos de la espalda eran un buen lugar para recordarme que no, que aún no he logrado nada y que la angustia sigue ahí, por más que trate de ignorarla.
Todo sucedió ayer, en un día frío y gris, con mi marido lejos y mis otros ángeles acudiendo al llamado del trabajo o de la ideología.
Fue mi propio via crucis, tomando en cuenta que mis obligaciones estaban esperando y yo tenía que acometerlas como si estuviera cargando una pesada loza en la espalda.
Me sentía triste, como pocas veces me he sentido, y sola, con una soledad que calaba hasta lo más hondo de mi alma. Era tan fuerte el pesar que ni las lágrimas querían traducirlo.
De pronto, en medio de la noche como llegan todos los ángeles, apareció mi madre, con su bello rostro lleno de optimismo. Me llenó de abrazos y de esa sonrisa cálida que siempre reconforta, me untó pomada con sus pequeñas manos calientitas y me dio el beso de las buenas noches, como en mis días de infancia.
Lo que me despertó hoy fue una llamada de ella a primera hora. El dolor seguía ahí, sin duda, pero mi mamá también. ¡Cómo no estar agradecida por la vida a pesar de toda la angustia!
Volví de nuevo a mis 9 años, cuando ella llegaba hasta mi cama para arroparme y hacerme sentir que las pesadillas eran sueños desagradables y nada más. Me regaló su luz, su amor, su dedicación, su entusiasmo sin límites por la vida.
Por si fuera poco, llegó más tarde mi suegra, y con esa dulzura tan parecida a la de mi propia madre, me brindó un amoroso abrazo y me consintió como sólo ella sabe hacerlo. Fueron apenas unos pocos minutos, pero su luz y esa sensación de sentirme protegida siguen en mi corazón.
Qué curiosa es la vida, que cuando uno se siente abatido, acabado y sin esperanzas, siempre se da el modo de enviarnos a los ángeles de la guarda que nos rodean para recordarnos que no todo está perdido.
Yo no tengo con qué pagarte, vida, por estos dos maravillosos seres de luz que aparecen, como por arte de magia, cuando más las necesito, haciendo uso de esa sublime intuición que sólo una madre puede tener.
lunes, noviembre 20, 2006
De tarea...

Yo tengo una mala costumbre que quiero compartirles. Los días festivos, mi corazón no se queda quieto, y lejos de aprovechar el asueto para el solaz y esparcimiento, tengo la manía de reflexionar sobre los sucesos que dieron pie al festejo en cuestión.
Hoy es 20 de noviembre, aniversario número 96 de la Revolución Mexicana, así que, guiada por mi mala costumbre, decidí autorrecetarme el capítulo dedicado a Emiliano Zapata dentro del libro Grandes Personajes Universales y de México, de Editorial Océano.
No pretendo reproducirles aquí el texto completo, ni aburrirlos con mis impresiones al respeto, pero me gustaría compartirles un poco de lo que leí.
Al abrir el libro en la página 704, aparece en el lado izquierdo una foto del héroe mexicano, cuyo pie, muy poético, reza: "Emiliano Zapata, la estampa del líder, forjado en el crisol de los campesinos de Morelos, que con su coraje y valor supo elevar a los humillados campesinos a la condición de luchadores por la divisa de 'Tierra y Libertad', sin claudicar en ningún momento ni ante los oropeles de la gloria, ni ante las prebendas o el acoso de los poderosos, lo que acabaría pagando con su sangre".
Justo al lado derecho, una breve y sencilla entrada explica el porqué de la lucha revolucionaria que reivindicara el también llamado Caudillo del Sur.
"El problema de la propiedad de la tierra afectaba a todo México de principios de siglo (XX), pero era particularmente agudo en el estado de Morelos, situado al sur de la capital de la República. Los hacendados de la zona, apoyados por (el presidente) Porfirio Díaz, que ocupaba el poder desde 1870, habían ampliado sus posesiones ocupando las tierras comunales y desalojando a los pequeños propietarios para establecer plantaciones de caña de azúcar. Los campesinos, que no conocían otra forma de ganarse la vida que la de trabajar las tierras de sus antepasados recurrieron a todas las instancias posibles para conservar su medio de vida, pero todo parecía en vano. En 1910, el anuncio de que el general Porfirio Díaz deseaba prolongar su mandato, asegurándose por séptima vez la reelección como presidente, provocó el estallido de las tensiones sociales hasta entonces reprimidas y el inicio de la Revolución Mexicana. En Morelos, la revolución adquirió características propias, muy determinadas precisamente por la cuestión agraria y por la personalidad y la actividad del máximo dirigente revolucionario de este Estado: Emiliano Zapata".
Al final de la biografía del "Calpuleque", aparece una foto del cadáver del caudillo, la cual, según reza el libro, fue tomada a instancias de los asesinos de Zapata, a saber, el Presidente Venustiano Carranza (quien no había querido incluir en su plan de gobierno las necesidades obreras y campesinas) y el general Pablo Gónzalez.
En el pie de foto de dicha imagen dice lo siguiente: "El 10 de abril de 1919, Emiliano Zapata caía asesinado por los disparos a quemarropa efectuados por más de mil federales comandados por el general Guajardo, brazo ejecutor de la vil traición urdida por el presidente Carranza y el general Pablo González".
Lo que pasó después de la muerte de Zapata es por muchos conocido y ha sido contado de generación en generación.
Como todo capítulo histórico, claro, tiene mucho de la visión de los vencedores y no de los vencidos. Sin embargo, no hay moraleja en esta historia y las conclusiones quedan a juicio de cada quien.
sábado, noviembre 18, 2006
Sabias palabras
"Nadie tiene derecho a lo superfluo,
mientras alguien carezca de lo estricto"
Salvador Díaz Mirón, poeta mexicano
viernes, noviembre 17, 2006
Las tribulaciones del rey

Un buen día el señor Sol se descubrió malhumorado. No era un día diferente a los anteriores. Como siempre, se encontraba ahí, en medio de la galaxia, lanzando sus rayos en todas las direcciones.
¿Por qué estaba de malhumor entonces?
Los planetas no se habían movido de sus órbitas. Los asteroides y los meteoritos que tanto lo entretenían con su paso vertiginoso seguían ahí. Todo estaba tan en orden como siempre.
El señor Sol meditó. Tal vez no era nuevo esto de sentirse malhumorado. En realidad era una sensación que se le había colado poco a poco con el paso de los días, de los meses y de los años. Resultaba difícil saber cuándo había empezado a experimentar este malestar, pero lo que sí se daba cuenta es que aquel día era particularmente incómodo.
- ¿Será la Tierra la causante de este genio que me cargo?- se preguntó.
La Tierra había sido desde siempre su rincón favorito, el lugar al que día a día destinaba sus mejores actuaciones.
Pero he ahí que la Tierra ya no era la misma de antes.
- Qué tiempos aquellos- suspiró.
Su planeta consentido ya no le enviaba, como en sus inicios, los sonidos del agua cantarina corriendo por sus ríos, mares y cascadas; tampoco le compartía los aromas de sus cientos de miles de flores y árboles que él ayudaba a crecer con amorosa ternura, ni las imágenes de paisajes y animales sublimes, que le habían arrancado lágrimas en tantas ocasiones. Ahora llegaban hasta él, los ruidos de cientos de chicharras que lo volvían loco, gritos, lamentos, estallidos, un extraño tufo a humo que le picaba la nariz y la imagen de calles y avenidas plagadas de edificios que dominaban en medio de los cada vez más escasos espacios verdes y azules.
Pero no, definitivamente no era eso lo que lo tenía de malhumor, porque la extraña evolución de la Tierra le había sido equivalente a leer una extraordinaria novela, en la que se mezclaban por igual los momentos felices con las etapas de dolor.
- No, no es la Tierra, más bien es el hombre el que me tiene loco- pensó.
Se recordó a sí mismo, hace cientos de años, cuando estaba en la plenitud de su fuerza y lo bautizaban con diferentes nombres: Tonatiuh para los aztecas, Inti, para los incas, Helios para los griegos y Mitra para los persas y romanos.
Se organizaban fiestas en su honor, se le honraba, se regalaban bailes y ofrendas, se le agradecía su extraordinaria tarea sobre todos los seres vivientes a través de oraciones y cánticos, y a cada paso el sentía la plenitud de su poder.
Poco a poco, las ceremonias en su nombre fueron mal vistas. Se les llamaba paganas, con un dejo despectivo en la voz. Sin embargo, el señor Sol aún tuvo el consuelo, por muchos cientos de años, de los poemas en los que él servía de inspiración y de los muchos seres que a cada día se despertaban y daban gracias por poder contemplar nuevamente sus rayos.
- ¿Pero hoy? Hoy ya soy un estorbo. Si caliento demasiado, malo; si caliento poco, malo también. Mi nombre es utilizado para advertir los daños que pueden causar mis rayos, antes tan venerados. Ya existen pocos poemas, y muchos menos que me mencionen, y mi única alegría son esos cantos con que los pequeños me saludan algunas mañanas.
Nadie repara siquiera en que esta misma luz, que ahora pasa por América, más tarde estará en Africa y en Europa y Oceanía, en un acto de magia eterno con el que logró llegar a todos los rincones.
Nadie repara tampoco que mis rayos son justos y no hacen distingos, lo mismo acarician al hombre malo, que al bueno, al viejo que al joven, a la mujer que al hombre, al escritor que al actor, a la mesera y al payaso callejero.
De pronto, el señor Sol cayó en cuenta, con la fuerza de un latigazo, que lo que le estaba pasando no le era desconocido. De hecho, era una historia que había visto repetida en el mundo humano cientos de veces. El malhumor no se quito, pero al menos sintió un bálsamo al encontrar la respuesta ante la ingratitud del hombre, consciente de que era una historia que se seguiría repitiendo mientras el mundo fuera mundo.
- Simplemente, me estoy volviendo viejo- concluyó.
Y como todo buen viejo, decidió que seguiría ahí, alumbrando, y dejaría que el hombre entendiera la lección como siempre lo hacía, cuando tuviera que añorar lo que había perdido.
¿Por qué estaba de malhumor entonces?
Los planetas no se habían movido de sus órbitas. Los asteroides y los meteoritos que tanto lo entretenían con su paso vertiginoso seguían ahí. Todo estaba tan en orden como siempre.
El señor Sol meditó. Tal vez no era nuevo esto de sentirse malhumorado. En realidad era una sensación que se le había colado poco a poco con el paso de los días, de los meses y de los años. Resultaba difícil saber cuándo había empezado a experimentar este malestar, pero lo que sí se daba cuenta es que aquel día era particularmente incómodo.
- ¿Será la Tierra la causante de este genio que me cargo?- se preguntó.
La Tierra había sido desde siempre su rincón favorito, el lugar al que día a día destinaba sus mejores actuaciones.
Pero he ahí que la Tierra ya no era la misma de antes.
- Qué tiempos aquellos- suspiró.
Su planeta consentido ya no le enviaba, como en sus inicios, los sonidos del agua cantarina corriendo por sus ríos, mares y cascadas; tampoco le compartía los aromas de sus cientos de miles de flores y árboles que él ayudaba a crecer con amorosa ternura, ni las imágenes de paisajes y animales sublimes, que le habían arrancado lágrimas en tantas ocasiones. Ahora llegaban hasta él, los ruidos de cientos de chicharras que lo volvían loco, gritos, lamentos, estallidos, un extraño tufo a humo que le picaba la nariz y la imagen de calles y avenidas plagadas de edificios que dominaban en medio de los cada vez más escasos espacios verdes y azules.
Pero no, definitivamente no era eso lo que lo tenía de malhumor, porque la extraña evolución de la Tierra le había sido equivalente a leer una extraordinaria novela, en la que se mezclaban por igual los momentos felices con las etapas de dolor.
- No, no es la Tierra, más bien es el hombre el que me tiene loco- pensó.
Se recordó a sí mismo, hace cientos de años, cuando estaba en la plenitud de su fuerza y lo bautizaban con diferentes nombres: Tonatiuh para los aztecas, Inti, para los incas, Helios para los griegos y Mitra para los persas y romanos.
Se organizaban fiestas en su honor, se le honraba, se regalaban bailes y ofrendas, se le agradecía su extraordinaria tarea sobre todos los seres vivientes a través de oraciones y cánticos, y a cada paso el sentía la plenitud de su poder.
Poco a poco, las ceremonias en su nombre fueron mal vistas. Se les llamaba paganas, con un dejo despectivo en la voz. Sin embargo, el señor Sol aún tuvo el consuelo, por muchos cientos de años, de los poemas en los que él servía de inspiración y de los muchos seres que a cada día se despertaban y daban gracias por poder contemplar nuevamente sus rayos.
- ¿Pero hoy? Hoy ya soy un estorbo. Si caliento demasiado, malo; si caliento poco, malo también. Mi nombre es utilizado para advertir los daños que pueden causar mis rayos, antes tan venerados. Ya existen pocos poemas, y muchos menos que me mencionen, y mi única alegría son esos cantos con que los pequeños me saludan algunas mañanas.
Nadie repara siquiera en que esta misma luz, que ahora pasa por América, más tarde estará en Africa y en Europa y Oceanía, en un acto de magia eterno con el que logró llegar a todos los rincones.
Nadie repara tampoco que mis rayos son justos y no hacen distingos, lo mismo acarician al hombre malo, que al bueno, al viejo que al joven, a la mujer que al hombre, al escritor que al actor, a la mesera y al payaso callejero.
De pronto, el señor Sol cayó en cuenta, con la fuerza de un latigazo, que lo que le estaba pasando no le era desconocido. De hecho, era una historia que había visto repetida en el mundo humano cientos de veces. El malhumor no se quito, pero al menos sintió un bálsamo al encontrar la respuesta ante la ingratitud del hombre, consciente de que era una historia que se seguiría repitiendo mientras el mundo fuera mundo.
- Simplemente, me estoy volviendo viejo- concluyó.
Y como todo buen viejo, decidió que seguiría ahí, alumbrando, y dejaría que el hombre entendiera la lección como siempre lo hacía, cuando tuviera que añorar lo que había perdido.
jueves, noviembre 16, 2006
Admiradísimo Doc:
Parecerá raro que escriba una carta aquí, como un post más. Obviamente, esto tiene una razón de ser porque la persona a la que va dirigida lo vale, no sólo por ser mi cuñado, hermano de mi marido, sino porque es un gran ser humano, que se ha convertido una inspiración para todos los que lo rodeamos. También sirve de pretexto para hablar sobre un don que pocas personas tienen y que el posee, y además obedece a que por ahora no tengo otra manera de pagarle el inmenso cariño que, sin decirlo, me ha demostrado en tantas ocasiones y que, por supuesto, es bien correspondido...
Querido Doctor Adán:
No lo sé de cierto, pero coincido contigo cuando dices que la carrera de medicina no es más sacrificada que otras. Coincido porque el que lo digas tú me basta y sobra.
Me consta que ni tú ni Moni han asumido su hermosa profesión con actitud de mártires. Eso es precisamente lo que los hace maravillosos a ambos.
Me explico más ampliamente.
Desde mi punto de vista, hay tres tipos de personas en el mundo: las que hacen su trabajo por dinero, las que lo hacen por vocación y las que lo hacen por amor.
Tú y Moni, sin duda, pertenecen al tercer tipo.
Cómo, si no es por amor, se podría explicar los años y años que te hemos visto entregarte con dedicación a tu carrera o el deseo de crecer que está cristalizando Moni en París.
Hace un rato lo comentaba con tu hermano. A veces no me explico los resortes que te mueven (y hablo en este caso exclusivamente de ti porque aún no he tenido el privilegio de ver a Moni dar consulta) pero te puedo decir que siempre me emociona ver con cuánto cariño recibes y atiendes a todo aquel que llega hasta ti, el seguimiento que das a tus pacientes, la paciencia que muestras, el interés que pones en cada enfermo, ¡vaya, hasta la sonrisa que brindas!
Estoy segura que si hubiera más doctores como ustedes, más seres entregados con amor a cada una de las cosas que hacen, el mundo sería mucho mejor, sin duda.
Yo qué te puedo decir. Cualquier homenaje que haga en tu nombre es poco, Adán. Más allá de que para mí seas el mejor médico general-internista-dermatólogo del mundo, no tengo ni palabras, ni dinero, ni nada más que mi cariño para agradecer todas las veces has estado para todos nosotros, no sólo por el inmenso cariño que se ha creado con el lazo familiar, sino simplemente por el amor con el que encaras lo que haces.
¡Cómo se pagan todas las ocasiones que nos has resuelto dudas, preocupaciones y problemas de salud, sin importar si te sacamos del cine, si estabas durmiendo o si tienes trabajo!
Yo me siento tranquila porque sé que estás tú en este mundo y para mí hace mucho que eres un ángel guardián al igual que Moni.
Te agradezco, además, por el callado cariño con el que proteges a tu hermano aun cuando no estás cerca, por ese corazón generoso que me hace admirarte siempre, por ser un tío invaluable para mis hijos, por Rodri, por los abrazos, por las sonrisas, por los chistes...
Le preguntaba a Oli hace un momento, lo que antes le pregunté a tu mami y ahora te pregunto a ti. ¿Cómo es que tu familia logró crear a seres tan hermosos, tan llenos de nobleza y de luz?
¿Conoces tú la respuesta?
En lo que la encontramos, va todo mi cariño, mi respeto, mi admiración y el deseo de que su amor siga creciendo para ti y para Moni...
Con todo mi cariño
Taydé
Querido Doctor Adán:
No lo sé de cierto, pero coincido contigo cuando dices que la carrera de medicina no es más sacrificada que otras. Coincido porque el que lo digas tú me basta y sobra.
Me consta que ni tú ni Moni han asumido su hermosa profesión con actitud de mártires. Eso es precisamente lo que los hace maravillosos a ambos.
Me explico más ampliamente.
Desde mi punto de vista, hay tres tipos de personas en el mundo: las que hacen su trabajo por dinero, las que lo hacen por vocación y las que lo hacen por amor.
Tú y Moni, sin duda, pertenecen al tercer tipo.
Cómo, si no es por amor, se podría explicar los años y años que te hemos visto entregarte con dedicación a tu carrera o el deseo de crecer que está cristalizando Moni en París.
Hace un rato lo comentaba con tu hermano. A veces no me explico los resortes que te mueven (y hablo en este caso exclusivamente de ti porque aún no he tenido el privilegio de ver a Moni dar consulta) pero te puedo decir que siempre me emociona ver con cuánto cariño recibes y atiendes a todo aquel que llega hasta ti, el seguimiento que das a tus pacientes, la paciencia que muestras, el interés que pones en cada enfermo, ¡vaya, hasta la sonrisa que brindas!
Estoy segura que si hubiera más doctores como ustedes, más seres entregados con amor a cada una de las cosas que hacen, el mundo sería mucho mejor, sin duda.
Yo qué te puedo decir. Cualquier homenaje que haga en tu nombre es poco, Adán. Más allá de que para mí seas el mejor médico general-internista-dermatólogo del mundo, no tengo ni palabras, ni dinero, ni nada más que mi cariño para agradecer todas las veces has estado para todos nosotros, no sólo por el inmenso cariño que se ha creado con el lazo familiar, sino simplemente por el amor con el que encaras lo que haces.
¡Cómo se pagan todas las ocasiones que nos has resuelto dudas, preocupaciones y problemas de salud, sin importar si te sacamos del cine, si estabas durmiendo o si tienes trabajo!
Yo me siento tranquila porque sé que estás tú en este mundo y para mí hace mucho que eres un ángel guardián al igual que Moni.
Te agradezco, además, por el callado cariño con el que proteges a tu hermano aun cuando no estás cerca, por ese corazón generoso que me hace admirarte siempre, por ser un tío invaluable para mis hijos, por Rodri, por los abrazos, por las sonrisas, por los chistes...
Le preguntaba a Oli hace un momento, lo que antes le pregunté a tu mami y ahora te pregunto a ti. ¿Cómo es que tu familia logró crear a seres tan hermosos, tan llenos de nobleza y de luz?
¿Conoces tú la respuesta?
En lo que la encontramos, va todo mi cariño, mi respeto, mi admiración y el deseo de que su amor siga creciendo para ti y para Moni...
Con todo mi cariño
Taydé
miércoles, noviembre 15, 2006
Mi cofre de sueños
Hace tiempo, cuando niña, soñaba con ser Miss Universo. Le tomaba prestados a mi mamá sus vestidos y sus zapatos y desfilaba por la casa, primero con vestido de noche y después en trajes típicos y de baño. Los aplausos resonaban por doquier en mis oídos y yo imaginaba al cúmulo de personas que me veían y envidiaban mi belleza, sobre todo cuando me "ponían" la corona, que yo simulaba con un collar de cuentas.
Poco a poco el tiempo fue dejándome en claro que no, lo mío no era ser Miss Universo, un poco porque cuando crecí me parecían superficiales dichos concursos y otro poco porque mi estatura y mi físico no jugaban a mi favor.
En otras ocasiones, cuando niña, soñaba con ser bailarina, y corría por toda la casa sintiendo la emoción sublime de mover mi cuerpo al compás de la música, a veces clásica, a veces moderna.
Y sí, tenía aptitudes para el baile, pero las circunstancias de la vida me impidieron tomar ese camino porque no tuve las clases necesarias a la edad adecuada.
Cuando llegó hasta mí el primer maletín médico de juguete, también soñé (como casi todos los niños) con ser doctora, y curé a mis muñecas y hermanos de un sinnúmero de enfermedades imaginarias. Era buena, lo juro. Sin embargo, apenas vi aquellos enormes libros que se autorecetan los médicos durante sus muchos años de estudios, aborté la idea. Eso sí, los doctores siguen siendo personas a las que profeso una gran admiración porque, después de todo, se necesita un enorme amor a los demás para poder resistir una carrera que exige, como ninguna otra, desvelos, horas y horas de trabajo y mucha paciencia. (¡Salud y amor para ustedes, queridos Adán y Mónica!).
En la adolescencia me dio por soñar con ser líder guerrillera, capaz de cambiar las injusticias del mundo y darme toda, por entero, a favor de una causa. En aquel entonces leí todos los días libros que me hablaran sobre el tema, pero poco a poco fui entendiendo que no todos podemos ser líderes y que también puedo hacer un gran trabajo desde mi pequeña trinchera.
Hoy por hoy soy periodista, y no me arrepiento ni un minuto por la historia que me ha tocado protagonizar. Después de todo, también soñé alguna vez con ser reportera, y de las buenas, y me metí muchas veces debajo de la mesa, grabadora en mano, para captar todo aquello que fuera noticioso, y corrí a la máquina de escribir de juguete, que me regalara mi abuelita, para escribir un costal de historias. Por supuesto, el ejemplo de mi papá, el mejor periodista del mundo, tuvo mucho que ver en este sueño cumplido.
También me da gusto ser mamá, porque por supuesto que tuve mi etapa de "Susanita", en la que di de comer a mis muñecas y soñé con el esposo perfecto. La vida permitió cumplir esa ilusión.
Hoy, a mis 36, tengo un cofre lleno de muchos sueños más, que incluyen estudiar otros idiomas, entrar a una escuela de escritores, escribir y leer miles de libros, viajar por todo el mundo, bailar, casarme de nuevo y con el mismo hombre, regalarme a mis hijos y a mis padres y hermanos.
Pero ahora, a diferencia de antes, ya no pienso en la posibilidad de cumplir los sueños, me dejo ir, porque sé que la vida será sabia y me permitirá cumplir aquello que esté en mi mano cumplir. Lo demás, será simplemente un hermoso recuerdo.
Poco a poco el tiempo fue dejándome en claro que no, lo mío no era ser Miss Universo, un poco porque cuando crecí me parecían superficiales dichos concursos y otro poco porque mi estatura y mi físico no jugaban a mi favor.
En otras ocasiones, cuando niña, soñaba con ser bailarina, y corría por toda la casa sintiendo la emoción sublime de mover mi cuerpo al compás de la música, a veces clásica, a veces moderna.
Y sí, tenía aptitudes para el baile, pero las circunstancias de la vida me impidieron tomar ese camino porque no tuve las clases necesarias a la edad adecuada.
Cuando llegó hasta mí el primer maletín médico de juguete, también soñé (como casi todos los niños) con ser doctora, y curé a mis muñecas y hermanos de un sinnúmero de enfermedades imaginarias. Era buena, lo juro. Sin embargo, apenas vi aquellos enormes libros que se autorecetan los médicos durante sus muchos años de estudios, aborté la idea. Eso sí, los doctores siguen siendo personas a las que profeso una gran admiración porque, después de todo, se necesita un enorme amor a los demás para poder resistir una carrera que exige, como ninguna otra, desvelos, horas y horas de trabajo y mucha paciencia. (¡Salud y amor para ustedes, queridos Adán y Mónica!).
En la adolescencia me dio por soñar con ser líder guerrillera, capaz de cambiar las injusticias del mundo y darme toda, por entero, a favor de una causa. En aquel entonces leí todos los días libros que me hablaran sobre el tema, pero poco a poco fui entendiendo que no todos podemos ser líderes y que también puedo hacer un gran trabajo desde mi pequeña trinchera.
Hoy por hoy soy periodista, y no me arrepiento ni un minuto por la historia que me ha tocado protagonizar. Después de todo, también soñé alguna vez con ser reportera, y de las buenas, y me metí muchas veces debajo de la mesa, grabadora en mano, para captar todo aquello que fuera noticioso, y corrí a la máquina de escribir de juguete, que me regalara mi abuelita, para escribir un costal de historias. Por supuesto, el ejemplo de mi papá, el mejor periodista del mundo, tuvo mucho que ver en este sueño cumplido.
También me da gusto ser mamá, porque por supuesto que tuve mi etapa de "Susanita", en la que di de comer a mis muñecas y soñé con el esposo perfecto. La vida permitió cumplir esa ilusión.
Hoy, a mis 36, tengo un cofre lleno de muchos sueños más, que incluyen estudiar otros idiomas, entrar a una escuela de escritores, escribir y leer miles de libros, viajar por todo el mundo, bailar, casarme de nuevo y con el mismo hombre, regalarme a mis hijos y a mis padres y hermanos.
Pero ahora, a diferencia de antes, ya no pienso en la posibilidad de cumplir los sueños, me dejo ir, porque sé que la vida será sabia y me permitirá cumplir aquello que esté en mi mano cumplir. Lo demás, será simplemente un hermoso recuerdo.
martes, noviembre 14, 2006
La respuesta

Juan se paró en la puerta de entrada y, tal como lo esperaba, todos estaban ahí. En primera fila, su hermano Armando, su papá y su mamá, luciendo sus mejores sonrisas de bienvenida. En una esquina, estaba su amigo Martín, a quien había despedido hacía tantos años; por allá, su amigo Ramiro, y detrás de él, muchos, pero muchos rostros conocidos que poco a poco tendría que ir descubriendo.
Estaba a punto de dar los primeros pasos para empezar a saludar cuando una voz potente lo distrajo.
- Abuelo. Abuelo Juan. Ya no puedo más. Estoy en el límite de mis fuerzas.
- ¿Magdalena?- preguntó Juan, nervioso, tratando de encontrar entre la luz y la oscuridad el lugar del que provenía la voz de su nieta.
- ¿Pero qué haces, Juan? Entra de una vez que hay muchas cosas que te esperan aquí adentro- se oyó la voz de su madre que lo llamaba.
Juan echó una última mirada hacia afuera, pero al comprobar que la voz se había apagado, concluyó que no se trataba más que de un truco de su imaginación y decidió entrar.
A la primera que abrazó fue a su madre. Era un abrazo tierno, cálido, muy parecido a los que recibía cuando se sentía indefenso en sus días de infancia. Después, vino su padre, quien le pellizco las mejillas con el cariño de siempre. Poco a poco se fueron acercando su hermano, los primos y los amigos, todos con un gesto amoroso diseñado especialmente para él.
¡Era tan armónico el ambiente y tan parecido a las reuniones familiares que tanto le gustaban! Juan se sentía pleno, feliz, reconfortado.
No hacía frío ni calor, no sentía miedo ni la necesidad de quedar bien con nadie, sólo quería dejarse ir en medio de ese amoroso abrazo que le brindaban sus seres queridos.
De pronto, el cúmulo de personas que había ido a recibirlo fue dejando el paso libre, y detrás de ellos Juan pudo contemplar con plenitud el hermoso paisaje que se abría ante él. No se trataba de un escenario desconocido, de hecho, lo había dibujado, imaginado y soñado cientos de veces: una amplia pradera, con algunos declives por aquí y por allá, muchas flores de colores y un río a lo lejos.
-No se imaginan cúantas veces soñé con rodar en una pradera así, junto con mi hermano y mis amigos- pensó Juan en voz alta.
- ¡Y qué esperas para hacerlo?- le dijo su madre.
- Pero ¿cómo supieron que este era el paisaje de mis sueños?-, volvió a pensar Juan.
- Aquí todo se sabe, hijo. Pero ¡anda!
Juan comenzó a encaminarse a la pradera, donde ya lo esperaban su hermano Armando, así como Martín y Ramiro, los mejores amigos de su infancia.
- A la una, a las dos y a las tres- gritaron todos al unísono, y comenzaron a rodar por el pasto, mientras reían divertidos.
Después se organizó la pesca, y más tarde, Los Encantados, La Gallina Ciega, La Rueda de San Miguel y todos los juegos de la infancia que ahora volvían a concederle a Juan el placer de convertirse en un niño. También pudo recostarse en el regazo de su madre, pasear por la pradera con su padre, charlar largamente con su hermano y bañarse en el río con los amigos.
Estaba a punto de dar los primeros pasos para empezar a saludar cuando una voz potente lo distrajo.
- Abuelo. Abuelo Juan. Ya no puedo más. Estoy en el límite de mis fuerzas.
- ¿Magdalena?- preguntó Juan, nervioso, tratando de encontrar entre la luz y la oscuridad el lugar del que provenía la voz de su nieta.
- ¿Pero qué haces, Juan? Entra de una vez que hay muchas cosas que te esperan aquí adentro- se oyó la voz de su madre que lo llamaba.
Juan echó una última mirada hacia afuera, pero al comprobar que la voz se había apagado, concluyó que no se trataba más que de un truco de su imaginación y decidió entrar.
A la primera que abrazó fue a su madre. Era un abrazo tierno, cálido, muy parecido a los que recibía cuando se sentía indefenso en sus días de infancia. Después, vino su padre, quien le pellizco las mejillas con el cariño de siempre. Poco a poco se fueron acercando su hermano, los primos y los amigos, todos con un gesto amoroso diseñado especialmente para él.
¡Era tan armónico el ambiente y tan parecido a las reuniones familiares que tanto le gustaban! Juan se sentía pleno, feliz, reconfortado.
No hacía frío ni calor, no sentía miedo ni la necesidad de quedar bien con nadie, sólo quería dejarse ir en medio de ese amoroso abrazo que le brindaban sus seres queridos.
De pronto, el cúmulo de personas que había ido a recibirlo fue dejando el paso libre, y detrás de ellos Juan pudo contemplar con plenitud el hermoso paisaje que se abría ante él. No se trataba de un escenario desconocido, de hecho, lo había dibujado, imaginado y soñado cientos de veces: una amplia pradera, con algunos declives por aquí y por allá, muchas flores de colores y un río a lo lejos.
-No se imaginan cúantas veces soñé con rodar en una pradera así, junto con mi hermano y mis amigos- pensó Juan en voz alta.
- ¡Y qué esperas para hacerlo?- le dijo su madre.
- Pero ¿cómo supieron que este era el paisaje de mis sueños?-, volvió a pensar Juan.
- Aquí todo se sabe, hijo. Pero ¡anda!
Juan comenzó a encaminarse a la pradera, donde ya lo esperaban su hermano Armando, así como Martín y Ramiro, los mejores amigos de su infancia.
- A la una, a las dos y a las tres- gritaron todos al unísono, y comenzaron a rodar por el pasto, mientras reían divertidos.
Después se organizó la pesca, y más tarde, Los Encantados, La Gallina Ciega, La Rueda de San Miguel y todos los juegos de la infancia que ahora volvían a concederle a Juan el placer de convertirse en un niño. También pudo recostarse en el regazo de su madre, pasear por la pradera con su padre, charlar largamente con su hermano y bañarse en el río con los amigos.
No había duda de que aquello era la plenitud en toda la extensión de la palabra.
Juan perdió la noción del tiempo. ¿Habían pasado horas, días o meses? Era fácil olvidarse de todo en medio de aquel paraíso. Sin embargo, de pronto, otra vez, la voz de Magdalena, fuerte y poderosa, llegó hasta él.
- ¿Abuelo? ¿Dónde estás, abuelo? De verdad ya no puedo más.
- ¿Princesa? Dime tú dónde estás que no te veo
Juan empezó a seguir, a ciegas, la voz de su nieta.
- ¿A dónde vas Juan?- le dijo su padre.
- Es mi nieta Magdalena, papá, me está llamando.
- No puedes verla, ni puedes ir a donde está ella, quédate aquí. Estará bien.
Juan trató de hacerle caso a su padre. Después de todo, hacía tiempo que había caído en la cuenta de que el viejo era un sabio. Sin embargo, la voz no cesaba.
- ¿Por qué te fuiste, abuelo? ¿Por qué me dejaste sola? Perdí el rumbo, ya no sé para donde ir, perdí esas alas que tú decías que Dios me había dado. Estoy desesperada, ¿qué voy a hacer? Ayúdame, por favor, abuelo- decía la nieta una y otra vez entre sollozos
Juan se sentía cada vez más angustiado y en busca de una salida que no aparecía por ningún lado.
- Hoy me dijo una señora que todos pagamos las deudas de generaciones pasadas. ¿Te quedaste con deudas pendientes, abuelo? Por favor, pídele perdón a Dios por ellas y ayúdame a salir de este laberinto.
- Pido perdón a Dios, princesa, si eso te devuelve la paz. De hecho, le pido a Dios con todo mi corazón que me deje salir de este paraíso para estar contigo, como antes- respondió Juan, a pesar de que estaba seguro que Magdalena no podía escucharlo.
Así, sin poder evitarlo, Juan empezó a llorar. Le pareció increíble. Hasta hacía unos momentos él pensaba que en aquel sitio no se sentía más que paz, felicidad y amor, pero la voz angustiada de su nieta lo había dotado nuevamente de lágrimas y de sensaciones de dolor.
- ¿Qué pasa, hijo? En este lugar no se llora- le dijo su padre mientras lo abrazaba cariñoso.
- Papá, sé que no puedo irme, pero necesito hablar con Magdalena. Es urgente, está desesperada y me llama una y otra vez.
- Está bien, hijo. En realidad no deberías, porque tu lugar esta aquí. La otra dimensión hace mucho que ya no te pertenece ni puedes hacer nada más en ella. Sin embargo, comprendo tu angustia, así que te diré lo que puedes hacer: Sólo te está permitido dirigirte a Magdalena una vez y a través de un sueño. Tienes que pensar muy bien en lo que quieres decirle, porque no puedes excederte de tres frases cortas y no tendrás otra oportunidad para comunicarte con ella aparte de ésta. Piensa bien y en cuanto estés listo, me avisas.
Juan se sentó en la pradera. ¡Sólo tres frases para reconfortar el corazón de su princesa! Lo pensó una y otra vez y cuando estuvo listo, llamó a su papá.
Aquella noche, Magdalena soñó con su abuelo Juan.
- Princesa, las respuestas están en tu corazón. Tienes que seguir. Yo estoy feliz.
Dichas las palabras, Juan volvió con el grupo que ya lo esperaba para ir de pesca nuevamente, y sólo oyó una vez más la voz de su nieta que esta vez le arrancó una sonrisa llena de amor y ternura.
- Gracias, abuelo. Lo entendí. Sigue en paz que no te defraudaré.
Juan perdió la noción del tiempo. ¿Habían pasado horas, días o meses? Era fácil olvidarse de todo en medio de aquel paraíso. Sin embargo, de pronto, otra vez, la voz de Magdalena, fuerte y poderosa, llegó hasta él.
- ¿Abuelo? ¿Dónde estás, abuelo? De verdad ya no puedo más.
- ¿Princesa? Dime tú dónde estás que no te veo
Juan empezó a seguir, a ciegas, la voz de su nieta.
- ¿A dónde vas Juan?- le dijo su padre.
- Es mi nieta Magdalena, papá, me está llamando.
- No puedes verla, ni puedes ir a donde está ella, quédate aquí. Estará bien.
Juan trató de hacerle caso a su padre. Después de todo, hacía tiempo que había caído en la cuenta de que el viejo era un sabio. Sin embargo, la voz no cesaba.
- ¿Por qué te fuiste, abuelo? ¿Por qué me dejaste sola? Perdí el rumbo, ya no sé para donde ir, perdí esas alas que tú decías que Dios me había dado. Estoy desesperada, ¿qué voy a hacer? Ayúdame, por favor, abuelo- decía la nieta una y otra vez entre sollozos
Juan se sentía cada vez más angustiado y en busca de una salida que no aparecía por ningún lado.
- Hoy me dijo una señora que todos pagamos las deudas de generaciones pasadas. ¿Te quedaste con deudas pendientes, abuelo? Por favor, pídele perdón a Dios por ellas y ayúdame a salir de este laberinto.
- Pido perdón a Dios, princesa, si eso te devuelve la paz. De hecho, le pido a Dios con todo mi corazón que me deje salir de este paraíso para estar contigo, como antes- respondió Juan, a pesar de que estaba seguro que Magdalena no podía escucharlo.
Así, sin poder evitarlo, Juan empezó a llorar. Le pareció increíble. Hasta hacía unos momentos él pensaba que en aquel sitio no se sentía más que paz, felicidad y amor, pero la voz angustiada de su nieta lo había dotado nuevamente de lágrimas y de sensaciones de dolor.
- ¿Qué pasa, hijo? En este lugar no se llora- le dijo su padre mientras lo abrazaba cariñoso.
- Papá, sé que no puedo irme, pero necesito hablar con Magdalena. Es urgente, está desesperada y me llama una y otra vez.
- Está bien, hijo. En realidad no deberías, porque tu lugar esta aquí. La otra dimensión hace mucho que ya no te pertenece ni puedes hacer nada más en ella. Sin embargo, comprendo tu angustia, así que te diré lo que puedes hacer: Sólo te está permitido dirigirte a Magdalena una vez y a través de un sueño. Tienes que pensar muy bien en lo que quieres decirle, porque no puedes excederte de tres frases cortas y no tendrás otra oportunidad para comunicarte con ella aparte de ésta. Piensa bien y en cuanto estés listo, me avisas.
Juan se sentó en la pradera. ¡Sólo tres frases para reconfortar el corazón de su princesa! Lo pensó una y otra vez y cuando estuvo listo, llamó a su papá.
Aquella noche, Magdalena soñó con su abuelo Juan.
- Princesa, las respuestas están en tu corazón. Tienes que seguir. Yo estoy feliz.
Dichas las palabras, Juan volvió con el grupo que ya lo esperaba para ir de pesca nuevamente, y sólo oyó una vez más la voz de su nieta que esta vez le arrancó una sonrisa llena de amor y ternura.
- Gracias, abuelo. Lo entendí. Sigue en paz que no te defraudaré.
domingo, noviembre 12, 2006
Tal como ocurrió
Resulta que Hércules, Blanca Nieves y Cuasimodo se encontraban una tarde tomando una copa.
Hércules comenta: "Todos dicen que soy el mortal más fuerte de la Tierra, pero no sé cómo pueda probarlo, esto siempre me ha preocupado."
Blanca Nieves le responde: "Tienes razón, a mí me pasa lo mismo, todos dicen que soy la mujer más bella del mundo pero... ¿Cómo saber si es verdad?"
Cuasimodo agrega: "Sí, todos dicen que soy la persona más fea y deforme del planeta."
De pronto, Blanca Nieves tiene una idea y dice: "Amigos, tengo la solución. Rezaremos esta noche a Dios pidiéndole que nos revele la verdad."
A la mañana siguiente se encuentran los tres en un restaurante para desayunar y Hércules dice: "He hablado con Dios y él me ha dicho que de verdad soy el hombre más fuerte del mundo."
Cuasimodo dice: "Yo también y me ha confirmado que soy la persona más fea y deforme del planeta."
Y Blanca Nieves pregunta furiosa: ¡¡¿¿Quién chingaos es Taydé del Río??!!
(Mi bella amiga Gaby me lo mandó. Claro, ella no sabía que éste es el real, je je je)
Hércules comenta: "Todos dicen que soy el mortal más fuerte de la Tierra, pero no sé cómo pueda probarlo, esto siempre me ha preocupado."
Blanca Nieves le responde: "Tienes razón, a mí me pasa lo mismo, todos dicen que soy la mujer más bella del mundo pero... ¿Cómo saber si es verdad?"
Cuasimodo agrega: "Sí, todos dicen que soy la persona más fea y deforme del planeta."
De pronto, Blanca Nieves tiene una idea y dice: "Amigos, tengo la solución. Rezaremos esta noche a Dios pidiéndole que nos revele la verdad."
A la mañana siguiente se encuentran los tres en un restaurante para desayunar y Hércules dice: "He hablado con Dios y él me ha dicho que de verdad soy el hombre más fuerte del mundo."
Cuasimodo dice: "Yo también y me ha confirmado que soy la persona más fea y deforme del planeta."
Y Blanca Nieves pregunta furiosa: ¡¡¿¿Quién chingaos es Taydé del Río??!!
(Mi bella amiga Gaby me lo mandó. Claro, ella no sabía que éste es el real, je je je)
Poema para alegrar a mis negritos

Hay un poema que me encanta. Lo declamaba mi papá desde que me acuerdo.
Mientras él lo decía, yo sentía como la piel se me iba poniendo de gallina y el corazón se me llenaba de muchas lagrimitas, y tenía ganas de abrazarme a mi papá fuerte, y no dejarlo que me soltara. Todavía hace unos meses, me tocó que lo dijera nuevamente para una emisión de radio y creo que todavía no me recupero del nudo en la garganta que me provocó.
Con estos versos acostumbro alegrarles la vida a mis negritos. Verán, hay días que les canto, hay días que les bailo y en otros más les digo poemas tan sólo para verlos sonreír.
Como hoy es dominguito y las musas se fueron de descanso, decidí compartirles estas bellas líneas, en homenaje a esos dos pequeñitos sin los cuales mi vida no tendría mucho sentido.
¡Va por ustedes, papitos!
Canción de cuna para dormir a un negrito
Emilio Ballagas
Dórmiti mi nengre, dórmiti ningrito.
Caimito y merengue, merengue y caimito.
Dómiti mi nengre, mi nengre bonito.
¡Diente de merengue, bemba de caimito!
Cuando tu sia glandi vá a sé bosiador...
Nengre de mi vida, nengre de mi amor...
(Mi chiviricoqui, chiviricocó...
¡Yo gualda pa ti taja de melón!)
Si no calla bemba y no limpia moco
Si no calla bemba y no limpia moco
le va' abrí la puetta a Visente e' loco.
Si no calla bemba, te va' da e' gran sutto.
Te va' a llevá e' loco dentre su macuto.
Ne la mata 'e güira te ñama sijú.
Ne la mata 'e güira te ñama sijú.
Condío en la puetta " etá e' tatajú...
Dórmiti mi nengre, cara 'e bosiador,
Dórmiti mi nengre, cara 'e bosiador,
nengre de mi vida, nengre de mi amor.
Mi chiviricoco,chiviricoquito.
Mi chiviricoco,chiviricoquito.
Caimito y merengue, merengue y caimito.
A'ora yo te acuetta 'la 'maca e papito
A'ora yo te acuetta 'la 'maca e papito
y te mese suave...Du'ce... depasito...
y mata la pugga y epanta moquito
pa que droma bien mi nengre bonito...
sábado, noviembre 11, 2006
Lo que el mundo debería ser...
Si yo fuera presidente, mi primer acto de gobierno tendría que ver con los niños. Mandaría a los ejércitos a cada casa, por más apartada que estuviera, para verificar que cada niño duerme calientito en una cama, come bien, tiene acceso a la escuela y a los servicios de salud, cuenta con ropa y techo dignos para vivir y tiene un espacio para muchos libros que lo lleven a mundos desconocidos y maravillosos.
Pediría que los soldados se cercioraran de que en cada hogar los pequeños reciben las dosis de ternura y respeto que necesitan, y que todas las madres les recuerdan a sus hijos, por lo menos una vez al día, que son seres maravillosos, llenos de luz, fuertes, independientes, capaces y hermosos.
Promulgaría mi primera ley: Todas las madres y padres están obligados a prepararse día tras día para desempeña r su papel. Nada de improvisaciones. Todos deberán leer libros que se repartirán de manera gratuita sobre educación, psicología y nutrición. Además, deberán decir te amo a cada uno de sus hijos, desde el fondo de sus corazones y por lo menos dos veces al día.
Después obligaría a la policía a recoger a cada delincuente que ha golpeado a un niño, a los que los torturan y a los que abusan de ellos.
No tendría ni un minuto de piedad con los pederastas, porque no hay ningún argumento capaz de justificar que la vida de un pequeño se torne una pesadilla por causa de las pasiones retorcidas de un adulto.
Antes de que una madre tuviera a un hijo, tendría que pasar por pruebas psicológicas que determinaran que está capacitada para cuidarlo y asumir una responsabilidad que dura años.
La cosa es que no soy presidente y por ahora las posibidades de serlo no existen para mí. Tan sólo me entristece porque nada de esto en lo que creo se puede llevar a cabo.
Sin embargo, sigo pensando que los gobiernos y las sociedades deberían tener en claro que son los niños el futuro del mundo. Que ellos serán los adultos del mañana y que protegerlos no es una tarea menor. Por el contrario, debería ser la prioridad en cada ciudad, pueblo, país. La reflexión es sencilla: Una gota de violencia o de amor, se transformarán en unos años en las dosis de amor y violencia que inundarán las calles del mañana.
¿Qué es exactamente lo que queremos para este mundo?
Pediría que los soldados se cercioraran de que en cada hogar los pequeños reciben las dosis de ternura y respeto que necesitan, y que todas las madres les recuerdan a sus hijos, por lo menos una vez al día, que son seres maravillosos, llenos de luz, fuertes, independientes, capaces y hermosos.
Promulgaría mi primera ley: Todas las madres y padres están obligados a prepararse día tras día para desempeña r su papel. Nada de improvisaciones. Todos deberán leer libros que se repartirán de manera gratuita sobre educación, psicología y nutrición. Además, deberán decir te amo a cada uno de sus hijos, desde el fondo de sus corazones y por lo menos dos veces al día.
Después obligaría a la policía a recoger a cada delincuente que ha golpeado a un niño, a los que los torturan y a los que abusan de ellos.
No tendría ni un minuto de piedad con los pederastas, porque no hay ningún argumento capaz de justificar que la vida de un pequeño se torne una pesadilla por causa de las pasiones retorcidas de un adulto.
Antes de que una madre tuviera a un hijo, tendría que pasar por pruebas psicológicas que determinaran que está capacitada para cuidarlo y asumir una responsabilidad que dura años.
La cosa es que no soy presidente y por ahora las posibidades de serlo no existen para mí. Tan sólo me entristece porque nada de esto en lo que creo se puede llevar a cabo.
Sin embargo, sigo pensando que los gobiernos y las sociedades deberían tener en claro que son los niños el futuro del mundo. Que ellos serán los adultos del mañana y que protegerlos no es una tarea menor. Por el contrario, debería ser la prioridad en cada ciudad, pueblo, país. La reflexión es sencilla: Una gota de violencia o de amor, se transformarán en unos años en las dosis de amor y violencia que inundarán las calles del mañana.
¿Qué es exactamente lo que queremos para este mundo?
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