martes, febrero 20, 2007

Un vicio llamado blog


Bueno, recordarán los amigos de este espacio que hace un par de entregas escribí sobre los workaholic y mencioné, de pasada, que un artículo de Wikipedia consideraba que entre quienes sufrían este trastorno se encontraban los adictos al blog.
Fue entonces que en los comentarios la bella Ferípula me sugirió escribir sobre este tema y de inmediato mi cerebro empezó a buscar la hebra de la madeja para poder abordar el asunto de una manera medianamente inteligente.
De inmediato me dirigí a Wikipedia, segura de que la definición del neologismo blogger no estaría disponible más que en un espacio como éste.
Pues bien, lo primero que encontré es una obviedad: blogger, o bloggero, como le decimos en español, es aquel que sostiene un weblog.
Sin embargo, una vez que di el correspondiente click a la palabra weblog, encontré cosas mucho más interesantes.
De entrada, claro, dice que un blog es un website generado por un usuario, con entradas estilo bitácora, con un orden cronológico invertido y que provee comentarios o noticias sobre un tema particular como puede ser comida, política, noticias locales o diarios personales (nótese lo limitado del asunto, porque si la definición fuera un poco más precisa tendría que hacer una larga lista de etcéteras, ya que éstos son sólo algunos de los muchísimos temas que se tratan en las diferentes páginas).
También se menciona la inclusión de fotografías, video y música como parte de los blog y se explica que la raíz del término proviene de la contracción de las palabras en inglés web y log.
Un poco más adelante, la enciclopedia virtual narra un poco de la historia del blog, a partir del año 1994, y menciona que es Justin Hall, un estudiante de la universidad estadounidense Swarthmore, uno de los precursores de este tipo de espacios.
En este punto, hubo un dato curioso que llamó mi atención como periodista. Wikipedia menciona que en los albores del blog la mayoría de quienes participaban en espacios de este tipo se llamaban a sí mismos periodistas o escribanos. Se me ocurrió que quizá no fuera que se autoproclamaran reporteros, sino que realmente eran profesionales de los medios que se habían sentido cautivados, como yo, por la posibilidad de tener un espacio propio, donde no hubiera limitaciones en cuanto a líneas editoriales.
Por otro lado, pensé que en caso de que los primeros bloggeros no fueran periodistas profesionales, de cualquier manera merecían llamarse así, por ser cronistas de su tiempo como lo son ahora muchos de los que participan en este tipo de ejercicio.
En fin, el caso es que me leí la definición completa, que incluía el desarrollo del blog, pero no encontré ninguna explicación para abordar el tema de la adicción a este tipo de espacios, así que, para no variar, la única forma que hallé para explicar el asunto es mi propia experiencia.
Mi primer contacto con los blog data un par de años atrás y se lo debo a Pablo, un ex alumno que abrió una página para publicar su poesía, y a mi hermano Grimalkin el Bardo, quien instaló su Región 440 tiempo ha; sin embargo, en aquellos entonces, si bien atendí la invitación para asistir a las dos páginas, no me volví fanática del tema.
Fue hasta el año pasado, después de que salí de mi último trabajo de planta, cuando empecé a entrar nuevamente a Región 440. Las primeras veces, y como suele pasarme, me quedé cautivada con el estilo narrativo de mi hermano y a ello atribuí que poco a poco se me fuera haciendo el vicio de entrar sistemáticamente a su página. Después me enteré que también podía entrar a leer lo que escribía mi cuñada, Gaby del Río y el interés creció.
De pronto, descubrí que ya se me había convertido en una blogadicta, porque noche a noche prendía con desesperación la computadora, sólo para verificar si Gaby o Grimalkin habían publicado un texto nuevo.
Así, un buen día, decidí apretar el botoncito que decía Blogger, sólo por la curiosidad de ver cómo era que se abría un espacio de este tipo. Y la curiosidad mató al gato, dice el dicho, así que cuando me di cuenta, ya había abierto Zona Infinita.
Les confieso que de entrada me dio un poco de miedo, porque siempre he sido un tanto indisciplinada para escribir. Pero por otro lado me dije, “este puede ser el motivo que te haga sentarte frente a la computadora sistemáticamente y obligarte a seguir desarrollando el oficio”.
Alguna vez el director de un afamado periódico mexicano me dijo que un estudiante había llegado hasta él pidiéndole que lo dejara escribir. La respuesta del director fue: “¿Quieres escribir? Pues escribe”. Y lo primero que pensé era que mi blog me daría la posibilidad de seguir esta receta. Creo que hasta ahora no me he equivocado y en ese sentido me ha sido de gran utilidad este espacio.
Lo que sí nunca pensé fue que hubiera alguien interesado en leer mis experimentos, y eso ha sido todo un descubrimiento para mí, pues hasta antes de Zona Infinita yo había publicado textos en periódicos y revistas para lectores que yo imaginaba que existían pero que casi nunca respondían a mis escritos.
Sin embargo, no ha sido acumular lectores, sino el deseo de escribir lo que me ha hecho adicta al blog. Además, descubrí un placer del que Grimalkin me había hablado y que he experimentado en carne propia: Una página personal nos da la posibilidad no sólo de hacer un texto sin límite de temas o espacios, sino que podemos editarla, ponerle fotos y agregar todo aquello con que a uno le gustaría aderezarla. Es como tener un periódico o una revista hecha a la medida y eso para mí siempre será un motivo de gozo.
Pero no sólo eso, ahora he desarrollado un vicio alterno, que es el de entrar casi cada noche a recorrer blogs que he ido descubriendo y me gustan por diferentes motivos. Por supuesto, el paseo nocturno inicia siempre con Región 440, bajo la impecable batuta de Grimalkin, Los Textos de Gaby del Río y la página de mi pequeño Ghost Boy, a quien le sigo la pista paso a paso.
Después, una visita que se me ha vuelto placenteramente obligada es al espacio del Fantasma de la Libertad, que siempre me cimbra con la manufactura impecable de sus textos y la profundidad de sus análisis; me doy una vuelta con mi amiga Ilne, y su visión siempre artística de las cosas y visitó más tarde a Isaura, que me asombra por esa mezcla de profundidad y buen humor con que dota a sus textos.
El recorrido prosigue con Boris, y su defensa férrea y sensible de los derechos humanos, me cargo de buenas vibraciones y de energía femenina en los blogs de Feri, Palita y Norka, le doy su visita a mi querida Apologista, y su estilo joven e inteligente de escribir, paso por Tertulias Bohemias para seguir el rumbo de cada texto, y voy descubriendo nuevos espacios que me gustan como los de Gustavo, Carlos, Diego y Cápsula del Tiempo, entre muchos otros.
El caso es que, hoy por hoy, no sé si es escribir o leer lo que me ha recrudecido la adicción por los blogs, pero la tengo.
Lo noto porque después de cenar, cuando ya se fueron mis hijos a dormir y mi esposo disfruta del ratito de silencio que priva en la casa leyendo o viendo la televisión, yo corro a la máquina, cafesito en mano, dispuesta a leer, y a veces a escribir. El caso es que no me puedo ir a la cama sin haber pasado aunque sea un rato conectada al blog.
La verdad es que empiezo a pensar que si sigo así, seré la precursora del primer grupo “blogadictos anónimos” porque me he dado cuenta que cuando estoy paseando por la bloggosfera o inyectando mi Zona Infinita con otros textos, entro en un estado de concentración tal que no me doy cuenta del paso de las horas ni de si explota una bomba a mi lado.
Si eso es ser workaholic, como dice Wikipedia, me confieso culpable.
¿Qué dicen ustedes?

sábado, febrero 17, 2007

El alumbramiento

Abres los ojos por la mañana. Un breve calambre en el vientre te despierta. Aun no puedes identificar si se trata de una contracción. Después de todo, este es tu primer parto.
Decides tomártelo con calma, nueve meses de espera han fortalecido tu capacidad de ser paciente, así que te recuestas nuevamente en la cama, un tanto inquieta, eso sí, porque adivinas que ese puede ser EL día.
Una hora después el dolor se repite, un poco más agudo, un poco más prolongado, lo suficiente para que puedas decirte a ti misma que el proceso ha comenzado.
El doctor te dice que te lo tomes con calma, eres primeriza y tu cuerpo tardará en abrirse por la falta de costumbre en este tipo de menesteres, así que tratas de controlar tus nervios y los de tu esposo y sin prisas empiezas a verificar que todo está listo: la maleta con las pequeñas prendas de vestir, tu ropa para el hospital e incluso una sonaja de plata porque piensas que tu pequeño tendrá deseos de divertirse en sus primeras horas en el mundo.
“Es curioso”, le dices a la personita que pugna por salir de tu vientre, “¿recuerdas que ayer te decía que teníamos que ser fuertes y hábiles, y que debíamos lograr que esto del parto nos saliera bien por aquello de no darle dolores de cabeza a papá? Y mira, ya estamos aquí. No te olvides de lo que te dije, ¿de acuerdo?”.
En medio del baño, nuevamente el dolor te asalta y esta vez te toma por sorpresa, porque ocurrió 45 minutos después del anterior.
Cada vez las contracciones son más claras, así que cuando te da la siguiente tienes que apoyarte en la pared y ensayar las respiraciones que aprendiste para controlar el dolor. La verdad es que no te sirven de mucho, pero al menos te brindan serenidad.
Las horas siguientes las pasas escuchando música suave, la cual te distrae de los dolores que se suceden en lapsos de tiempo cada vez más cortos. No estás sola. A tu lado está una mano fuerte que te apoya, la de aquel que sembró en ti la semilla que hoy dará su fruto. La del amigo que te acompañó paso a paso en todo el proceso de crecimiento de tu hijo. La de tu pareja, a quien tu bebé llamará papá cuando diga sus primeras palabras.
Mientras esperas, tu mente repite las mismas preguntas que te han rondado los últimos meses, ¿Cómo será mi hijo? ¿Cuál será su rostro? ¿Qué verá en mí cuando nuestros ojos se crucen por primera vez? ¿Seré una buena madre?
También piensas en cuánto vas a extrañarlo luego de este día. Después de todo, durante nueve meses fue tu compañero, asistió contigo al trabajo, a conciertos y a reuniones con los amigos. Bailaste con él, le cantaste, le narraste durante muchos días cada uno de los pasos que ibas a dar, le inventaste cuentos y le repetiste hasta el cansancio el amor que estaba creciendo en ti.
Sin embargo, entiendes que ésta es la primera lección de tu vida como mamá. No puedes atarte a tu hijo, y tu vida con él estará llena de constantes separaciones. Cuando decidiste asumir este rol, sabías que tu papel sería construir sus alas para dejarlo volar algún día y éste, al fin y al cabo, es su primer intento de vuelo.
Te instalas en tu cuarto de hospital. Para entonces los dolores son casi insoportables, y se suceden en lapsos de cinco minutos entre uno y otro, pero decides resistir con estoicismo cuando aquellos que te acompañan te platican, sorprendidos, que apenas unos segundos antes de que sientas la contracción, tu vientre ondea, y se nota claramente como tu hijo está haciendo esfuerzos con todo el cuerpo por abrir el canal que le permita salir al mundo.
¿Cómo vas a acobardarte ahora si él está en medio de esa lucha?
Una vez que llegas a la sala de expulsión el dolor se ha vuelto intolerable. Te sujetas al brazo del doctor, del anestesista, del que se acerque. Tienes ganas de morder, de gritar. Pides sedantes y te los inyectan en la espalda; sin embargo, no sientes alivio.
De pronto, notas que un líquido sale por en medio de tus piernas. Te avergüenzas un poco porque a pesar de lo natural del asunto, te das cuenta que hay timideces heredadas de muchas generaciones atrás que han dejado huella en ti.
El doctor grita que ya viene tu hijo. Notas que hay movimiento de todos los que te rodean para cuidar que el alumbramiento salga bien, pero aun así no tienes ni tiempo de detenerte a pensar en lo que está pasando, porque en ese momento unas ganas imperiosas de pujar te asaltan. Te reprimes, te sientes extraña, pero el médico se da cuenta y te indica que pujes con todas tus fuerzas.
Ha llegado el momento, te dices. “Ahora ya no puedo echarme para atrás. Todo depende de la fuerza de mi cuerpo y del de mi hijo, y aun cuando hay tantas personas alrededor, el mundo se ha detenido y sólo depende de nosotros”.
Pujas con todas tus fuerzas, una y otra vez, rogándole a tu pequeño que no detenga la lucha, que siga adelante junto contigo, que tú estás con él tanto como lo estarás en cada paso de su vida.
“¡Ya viene la cabeza!”, oyes decir al doctor. Pero lo escuchas como si hablara a lo lejos. En ese momento, tú sólo estás concentrada en la sensación de que algo, el cuerpo de tu hijo, va transitando poco a poco por el canal que se ha abierto en tus entrañas.
Apenas unos segundos después oyes su llanto. Lo oye también el papá, que en ese preciso instante deja caer una lágrima.
Te habías prometido que no preguntarías si había llegado bien, porque decidiste que lo amarías naciera como naciera. Sin embargo, no puedes evitarlo y lo haces. El doctor responde que está perfecto.
Y sí, te das cuenta que es perfecto cuando lo acercan a tus ojos un poco más tarde. Está lleno de la sangre que quedó después de la batalla, pero crees percibir una ligera sonrisa en sus delicados labios. Te asombras de su belleza, de sus piecitos, sus manitas, de su pequeña nariz, de sus orejitas, y te sientes agradecida por el bello milagro de la vida.
No, no sientes ese instinto maternal instantáneo que habías visto mitificado en tantos y tantos libros y películas. Eso sí, te das cuenta que esa personita que tienes enfrente es tu hijo, te dices que habrá que irlo conociendo poco a poco y estás segura de que será esa interrelación la que fortalecerá tu amor, porque imaginas que será difícil no adorarlo.
Le tomas una manita, y él toma la tuya. En medio del silencio sublime que acompaña a ese gesto, descubres que ambos se están diciendo ¡lo hicimos!, y entonces, inevitablemente, rompes a llorar.









jueves, febrero 15, 2007

¿Workaholic yo?


Verán, hace un par de días llegó a mi casa el último número de la revista Cinemanía, que es en la que escribe mi esposo. (Dejo el link para los curiosos que quieran conocer uno de sus últimos textos http://www.cinemania.com.mx/comic.php).
El caso es que en la citada publicación venía un interesante artículo escrito por la editora de la revista, Jacqueline Waisser, acerca de la película En busca de la felicidad.
Sin embargo, lo que llamó mi atención no fue el análisis que la autora hacía sobre el filme en cuestión (muy completo, por cierto), sino una frase muy interesante: "Dejemos de lado la hipocresía. A todos nos gusta el dinero por la tranquilidad, bienestar y placer que ofrece. ¿Pero de verdad es la única vía para tener una vida satisfactoria? Insisto en el punto porque el mensaje de En busca de la Felicidad es claro y contundente: no hay otra manera. ¿A dónde deja esto a todas las millones de personas que no gozan de afluencia? ¿Estamos todos los pobres diablos, que de por sí trabajamos más horas que el ciudadano promedio de una generación anterior (y por menos sueldo), condenados a sufrir hasta el final de nuestros días? ¿La falta de efectivo en sinónimo de miseria?"
Inmediatamente después de leerlo, pensé en la adicción al trabajo, esa manía de nuestros días que nos quieren vender como sinónimo de éxito.
Alguna vez, publiqué este tema en un periódico, era un servicio de una agencia informativa que estaba tratado con ligereza, incluso un poco en broma, casi era un guiño hacia los que se ha dado en llamar, muy pomposamente, workaholic. Se trataba de un test para una sección cargada de frivolidad, en la que la intención era definir si uno era o no adicto al trabajo, e incluía preguntas muy obvias como ¿Te llevas el trabajo a casa? ¿No puedes hablar de otra cosa que no sea trabajo? ¿Eres el primero que llega y el último que se va de la oficina?
Pero después de leer a Waisser recordé a un ex compañero que el año pasado me comentó que había conocido a un ejecutivo exitoso, el cual, como rutina diaria, se levantaba a las seis de la mañana, se iba al gimnasio, llegaba a las 9:00 de la mañana a la oficina, salía a las 10:00, 11:00 de la noche de su empresa y hasta entonces regresaba a casa.
Mientras mi ex compañero hablaba feliz de que el ejecutivo en cuestión era exitoso gracias a ese tipo de disciplina, y le brillaban los ojitos de felicidad porque su vida era muy parecida y eso era sinónimo de que se encaminaba a la cima, yo no podía dejar de sentir pena por mí misma, que por esos entonces trabajaba 16 horas diarias, sin poder compartir con mi familia más que unos cuantos momentos los fines de semana y sin poder tener otra distracción que no fuera el trabajo.
Pensaba también en el ejecutivo y me preguntaba si ser un workaholic lo había hecho feliz, si en casa lo recibían con los brazos abiertos, si pensaba que en su vejez alguien, de todas esas personas a las que no había atendido porque primero estuvo su trabajo, lo acompañaría con cariño. Porque yo me estaba preguntando en ese momento si era yo, mi ex compañero o el mundo el que estaba mal.
También recordé el libro Momo, de Michael Ende, y a los hombres grises, aquellos que poco a poco iban provocando que la gente entrara en un torbellino de prisa, de trabajo, en el que no cupiera nada más, ni diversión, ni esparcimiento, ni cariño, ni nada. Me pregunté si esos hombres grises no eran los que se habían colado en el mundo actual para hacernos creer que trabajar 16 horas diarias era el camino al éxito.
El caso es que, por razones que ya no vale la pena citar, salí del infierno aquel. Y entonces, me reencontré con mi vida otra vez, con mi esposo y mis hijos, con los espacios para la diversión y la creatividad, y me di cuenta que para mí es preferible vivir, en la más amplia extensión de la palabra, que tener esa adicción al trabajo que me quieren vender como éxito.
De hecho, me dirigí a internet a buscar el significado del terminajo workaholic, y el descubrimiento me dio a entender que no estaba mal al resistirme a ser una adicta al trabajo.
Según Wikipedia, esta adicción no es más que un desorden obsesivo/compulsivo que hace creer a las personas que si no trabajan 24 horas diarias su mundo va a colapsar. Dice también que el adicto al trabajo no necesariamente ama lo que hace sino que cree que nadie puede hacer las cosas como él.
(Dato curioso, la enciclopedia virtual afirma que un adicto al blogger también es un workaholic... ¡Gulp!, tendré que revisar ese aspecto de mi vida).
Obviamente, el artículo de Wikipedia menciona que este trastorno hace que la vida social y familiar del adicto al trabajo vaya en detrimento e incluso lo puede convertir en una persona potencialmente violenta con los demás, debido al cansancio y al estrés.
Como siempre, creo yo, este trastorno no puede atribuírsele en exclusiva al individuo que lo sufre, sino a una sociedad que nos quiere hacer creer que debemos ser exitosos, que el éxito es igual a mucho dinero, que el mucho dinero se obtiene con mucho trabajo, y que si no tenemos una vida con mucho dinero y un trabajo en el que nos deslomemos como burros, somos unos perdedores.
Yo, la verdad, no cambio una sonrisa de mis hijos, una plática con mi marido, la lectura de un buen libro o la posibilidad de descansar un rato por todo el dinero del mundo. Si eso me convierte en una perderora, asumo el riesgo.
¿Qué opinan ustedes?

miércoles, febrero 14, 2007

Media tarde del 14



Decidí bajar este tema porque lo estaba oyendo y pensé lo que pienso siempre: si John Lennon nos hubiera conocido a mi marido y a mí nos lo hubiera compuesto a nosotros. ¿Será que tuvo una premonición?
En fin, "volvamos a empezar, Ovivi"

Del Amor III (y ya estuvo)



Por fin llegó el Día del Amor.
Siempre que se acerca, yo caigo en la misma reflexión de las almas rebeldes. Ya saben: ¿Por qué celebrar un sólo día si el amor debería celebrarse todo el año?
Sin embargo, llega el 14 de febrero y, como suele pasarme con fechas similares, me resulta casi imposible sustraerme al ambiente que priva en todos lados, así que acabó comprando una tarjetita y chocolates para mi esposo, llenando de corazoncitos rojos los espacios donde puedo dejar huella y felicitando a los amigos aquí y allá. Después de todo soy una romántica sin remedio
Este año decidí que no voy a oponer resistencia. Si el Día del Amor y la Amistad llegó, también llegó para mí.
Todavía me niego a dedicar cancioncillas como Amar y Querer, pero esto tiene que ver más con que no entiendo la frase aquella de "es que amar y querer no es igual, amar es sufrir, querer es gozar" y tampoco pienso comprar un globo metálico ni una rosa de plástico, porque no acabo de encontrales el chiste.
Sin embargo, para ponernos cursis un ratito, que también se vale, quiero dejarles esta canción de Mecano, que me hacía suspirar en la primera parte de mi juventud, que ya compartí cientos de veces con mi marido y que además es muy romanticona.
Yo pensaba bajar para todos ustedes "Yo no Te Pido", de Pablo Milanés, pero ya saben que uno propone e internet dispone.
Yo se la dedico, por supuesto, a mi gran amor, Olivier con mensajito especial para el día: "Eres mi tesoro. Lo sabes. Te amo mucho más de lo que soy capaz de expresar".
También la dejó aquí con un recuerdo especial para grandes amigos como Gaby, Lorena, Carmen, Jorge, Luis Leonel, Saúl, Lizbik, Valeria, Marko, Claudia que me han enseñado que la amistad perdura más allá de los tiempos y los espacios y que tiene mucho que ver con el amor. Por supuesto, también lleva dedicatoria para todos los amigos bloggeros que me han enseñado una nueva forma de amistad, totalmente virtual, pero al mismo tiempo muy real.
A todos, mi cariño y como dice la canción que nunca pudo llegar a estar aquí:

"Yo no te pido que me bajes una estrella azul
sólo te pido que mi espacio llenes con tu luz".

martes, febrero 13, 2007

Del Amor II

Decía un viejo y querido amigo que la fidelidad es algo que sólo deben tener los aparatos de sonido. Y yo, que quise girar nuevamente en torno al amor, pensé, que sería buena idea hablar de este tema en esta primera quincena de febrero.
Inmediatamente, sin embargo, me asaltaron una serie de temores. Después de todo, este asunto es espinoso, y es difícil defenderlo y exponerlo a debate público. Mucho más aún: En el debate sobre la fidelidad es imposible pretender que uno tiene la razón.
Por ello, decidí que sí, que era buena idea hablar del tema, pero haciendo la aclaración primera de que no quiero vender mi propio sentir a nadie, que respeto a todos y que no es la idea de este texto exponer verdades absolutas, entre otras cosas porque no las hay.
En todo caso, trataré de exponer mi muy personal punto de vista acerca de un tema muy, muy amplio y difícil de definir.
De entrada, aclaro también que soy incapaz de tirar la primera piedra puesto que no estoy libre de culpa. En mis primeros años de juventud fui infiel y tuve que vérmelas con un infiel.
En fin, mientras pensaba en la fidelidad, recordé el libro El Mono Desnudo, de Desmond Morris, donde el autor explica que el género humano evolucionó en la línea los primates pero con algunas modificaciones propias de los animales carnívoros. Bajo la luz de esta premisa explica que en algún momento de su historia el hombre (entiéndase como género) abandonó los hábitos del primate de saltar de rama en rama para aparearse con cualquier hembra de su especie y adoptó los del animal carnívoro, que son monógamos y muy parecidos a la familia humana.
Viéndolo a la luz de esta teoría quedaría muy bien explicado el tema de la fidelidad/infidelidad humana. Tan simple como que cuando somos infieles, estamos respondiendo a nuestra esencia primate y cuando somos fieles estamos respondiendo a nuestra esencia carnívora. Fin de la discusión, todos estamos bien, fieles e infieles y listo.
El problema es que en los hechos, el asunto va mucho más allá. La cuestión de la fidelidad se ha convertido en motivo de debates teológicos, psicológicos, morales y una serie de etcéteras tan amplia como la diversidad misma del pensamiento humano.
Yo (y aquí es importante recalcar el yo) pienso lo siguiente. El nudo gordiano estriba en el tipo de acuerdos de pareja que establecemos. Es decir, YO no creo que la obligatoriedad de ser fieles deba aplicar para todo el mundo. Pero si me parece que cuando en una pareja se establece libremente el compromiso de ser fiel, éste debería ser cumplido mientras la relación dure.
Conozco parejas que establecen desde el principio que cada integrante puede relacionarse con todas las personas que quiera. Muy válido y muy respetable y seguramente nadie puede quejarse de que el otro le es infiel.
Ahora, muchos infieles se defienden bajo el argumento de que “el amor acaba”. DESDE MI PUNTO DE VISTA no hay verdad más absoluta que ésta. El amor no es eterno, y comprometerse a ser fiel no es lo mismo que prometer que uno estará en una relación para siempre.
Lo que A MI me molesta un poco de la infidelidad es la cuestión del engaño. Es decir, supongamos que yo estoy en una pareja y soy fiel porque así lo decido y porque creo que es parte del compromiso al que llegué con la otra persona, pero el otro, sin avisarme que cambió los planes, decide engañarme. Creo que merecería enterarme del rumbo que tomaron las cosas para tomar las decisiones de si me quedo con las nuevas reglas del juego o ejerzo mi libertad y me voy de ahí.
Porque quizá existan personas para las que no sea importante, pero es posible que yo haya establecido el compromiso de ser fiel y le pedí a la otra persona que lo fuera porque es importante para mí.
YO he pensado que si algún día llego a sentir que mi amor acabó, y caigo en cuenta de este hecho porque hubo algún hombre me hizo ver estrellitas por medio de una conversación, una sonrisa o una mirada, lo ideal será que reflexione bien, y si decido que quiero iniciar una nueva relación, hable primero con mi pareja, le haga saber que ya no quiero seguir con él, me aleje de su lado, ejerciendo la libertad que siempre he tenido, y a otra cosa mariposa.
Claro, entiendo que es diferente la teoría a la realidad, “que del plato a la boca se cae la sopa” y que las oportunidades de ser infiel se presentan a cada minuto para todos, incluso para los que pretendemos ser fieles.
El tema como verán es amplio, pero más que venderles la verdad, quería conocer sus opiniones, siempre enriquecedoras, y compartirles la mía, aclarando nuevamente que es mía y punto. La base de este texto es el respeto a todos, los que estén a favor y los que estén en contra.

En lo que espero sus comentarios, y en vista de que en estos días estoy en mi lado romántico, dejo un mensaje para Ovivi, mi pollito loco. Es algo que ya habíamos hablado, pero que es bueno recordar en ocasión de esta fecha y de este tema:


“Quiero que sepas una cosa. Estoy aquí porque así lo quiero. Yo sé que tengo mi libertad y mi independencia como el primer día, y la puerta está siempre abierta para mí. Pero después de 11 años no puedo evitarlo, aún despierto cada mañana con la sensación de que es un milagro que estés a mi lado. Todavía tengo la necesidad de contarte todo lo que siento, y después de las varias tormentas que nos han azotado, cada día siento que es más seguro estar instalada en tu puerto que en cualquier otra zona del universo.
Estoy aquí porque así lo he decidido, y porque todavía no se me acaban las caricias, ni los besos, ni las palabrillas cursis ni el deseo de oler tu cabello y mirar tus ojos.
Pero quiero que sepas algo aún más importante. No quiero que estés aquí cuando no lo desees. Recuerda siempre (aunque creo que nunca lo has olvidado) que la puerta está también abierta para ti, que no hay papeles, hijos, ni compromisos que nos unan para siempre. No hay nada más allá de este amor que nos proponemos alimentar cada día y a cada instante.
Y ahora sí, con este infinito que nos da el saber que somos libres, puedo decirte otra vez, te amo. Y el amor es creciente, porque ahora existen muchas más razones, muchos más espacios compartidos, mucho más deseo y mucho más de ti en mí y de mí en ti.
¿Qué si nos amaremos mañana? No lo sé. ¿Acaso vale la pena perder el tiempo en conjeturas? Pero sé que estás aquí, el día de hoy, y eso me convierte en la mujer más afortunada del mundo”.

domingo, febrero 11, 2007

Zona Peque

Para los amigos que deseen acompañarlo, sólo quiero anunciarles que mi primogénito acaba de abrir su propio blog, llamado Zona Peque. Lo encuentran aquí, en mis links, por si desean visitarlo. ¡Suerte, hijito!

De amor I

Verán, ahora que se acerca el tan llevado y traído Día del Amor, pensé en escribir un relato.
Le dí vuelta a muchos de los tipos de amor posible, y al final me salió este texto triste. Tal vez es que esta imagen llevaba tiempo rondando en mi cabeza o tal vez es que de pronto me da por escribir triste.
Una disculpa por la melancolía...

EL TRATO

Sí, soy yo. Sé que no esperabas esta visita y tal vez no la deseabas, pero estoy aquí. Tú y yo teníamos un trato y vengo a que lo cumplas.
No, no ¡Déjame hablar, por favor!
Me traje todas mis cosas ¿lo ves? Aquí están mis cajas de libros y en esta bolsa vieja está la poquita ropa que tengo. Incluso me traje el suéter verde ¿lo recuerdas? Es ése que me tejiste para las noches de frío.
Pero ¿qué te digo a ti? Tú no ignoras lo que tengo, tú lo has sabido todo desde siempre.
Recuerdo cuando te conocí, en aquel viejo parque, al lado del organillero que tocaba “Amor Indio”. ¡Lucías tan hermosa en tu vestido de flores azules! Era difícil distinguirte en medio de los extensos jardines. Tu cabello negrísimo flotaba con el ritmo del viento y tus ojos profundos, que me miraron casi en un descuido, me dijeron que tú ya me conocías desde siempre, quizá de otras vidas.
Te lo he dicho muchas veces, pero estoy dispuesto a repetirlo, nunca pude resistirme a tu embrujo.
También te traje mis manos, esas que siempre me alabaste porque las llamabas fuertes y varoniles. Míralas ahora, marchitas por el trabajo y por los años, pero plenas por todas las caricias que te di.
¿Te acuerdas del noviazgo, cuando salíamos a pasear tomados de la mano y con tu tía Leticia siguiéndonos de cerca? ¡Qué risa nos dio la vez que nos escapamos de su vista para darnos el primer beso de amor! ¿Lo recuerdas? ¡Dime que no has olvidado, por favor!
Hoy vinieron los hijos a verme. Supe que han estado aquí, contigo. Yo no les dije nada acerca de mis sentimientos, pero creo que algo adivinaron.
“Papá”, me dijeron muy serios, “tienes que cerrar el ciclo. Tienes que dejar ir a mamá”.
Yo ya estaba cocinando esta idea de venir e instalarme a tu lado, seguirte aunque tú no lo quisieras, obligarte, pues, a que cumplieras el trato. No quise contarles mi plan a los hijos, me hubieran tomado por loco.
Por cierto, te traje algunas de las cosas que se te quedaron en casa. Aquí está el bordado que dejaste a medias. En los primeros días de tu ausencia, traté de continuarlo, seguir tus puntadas, pero fue imposible, un poco porque las lágrimas me nublaban la vista, otro poco porque sabes que mis ojos están cansados y, para colmo, no sé bordar.
También te traje El Conde de Montecristo. ¿Cuántas veces lo leíste? ¿100? ¿Acaso mil? Creo que las letras empezaron a ponerse borrosas de tanto que las exprimieron tus hermosos ojos.
No hagas caso si la voz se me quiebra. Me pasa desde que te fuiste. No puedo completar dos frases cuando otra vez, el nudo en la garganta y esta sensación de no poder seguir, de querer huir de todos lados, de sentir la necesidad de que me dejen solo.
Todavía tengo fresco el día de nuestra boda. En la noche, cuando ya nadie nos veía, cuando el lecho nupcial estaba preparado para recibirnos con su blanca calidez, nos tomamos de las manos. ¿Recuerdas lo que nos dijimos entonces?
Prometimos que así como en ese momento estábamos unidos, jóvenes y fuertes, también lo estaríamos cuando llegara la vejez. Era un trato sellado el mismo día de nuestro matrimonio; era un trato que prometimos no romper.
Los dos soñamos muchas veces que cuando los hijos se fueran los dejaríamos partir, seguros de haberles dado lo necesario para encarar la vida, y entonces estaríamos juntos como antaño, como siempre, conversando, yendo al cine, paseando por las librerías para comprarnos pilas de títulos, viajando, charlando… ¡Cómo me gustaba oírte! Mirar como tu boca se movía delicadamente al paso de las palabras, escuchar tus conceptos, compartir contigo.
Cuando tú decías que me amabas, que yo era bueno y que no podías contar con más fiel compañero que yo, siempre sentí que te expresabas así porque eras un ángel y sentí inmerecidos tus elogios.
Porque lo he pensado ahora, tal vez no te dije todo lo que te amaba más veces al día, aun cuando te amo muchísimo más que en los primeros años, o quizá no te cuidé con mayor delicadeza y por eso te fuiste.
Aunque en realidad no entiendo ¿Por qué te fuiste?
Viéndolo bien, no quiero explicaciones.
Lo que sí quiero recordarte es que teníamos un trato. Todavía antes de venir, miré las dos mecedoras que habíamos comprado para cumplir el sueño de disfrutar juntos el estado de contemplación que nos regalaría la vejez. Ahí se quedaron, esperándonos.
Y de pronto tú decides dejarme, ¡después de 40 años! Quizá estabas harta de mis manías, de mis pantuflas regadas en las esquinas, de mi libro abandonado en cualquier parte, de mi toalla mojada sobre la cama.
No me importa. Si tú me disculpas, vine a ocupar un espacio aquí. Pienso poner mis pertenencias en este rincón, para que no estorben a nadie, y me voy a quedar junto a tu lápida, a ver pasar la vida, a contarte todas las cosas que me quedaron por decirte, a darte mi amor a ti, porque tengo mucho aún y tú eres la única que debe recibirlo, a regar las flores con mis lágrimas, a dejar que la tierra se haga una conmigo y a recordarte que teníamos un trato y, más allá de lo que hayas decidido, tienes que cumplirlo.

viernes, febrero 09, 2007

Tema sabrosón

Ayer me tocó ver un capítulo de Desperate Housewives que me hizo mucha gracia.
Antes de continuar, hago las aclaraciones pertinentes: a) Sí, veo Desperate Housewives, y lo que es peor, lo disfruto. b) No, no soy una esposa desesperada, sino una esposa cada vez más feliz con su matrimonio que gusta de ver la televisión un rato por la noche. c) Si, aunque parezca intrascendente, pienso escribir sobre el capítulo de ayer porque en este espacio se habla de todo. d) Fui reportera de espectáculos, así que a nadie debería sorprender una dosis de pensamiento hollywoodense en mí.
Vuelvo al tema, les decía que ayer reí a tambor batiente con Desperate Housewives y la causa se llama Bree.


Otra aclaración: Hago la recomendación de que aquí le corten todos aquellos que sientan que no están de humor, porque lo que viene tiene toques medio negros y ácidos, de esos que nos encantan a muchos y que explotan muy bien en la citada serie.
Verán, Bree es una mujer maniática, controladora, medio alcohólica, que vive preocupada por el qué dirán(mmm... ¿será que conozco gente así?). Es una socialité que viste bien, se peina bien, me imagino que hasta huele bien y se comporta como toda "buena mujercita", es decir, sabe atender a su familia y estar al tanto de los más mínimos detalles de su hogar.
Su obsesión por tener todo en orden raya en la neurosis, y ella no tiene más intereses en la vida que ser "perfecta".
En algunos puntos de la serie han desvelado las razones del comportamiento de Bree: Creció en un hogar donde su padre y su madrastra le establecieron que los parámetros para ser una mujer feliz eran tener la casa perfecta, con el esposo y los hijos perfectos, e incluso las vecinas y amigas perfectas. Es una víctima de un sistema de educación, pues.
Al inicio de la serie, la bella Bree estaba casada. Un buen día descubrió que su marido la engañaba, y como no toleraba la idea de destruir su mundo perfecto, en vez de divorciarse decidió provocarle celos a su media naranja y empezó a coquetear con el farmaceútico. Lo malo fue que el farmacéutico se emocionó, se encandiló con ella, y para quitar el molesto estorbo que representaba el marido, el boticario decidió envenenarlo con una sobredosis del medicamento que este último tomaba para el corazón.
En otra ocasión, el hijo de Bree le confesó que era homosexual, ¿y cómo iba a aceptar a un hijo "rarito" una madre perfecta como ella? Así que la maniática mujer se dedicó a hacerle la vida imposible a su vástago hasta que éste se vengó de ella acostándose con uno de sus amantes (de Bree, claro).
El caso es que, para no hacerles el cuento largo, ayer Bree apareció en escena con su nuevo amor, un dentista loco que en su hoja de vida tiene el asesinato de su propia esposa (claro que la pelirroja aún no lo sabe).
El caso es que el dentista convence a Bree de tener relaciones sexuales. En la escena, el amante la tumba en la cama, como todo buen Casanova, y se dispone a hacerle sexo oral. En eso, Bree se levanta y le dice: "Perdón, ¿se te perdió algo allá abajo?" y el hombre le explica entonces cuáles son sus intenciones.
Total, dan a entender que Bree está experimentando por primera vez la sensaciones que provoca el sexo oral y de pronto la vemos levantarse de la cama, con cara de susto y aparecer inmediatamente después sentada en el consultorio de una doctora que le está escuchando el corazón con el estetoscopio.
El diálogo que siguió decía algo como esto, palabras más o menos:
Bree: "Es que de pronto sentí como si me explotara algo adentro".
Doctora: "¿Que era lo que estabas haciendo?
Bree: "Estaba viendo la tele, con mi prometido".
Doctora: "Voy a aventurar una suposición, ¿estabas teniendo relaciones sexuales? Porque si es así, lo que tuviste fue un orgasmo".
Bree: "No, yo sé lo que es un orgasmo, lo de siempre, las cosquillitas y eso, pero esto es como si estallara por dentro..."
Doctora: "Porque fue un orgasmo..."
Sí, sí, sí, habrá a quien le parezca que no es políticamente correcto reírse de la gente que no ha tenido orgasmos, pero a mí me hizo gracia la manera en que presentaron las cosas.
El caso es que, aprovechando el tema, decidí investigar, muy modestamente claro, lo que son los orgasmos a nivel teórico, por si alguien quiere hacerse un autoexamen.
Desafortunadamente, la teoría no me ayudó mucho. El diccionario dice: "es la culminación del placer sexual". Por supuesto, esto se presta a todo tipo de interpretaciones, así es que no nos ayuda.
Mi libro de anatomía de bachillerato lo divide en dos. En el caso de los hombres lo explica así: Cuando la estimulación sexual ha llegado a su máximo, la médula sacra manda estímulos al simpáticos que producen un peristaltismo rítmico de las vías espermáticas y que se inicia en los testículos y cuya consecuencia es el disparo y salida de espermatozoides. En ese preciso instante se produce el orgasmo que es el clímax o culminación del acto sexual y es algo muy placentero.
En el caso de las mujeres, la explicación es la siguiente: El clímax depende del clítoris que sufre una erección progresiva y creciente. Alcanzado ese nivel, aumentan las secreciones sexuales y se originan contracciones peristálticas rítmicas del útero y las trompas de falopio en dirección hacia la cavidad pélvica para succionar el semen.
Aclaración: Médicos que lean este texto, favor de disculpar si estas definiciones son incorrectas, pero las copié tal cual del libro de Anatomía de Norberto López García con que fui educada (o maleducada acaso) en el bachillerato. Si quieren agregar algo en este punto, están en total libertad de hacerlo.
En fin, no sé ustedes pero yo me quedé en las mismas, apenas con algunas referencias para entender los mecanismos del orgasmo.
Finalmente, acudí a un librito que quién sabe cómo llegó hasta mí en prepa y se llama The Joy of Sex. Entre los capítulos encontré títulos como: Tamaño, Besos de lengua, Nalgas, Posturas en general, Arneses, Cuero, Dedo Gordo, pero ninguno que me dijera qué es el orgasmo. Yo supongo, porque leí hace mucho tiempo esta gloria de la teoría sexual, que dan por hecho que tras leer todos estos temas uno ya no debe preguntarse dónde empieza y termina un orgasmo.
En fin, yo creo, basada en mi propia experiencia, que el orgasmo tiene que ver con que uno se deje ir, que no se limite, que se concentre, que acuda si es necesario a las fantasías... porque lo demás es sólo teoría.
Eso sí, que a nadie le pase lo de Bree, por favor.
¡Felices orgasmos para todos!

martes, febrero 06, 2007

La palabra escrita


Hállabase un día la palabra escrita sentada en la cima de una montaña. Había llegado allí después de un viaje agotador, deseosa de huir de la mano humana y de encontrar un espacio para la paz y la reflexión.
No sabía muy bien el motivo de su desazón. ¿La causa era Internet? ¿Quizá la poca atención que desde hace años le dedicaban los ojos, cerebros y manos humanas? ¿Tal vez era un todo y un nada que ella no entendía?
Lo cierto es que llevaba mucho tiempo sintiéndose vieja y marchita. Ya no era, como antaño, LA palabra escrita, ese conjunto de términos que conjugados con maestría podían describrir un universo entero.
En su juventud, muchas manos humanas la habían acariciado y habían reconocido su belleza, la habían combinado y jugado con cada una de sus letras hasta convertirlas en arte. Estaban por un lado los escritores y poetas, o los maestros, como le gustaba llamarlos a ella, como Víctor Hugo, Cervantes, Shakespeare, Lope de Vega, Hemingway, Poe, Neruda, Becquer, Machado, Cortázar, Borges, Rulfo. También los filósofos, o sabios, como Sócrates, Platón, Marx, Engels, Foucault. Pero había además otro grupo, gente común sin aspiraciones literarias o filosóficas, que sin embargo la usaba en diálogos epistolares donde cada término era elegido con sumo cuidado, se tenía en cuenta la ortografía y la caligrafía era preciosista.
Recordaba bien aquellos tiempos en que la gente la buscaba con avidez, como aquel en que Alejandro Dumas la utilizó para escribir sus novelas por entregas y los lectores no podían esperar para leer un nuevo capítulo.
Es cierto, en esa época había menos distractores y ella estaba en la plenitud de sus años mozos, pero no por ello dejaba de doler la indiferencia actual.
En algún momento de la historia, la palabra escrita había sido perseguida. Su importancia y el modo implacable en que penetraba la mente de quienes la conocían habían sido tomados por peligrosos. Se le censuraba, se le quemaba, se le maltrataba. Incluso en la época actual, todavía había manos valientes que se atrevían a usarla para elaborar discursos incendiarios, notas periodísticas donde la verdad no era maquillada, libros llenos de significados que cimbraban el pensamiento humano. Los autores eran perseguidos por ello. No cabía duda de que todavía lograba abrir polémica y asustar a muchos, aunque a decir verdad las reacciones eran cada vez más tibias.
También en la época actual había maestros de la literatura que hacían buen uso de sus formas, Saramago, García Márquez eran algunos ejemplos de ello. Había muchos otros que sin ser conocidos la exploraban y la seguían buscando en libros, en textos, en poemas. No podía negar que todavía había quien se atrevía a acariciarla, a amarla, y que hablaba a través de ella de mundos originales y llenos de simbolismos. También había otros, cada vez menos, que se acercaban a ella para escucharla, con el cuidado y la atención de antaño.
Pero aún se sentía triste. La palabra escrita se quedó mirando el valle que se abría ante sus ojos. Allá abajo, las antenas de cada casa revelaban la presencia de su acérrima enemiga, la televisión.
Cuando este aparatejo llegó al mundo, ella no calculó el peso de su impacto. Creyó, ingenuamente, que sería como el cine, una aliada, un espacio donde pudiera ser bellamente interpretada a través de la imagen.
Pero no, la televisión daba discursos digeridos, y la gente pronto descubrió que era más cómodo el mensaje simple de la caja idiota que el mundo abstracto que ofrecía la lectura.
Por eso, cuando llegó el internet, no supo que pensar. Después de todo ya había sufrido un descalabro. Sin embargo, suspiró cuando supo del correo electrónico, emocionada ante la idea de que renacería el género epistolar, y saboreó muchas veces la idea de ver cómo sería utilizada en cientos de miles de espacios a través de la red.
No obstante, ahora que estaba ahí, sentada en la cima de la montaña, no podía evitar sentir que había sido utilizada de la peor manera, prostituida. Ella, que pensaba que un espacio como internet sería un buen motivo para incentivar la lectura y la creación, se había dado cuenta que el mundo de hoy hacía con ella lo que le apetecía.
La abreviaban, la convertían en mensajes sin sentido, la mezclaban en frases incoherentes en las que los idiomas y sus reglas no se respetaban, no la hacían acompañar como antes de su vieja amiga, la puntuación. Peor aún, la palabra escrita se dio cuenta que había algunos aventurados en la red que la seguían utilizando para la creación y la reflexión, pero eran pasados por alto.
Por si fuera poco, en las escuelas de muchas regiones del mundo, los niños estaban aprendiendo que la palabra escrita tenía fines prácticos pero ya no se les insistía en su poder creativo. Ya los pequeños no aprendían a amarla como sus abuelos, a través de cuentos que les fabricaban reinos mágicos y personajes fuera de serie, y lo que es peor, apenas podían, dejaban de leerla, de apreciarla, de buscarla para perfeccionarse a través de ella.
Por eso, en aquella cima tan lejana del ruido del mundo, la palabra escrita no pudo evitar sentirse acabada y lloró largamente por su pasado, por su presente y por su futuro. Y así, como todas las almas que sienten la batalla perdida, la palabra escrita se levantó y decidió hacer lo único que le quedaba por hacer: se dejó arrastrar por el viento.

sábado, febrero 03, 2007

¡Brindemos por el amor!

¿Qué es mejor, celebrar el amor entre dos seres humanos sin importar que éstos pertenezcan al mismo sexo o ponernos del lado del odio, el prejuicio, la sinrazón?

Ayer leí la noticia en internet: Karla López y Karina Almaguer se convirtieron en la primera pareja de lesbianas que cristaliza en México una unión legal, gracias a una ley aprobada en el norteño estado de Coahuila.
En la noche la televisión me regaló su imagen: dos mujeres sentadas una al lado de la otra, visiblemente felices y enamoradas, pero con un dejo de timidez en la mirada.
Según la información que circuló por el mundo, no estaban enteradas de que iban a pasar a la historia como la primera pareja homosexual en signar en México un contrato de este tipo y estaban lógicamente sorprendidas de la atención de la prensa sobre ellas.
Mis ojos no se despegaron de ellas mientras estuvieron en la pantalla de televisión: me parecieron dos seres humanos sanos, hermosos y perfectamente normales. No entendí por eso las noticias que siguieron a continuación, en las que los grupos conservadores expresaban su rechazo a la primera unión de este tipo en México por considerarla insana y casi monstruosa.
¿Por qué repudiar el amor en lugar de celebrarlo?
Y recordé entonces a uno de los muchos y queridos amigos homosexuales y lesbianas con los que tengo el privilegio de contar. Me reservo su nombre porque aunque le pedí permiso para algún día escribir su historia, le prometí no revelar su identidad.
Durante muchos años, mi amigo vivió con su pareja: un hombre bueno al que amaba y por quien era plenamente correspondido.
Ambos eran seres productivos, así que montaron varios negocios juntos, trabajaron arduamente en ellos y con el dinero que obtuvieron compraron propiedades y tuvieron una vida cómoda.
Por amor, por confianza, quizá porque le convenía, mi amigo permitió que los negocios y las propiedades quedaran a nombre de su pareja, seguro de que no tendía de qué desconfiar.
Sin embargo, un día despertó y descubrió que el hombre que había amado yacía muerto al lado de él. Un infarto se lo había arrebatado.
Mi amigo entonces tuvo que encarar un dolor aún mayor que el que ya representaba la muerte misma: Los familiares de su pareja lo despojaron absolutamente de todo y él no tuvo manera de defenderse, principalmente porque su unión, que había sido más solida que muchos matrimonios heterosexuales, no estaba legalmente constituida.
Alguna vez, al platicar esta historia que me dejó conmocionada cuando mi amigo me la confió, alguien me dijo: "No puedes decir eso para defender la idea de una unión legal entre homosexuales. La pareja de tu amigo lo pudo haber heredado con un testamento o tu amigo debió haberse asegurado de que al menos algunas cosas quedaran a su nombre. La culpa fue de él y no del Estado".
"Sí", le dije yo, "la cosa es que si mi amigo hubiera estado legalmente unido, hubiera podido defenderse bajo el argumento de que él era la primera persona a quien le correspondían los bienes de su pareja, por ser su esposo, y seguramente habría ganado el pleito".
Hasta la fecha, yo sigo sin entender el punto de vista de las personas que se oponen a los matrimonios homosexuales.
Yo los defiendo a capa y espada y tengo mis razones:
1) Ya lo dijo don Benito Juárez: "El respeto al derecho ajeno es la paz".
2) Nadie tiene derecho de dictar a los demás qué hacer con su vida, sobre todo si si se trata del plano íntimo y no afecta a terceros. Los casos de amigos homosexuales y lesbianas que tengo, que son muchos, no afectan a nadie, y sería incapaz de ver la paja en el ojo ajeno cuando no puedo ver la viga en el propio. Si yo no quiero que nadie me diga qué hacer con mi matrimonio, no me asiste el derecho cuando pretendo juzgar a otra pareja, sea como ésta sea.
3) No podemos tapar el sol con un dedo. Los matrimonios homosexuales y lesbianas existen de facto. El hecho de que no se constituyan legalmente no va a impedir ni que haya más homosexuales y lesbianas ni mucho menos que ellos tomen la libre decisión de vivir juntos.
4) Los homosexuales y lesbianas que he tenido el gusto de conocer son seres humanos dignos, sensibles, trabajadores, respetuosos, amables, con un gran sentido del humor, leales y amorosos. Seres, pues, por quien vale la pena alzar la voz.
5) Siempre defenderé el amor por encima del odio y el respeto por encima del prejuicio.

Por ello y mucho más, ¡Salud Karina, Karla, Alvaro, Vinicio, José Luis, Luis Fernando, Jesús, Gerardo y todos mis amigos homosexuales y lesbianas!
¡Que sus uniones sean duraderas, felices y prósperas!.
Estoy por ustedes siempre.

viernes, febrero 02, 2007

Ahí les va mi meme ¿o es neme?...


Pues bien, les cuento la historia. La bella Ferípula, linda maestra y gran amiga de este blog y de su autora, me pasó un neme o meme (esta cuestión del nombre me queda poco clara y si alguien me quiere aclarar la duda se los voy a agradecer sobremanera).
El caso es que el meme o neme o como se llame es una cadena de post. En otras palabras, ella me dio la encomienda de responder a una solicitud y yo ahora debo hacerlo y además entregar esta cadena a otros amigos bloggeros.
La solicitud a responder es: Muestra cuál es el Fondo de Escritorio en uso.
Como podrán notar, yo puse una página (que en realidad se ve mucho más grande y clara en mi escritorio), donde aparecen todos los personajes de Los Simpson.
No debe sorprender este wall paper a quienes son amigos de este blog y saben mi pasión confesa por este programa.
Sin embargo, debo decirles que, como mi computadora es compartida con mi marido, fue él quien eligió este simpático fondo de escritorio y la mayoría de los que usamos en esta máquina, que incluyen personajes como Superman, Batman, la Mujer Maravilla, Hulk y demás. Por favor, eviten ese gesto de sorpresa porque ya les había advertido que mi marido es un fanático del cómic irredimible.
En fin, no tengo mucho más que decir sobre mi aportación al neme o meme, salvo la sugerencia de que se den tiempo para disfrutar a plenitud este resumen de la obra de Matt Groening que a mí me ha regalado muchos espacios de diversión y reflexión.
Como la tarea incluye pasar el neme o meme a tres personas, ustedes han de perdonar, pero lo envío a cuatro amigos de este blog: ISAURA, GABY DEL RÍO, FANTASMA DE LA LIBERTAD, BORIS.
Sinceramente lo hago porque imagino que las aportaciones de estos tres personajes del mundo del blogger serán harto interesantes para la cadena. Espero que no tengan inconveniente en participar...

martes, enero 30, 2007

Repite conmigo: va-gi-na


Parece mentira, estamos en pleno siglo XXI y la palabra vagina se sigue diciendo en un susurro, como si se tratara de un término rudo, sucio, altisonante
Aún recuerdo cuando llegó a México la obra teatral Monólogos de la Vagina. Yo trabajaba entonces en un periódico y cada vez que tenía que mencionar el nombre de este montaje en las juntas editoriales, me respondía una oleada de risitas nerviosas que venían de todos los rincones. Hombres y mujeres que aparentemente deben tener una mentalidad abierta por la profesión a la que se dedican no resistían el miedo ante una palabra que les sonaba a prohibido.
Poco antes, había tenido la oportunidad de ver un video de los Monólogos de la Vagina en voz de su autora, la estadounidense Eve Ensler. El montaje me pareció francamente hermoso. No recurría a grandes trucos escénicos ni a actuaciones recargadas, sino que a través de un lenguaje sencillo e historias cotidianas invitaba a las mujeres a nombrar, reconocer, aprender a querer y valorar el inmenso poder de su vagina.
Recuerdo especialmente un tramo de este montaje en el que la autora decía que las mujeres deberíamos exigir a los ginecólogos un mejor trato para nuestras vaginas. Pedirle al doctor que por lo menos se tomara la molestia de entibiar los aparatos con que nos hace las revisiones periódicas. Después, sugería "consentir" nuestro órgano sexual con ropa cómoda, suave, que no lo maltratara.
Antes del estreno de este montaje en México, tuve oportunidad de entrevistar a la sexóloga Anabel Ochoa, por quien siento gran respeto y empatía. Ella era una de las voces que iba a dar vida a los monólogos de Eve Ensler, así que aproveché para hacerle una pregunta que circulaba en mi cabeza de tiempo atrás: ¿Por qué a las mujeres nos da miedo nombrar a nuestra vagina?
Anabel me explicó algo que de tan simple yo había pasado por alto en mi búsqueda para encontrar respuesta a esta interrogante. Yo me había dicho a mí misma que el problema estribaba en los prejucios educativos con que se dotaba a la mujer desde su más tierna infancia. La sexóloga tenía una respuesta mucho más simple: las mujeres no vemos a nuestra vagina. De ahí que desde pequeñas aprendamos a ignorarla.
Después amplió la respuesta: Desde su más tierna infancia, el hombre se familiariza con su órgano sexual porque lo tiene expuesto, lo ve todos los días, aprende tempranamente su nombre y después le pone todo tipo de apodos. Se encariña con él, juega con él, reconoce lo que siente y lo valora casi como a un amigo.
La mujer, en cambio, no ve a su vagina, en muchos casos no la conoce, y por ello le resulta más fácil hacer como que no existe a pesar de estar ahí.
Esto, claro, es causa directa de muchos trastornos sexuales, de muchas represiones mentales y de una gran infelicidad.
La sexóloga sugería entonces dos cosas:
1) Repetir la palabra vagina tantas veces como fuera necesario, en un himno incesante, hasta despojarla de cualquier significado negativo y convertirla en algo tan familiar que pudiéramos hablar de ella lo mismo en la casa que un café con los amigos. Al fin y al cabo, la palabra vagina no tendría por qué tener una connotación negativa, pues decir vagina debería ser tan natural y limpio como resulta decir mano u oreja. ¿O es que acaso alguien pone cara de espanto y se tapa la boca con gesto sorprendido cuando a alguien se le escapa hablar de la nariz?
2) Decía que las mujeres deberíamos darnos el tiempo de conocer a nuestra vagina. Proponía, como primer ejercicio, sentarnos en nuestra cama, en un momento en que estuviéramos relajadas, y poner un espejo entre las piernas para saber de qué color y forma era nuestra vagina. Porque sí, es increíble, pero aquello que debería sernos tan familiar a todas las mujeres muchas veces resulta desconocido.
La vagina es la esencia misma de la feminidad, la puerta a la vida y al placer, y no tenemos otra forma de consentirla, quererla, respetarla y protegerla de potenciales agentes dañinos que reconocerla y nombrarla sin miedo, una y otra vez, no sólo las mujeres sino también los hombres.
Al fin y al cabo, si no existieran miles de millones de benditas vaginas en este mundo, tal vez la vida humana ya se hubiera extinguido.


* El cuadro que ilustra este texto, titulado Desnudo Femenino Reclinado, es de la autoría del muralista mexicano Emilio Amero.

sábado, enero 27, 2007

Este pinche mundo "light"


La verdad es que no encontré otra palabra mejor que un altisonante y liberador pinche para definir a este mundo "light" en que nos consumimos en la primera década de este tormentoso siglo XXI.
Dice el diccionario que la palabra pinche alude a un ayudante de cocina, pero inmediatamente después ataja este significado más bien simplón para aclarar que en México utilizamos este bendito término para referirnos a algo que nos parece despreciable. Es una palabra altisonante, es cierto, pero como todas las que pertenecen a este género, bien usada puede dar en el blanco de mucho mejor manera que cuando se intenta guardar la corrección política.
En fin, el punto es que quiero hablar, como lo reza mi título, de este pinche mundo "light". No me refiero con este término únicamente a una cuestión consumista referida a los refrescos, leche, yoghurt y un sinfín de etcéteras bajos en calorías. Hablo de un concepto general.
Me explico: Los sistemas políticos y sociales de hoy pretenden que los humanos seamos "ligeros" en todos los ámbitos de la vida. Que nuestra salud sea ligera, que nuestros gustos sean ligeros, que nuestras costumbres sean ligeras y lo que es aún peor, que nuestro pensamiento tenga una gran dosis de ligereza.
Vamos punto por punto: Para ser una persona "in" en el mundo "light", yo tendría que empezar por cuidar mi alimentación. Esto significa, primero, consumir productos saludables, bajos en calorías y sin glutamatos (se los dejo de tarea), que me permitan tener una cintura de menos de 80 centímetros. Eso sí, como el mundo "light" nunca se pone de acuerdo y cae en las más ridículas contradicciones, me dicta que yo debo estar baja de peso, sin abdomen, con cintura pronunciada, pero no tanto que llegue a niveles de anorexia o bulimia.
El mundo "light" también me ordena que evite comer cualquier alimento que tenga cancerígenos, como los productos enlatados, o que me eleve el colesterol y los triglicéridos. Me sugiere que en lugar de eso consuma vegetales y frutas (las carnes de todo tipo también deben ser vistas como "el enemigo"). Por cierto, la última moda es comer vegetales y frutas "orgánicos", a los que no los haya tocado ni una brizna de pesticida, porque de lo contrario, me dirigiría a una muerte segura. Por aquello de las recochinas dudas, mejor seguir dietas como la vegetariana o la macrobiótica, consumir zumos en gran cantidad, beber mucha agua, siempre y cuando sea embotellada (y si es de buena marca hasta es para presumir), y evitar lo más que se pueda el huevo e incluso la leche con lactosa. ¿Que no tienes intolerancia a la lactosa? No importa, hombre, lo ideal es estar "in".
El mundo "light" me ordena hacer mínimo 30 minutos de ejercicio diario para mantenerme saludable y fuerte. Eso sí, también me aconseja que traiga el auto del año y por ello no me advierte que evitar la sana costumbre de caminar un poco, me provoca más estrés y es más perjudicial que no llevar una rutina de gimnasio. ¡Incongruencias típicas del capitalismo!
El dichoso mundo "light" me obliga a rendir lo máximo en la oficina, así que no está mal tomar multivitamínicos como una rutina, incluso sin consultar al médico, porque qué me va a decir el médico que no me pueda decir una interesante revista "de hoy".
El mundo "light" me conmina a tener el mejor sexo del mundo. Si no lo logro de manera natural -que por cierto es como todos deberíamos lograrlo- para eso están los medicamentos auxiliares, los ejercicios y los libros de autoayuda.
El mundo "light" me dicta que para triunfar en la vida debo ser hermosa o guapo, y tener lo último en vestidos, autos, equipos de computación, iPod, MP3, DVD, juegos de video, en fin, las delicias del consumismo.
El cigarrro es el demonio del mundo light, perseguido, vilipendiado y malvisto. El alcohol no tanto, porque al final de cuentas, todo aquel que vaya a un antro a chacotear está "in", y ello incluye convivir con unas copitas de por medio. Por su parte el café, antes criticado por este mismo mundo, ahora resulta que no sólo provoca adicción, irritación del estómago y estados nerviosos alterados, sino que tiene propiedades medicinales recientemente descubiertas. Ya lo decía, contradicciones de este pinche mundo "light".
Para pertenecer al mundo "light", yo tengo que estar al tanto de todos los adelantos tecnológicos, saber hablar con soltura de las cremas, shampoos y perfumes con los que acostumbro embellecerme, conocer por lo menos a los personajes más sobresalientes del jet set internacional, tener al día los reportes de los últimos regímenes dietéticos y rutinas de ejercicios que he hecho por si salen al paso en alguna conversación y comportarme con educación pero al mismo tiempo con un cierto desparpajo que indique que soy "cool".
Pero no todo es superfluo, por supuesto. Al mundo "light"también le interesa apoyar la lectura y propone para ello libros que nos ayuden a crecer, como Caldo de Pollo para el Alma, Los Hombres que las Mujeres Odian, Como Servir la Mesa si Tenemos Invitados y otras delicias.
Si de otros temas de cultura se trata, para eso están los "reality show"
En fin, el caso es que seguir las pautas del mundo "light" y ser correctos en esta época, significa volvernos paranoicos y no vivir en la sana libertad que la filosofía de todos los tiempos ha buscado para el hombre. De paso, significa no pensar, no hacerse preguntas existenciales y no indagar demasiado en las profundidades del espíritu humano, que al fin y al cabo esta es una tarea para gente tiesa que no está al último grito de la moda.
Yo, la verdad, me opongo rotundamente al mundo "light": procuro comer lo que me da la gana sin reparar en las calorías, duermo a la hora que lo necesito, bebo lo que quiero y cuando así lo necesito, hago ejercicio cuando mi cuerpo me lo pide, leo a grandes escritores y lo más sabroso de todo, ¡me importa un rábano si los demás están de acuerdo o no!
Al fin y al cabo, mis ancestros vivieron una vida plena sin tantos dictados ni tanto imbécil detrás de ellos que les advirtiera de todo aquello que era supuestamente "dañino para la salud" física, mental, sexual y social. Yo quiero vivir y no sobrevivir cada día con el miedo de que me llegue la muerte por no ajustarme a este pinche mundo "light"

miércoles, enero 24, 2007

Lo vi venir...

Lo vi venir, el paso sereno, quizá un poco inseguro, pero siempre lleno de la dignidad de antaño. Sus ojos se dirigieron hacia mí, en un acto de rebeldía ante la gente que iba por la calle. No pensaba permitirles que se dieran cuenta de que su vista se ha ido apagando hasta dejarlo viendo fantasmas.
Su fina estampa de siempre permanecía intacta: el traje sin una sola arruga, los zapatos perfectamente boleados, la corbata en su lugar, el cabello cano peinado impecablemente, sin una hebra fuera de sitio. El toque de la gabardina como perfecto complemento a su elegancia.
Sin embargo, al verlo sentí un dejo de tristeza. Era yo, ahora, la que tenía que esperarlo ahí hasta que terminara de cubrir la distancia que nos separaba para brindarle mis brazos como apoyo, del mismo modo que él, algún día, había esperado que yo y mis primeros pasos inseguros llegáramos hasta él.
Fue un breve instante, quizá un pestañeo, el que trajo mis primeros recuerdos de él a la memoria consciente. Lo recordé como cuando era niña, con su voz potente retumbando por la casa, su olor a loción, su conversación siempre inteligente, el humo de su cigarro, el sonido monótono de su máquina de escribir, ese tono lleno de diplomacia con el que hablaba por teléfono y que siempre me admiraba.
Recuerdo que alguna vez pensé que si la casa se caía encima de nosotros, yo no tenía qué preocuparme, porque él, mi padre, sería capaz de sostenerla con sus dos manos, como un Atlas moderno.
Lo vi venir, y me quedé mirando sus ojos, esos ojos en los que yo misma me reconocía, esos ojos que habían recorrido admirados los paisajes de Paris, Madrid, Praga, Budapest; esas mismas ventanas que habían conocido artistas, deportistas, políticos y hechos impactantes, para que después mi padre desahogara los hechos vividos en hojas de papel que llegaron a otros ojos, muchos ojos, los de infinidad de lectores.
Me pregunté entonces si no sería que los ojos de mi padre decidieron apagarse, poco a poco, tan sólo porque sentían que era demasiado y maravilloso lo que habían visto y era hora de descansar.
En la adolescencia, mi actitud de admiración total hacia mi padre cambió. No ayudó el hecho de que en esa época el matrimonio con mi mamá hubiera acabado en derrumbe. Mi mente juvenil le cargaba toda la culpa a él, por no haber moderado su carácter, por no haber sabido ser fiel.
Muchos de mis actos de esa época tenían su génesis en un hondo deseo de retarlo, de ponerlo de cabeza, de confrontarme con él. Un buen día, decidí dejar de verlo, por salud mental.
Dos años habrían de pasar hasta que mi padre apareció de nuevo en mi vida. Era la época en que yo estaba en la escuela de periodismo, la carrera en la que él era todo un maestro. También era la época en que había terminado un noviazgo que me hizo caer en una profunda depresión.
Mi padre apareció, y con esa sabiduría que lo caracteriza, me hizo saber que entendía mi dolor y que estaba conmigo. Aún no sé si alguien le avisó lo que me sucedía o él lo adivino, pero sé que estuvo ahí cuando más lo necesitaba.
A partir de ese momento, mi padre y yo establecimos una conexión limpia de viejos rencores, amorosa, clara, aunque no exenta de alguno que otro estallido. Al fin y al cabo, dice el dicho "de tal palo, tal astilla".
El puente que hemos construido entre los dos está hecho de anécdotas, de sueños compartidos, de una profesión que nos une, de preocupaciones comunes, de amor y de complicidad.
Al fin y al cabo soy su sangre, su Negrita, la misma que aprendió a amar la poesía de niña porque la escuchó de sus labios de declamador fuera de serie, la misma que aprendió a adorar el sonido de la máquina de escribir porque la relacionaba con el quehacer fecundo de su padre, la misma que adoptó su ideología como propia, producto de una profunda admiración por sus teorías sobre la justicia humana. La misma que adoró su manera de oír el tango, los boleros, la trova.
Al tiempo, claro, he aprendido a formar mis propios puntos de vista, a veces distantes a los de mi padre. Pero siempre, en el fondo, está su luz que me sigue indicando el camino.
Lo vi venir, paso a paso, cuidando de no tropezarse, adivinando en medio de una neblina, mi rostro, el rostro de esta Negrita, su Negrita, que se había ido transformando de niña a mujer cuando sus ojos todavía podían verla con nitidez.
Hubiera querido desatornillarme los ojos ahí mismo y entregárselos, pero una voz interna me avisó que era imposible.
Cuando llegó hasta mí, le di el acostumbrado beso en la frente, y entonces, sólo entonces, una lágrima rodó por mi mejilla.

martes, enero 23, 2007

Inventario personal

Hace años, mi amiga Carmen me contó de una tarea que le había solicitado su psicoanalista. En una hoja de papel debía responder, a modo de ejercicio, tres preguntas clave: ¿Qué tienes? ¿Qué eres?, y la más difícil y más importante de todas, ¿quién eres?
De entrada, y a los 20 y tantos que tenía yo en aquel entonces, me pareció que mi amiga exageraba al decir que era una labor difícil. Pero al paso de los años, cada vez que trato de responder estas preguntas en mi cabeza, más pedregoso me resulta el camino, sobre todo cuando llego a la tercera.
Hoy decidí que era un buen momento para entrarle al inventario, porque siento que este es el espacio infinito donde puedo reencontrarme a mi misma y porque no hay mejor manera que compartirla con los visitantes frecuentes y aislados que se atreven a entrar a los mundos que construyo.
Va, pues:

¿Qué tengo?
Tengo un marido por el que muchos me han dicho que me saqué la lotería y del que me confieso una adicta sin remedio. Tengo un par de hijos inteligentes y bellos, tengo una madre y un padre que aunque lejos uno del otro, siempre están cerca de mí. Tengo a mi hermano Grimalkin, a mi cuñada Gaby, a mis sobrinos Sealtiel y Krys, una familia que siempre va en mi corazón. Tengo a mi hermano Melicos y a Adriancín, la pareja de mi mamá, que son estrellas en mi noche. Tengo una abuelita que fue mi ángel de la guarda por muchos años, pero que un día se olvidó que yo existía, por el peso de los años. Tengo muchos tíos. Tengo suegros, cuñados, concuños y a mi sobrino Rodri, a quienes he aprendido a adorar por muchas más razones que el lazo familiar que nos une. Además, tengo una pila de libros y revistas, ropa y zapatos que ya han conocido varias batallas a lo largo de los años, unas cuantas alhajas sin valor, sala, comedor, recámaras, microondas, computadora, tele, dvd, todo compartido con mis tres hombres. Tengo una muñeca que me regaló mi abuela y se parece a mí, y otra que me regaló mi marido y que me recuerda que aún sigo siendo niña. Tengo poco dinero, pero muchas ganas de conseguirlo. Tengo brazos, piernas, ojos, cabello, que tal vez no ganarían un concurso de belleza, pero que me han dado buen servicio. Tengo un cerebro, y trato de alimentarlo con la frecuencia que me es posible, porque de él dependo. Tengo 36 años que he vivido a plenitud.

¿Qué soy?
Soy periodista, aunque ya no estoy segura por qué. Alguna vez soñé con ser escritora, pero nunca pensé que esto tendría que ver con los medios de comunicación. De hecho, de niña decía que nunca sería periodista, pero creo que me fui dejando llevar por la vida y acabé aquí, donde mi padre cosechara tantos triunfos. He sido feliz en mi profesión, pero no puedo evitar cuestionarme a cada paso si era aquí donde debería estar, supongo que sí. También soy madre, y tal vez no la mejor, pero sí una madre que a diario les dice a sus hijos que los ama y los escucha y trata de llenarles la vida de luz. Mi labor de madre, como la de muchas mujeres, me obliga a ser por turnos, cocinera, costurera, lavandera, decoradora, enfermera e incluso un poco psiconalista, cuando entran las crisis de la edad. Soy esposa, y es un papel que cumplo con alegría, porque pese a mi vertiginoso paso por las ondas feministas, he aprendido ser una de las dos piezas del engrane para que funcione la maquinaria de mi matrimonio. También soy, como dirían en Sexo, Pudor y Lágrimas, una declarada fanática del orgasmo. Soy hija, y en este papel he sido rebelde, a veces injusta, pero trato de autoexaminarme cotidianamente y enderezar el rumbo. Soy hermana, tía, cuñada, nuera, concuña, y procuro que mi paso por la vida de los demás sea amoroso y solidario. Soy amiga, fiel hasta la médula y amorosa como la que más. Soy una niña a la que le gustan los juguetes, las películas de amor y los chocolates. Soy una bailarina experimental. Soy una lectora adicta a autores como Saramago, García Márquez, José Agustín, Paco Ignacio Taibo II y una larga lista de etcéteras. Soy una amante de la música de Serrat, Sabina, los ochentas, aunque en mis momentos de trabajo prefiero los conciertos de música clásica y para bailar, el merengue es lo mío. Soy una creyente en algo superior, pero nunca una fanática. Soy una mujer de izquierda, y tengo a mis ídolos, el Che es uno de ellos. Soy mujer, orgullosa, feliz, afortunadamente mujer.

¿Quién soy?
Soy un ser humano a veces atormentado por el peso de las angustias cotidianas, pero que siempre procura confiar en que la vida se parece mucho a la naturaleza y así como tiene momentos de frío, los tiene de calor. Igual que las hojas caen en el otoño, reverdecen en la primavera, y yo siempre estoy a la espera de la primavera. Soy una mujer que cree en sí misma tanto como cree en los demás. Quizá esto de ser confiada no siempre me ha funcionado, pero me resisto a ver a todos tras la lupa de la desconfianza. Soy una mujer solidaria. Soy, antes que nada una idealista, que cree que este mundo será mejor el día en que seamos todos congruentes, el día en que permitamos a los demás tener la misma libertad de elección que pedimos para nosotros mismos. Soy un ser humano que ve a todos igual, sin importar si tienen más o menos dinero, si se ajustan o no a las reglas establecidas de belleza o comportamiento, si tienen una u otra preferencia sexual o su piel es de tal o cual color. Soy un ser humano con defectos, a veces un poco depresivo, a veces un tanto impulsivo, pero me acepto tal cual. Soy una soñadora sin remedio que a veces se enclaustra en el mundo de la fantasía cuando el real le propina algunos trancazos. ¿Acaso existe el mundo real? Soy yo, y he aprendido con el paso y el peso de mis 36 años que ser yo es toda una responsabilidad, pero cada día, a cada momento la asumo gustosa, no me pesa ni un minuto de los que he vivido, no me pesa ninguna de las palabras dichas porque siempre he tenido tiempo de refrendarlas o retractarme. No me pesa ninguno de las experiencias transitadas porque gracias a ellas, por más dolorosas que sean, he trazado nuevos y mejores caminos. No me pesa ser yo, así, Taydé Cecilia, tan simple y hermoso como eso.



viernes, enero 19, 2007

Y la feminista calló

Cuando el último de sus compañeros de oficina le dio el beso de despedida, Isaura respiró profundamente, en un intento por encontrar el valor para ir a hablar con Checo, su jefe desde hacía siete años.
El momento de duda no tenía que ver con que Sergio "Checo" Covarrubias fuera un jefe despótico. Por el contrario, habían forjado su amistad con paciencia y con el fuego de las risas y las bromas con las que espantaban el estrés que les provocaba la labor cotidiana.
Isaura dudaba, sin embargo, porque tenía que ir a reclamar a "Checo" que la dirección de la nueva revista hubiera quedado en manos de Francisco Cedillo y no de ella, como venía rumorando toda la oficina semanas atrás.
Al entrar a la oficina de su jefe, Isaura lo descubrió como todos los días a las 10:00 de la noche, frotándose los ojos para que éstos no se resistieran a terminar de leer los 100 mil correos electrónicos que recibía cada día.
- ¿Ya listo para irte?, inició Isaura con el tono cordial de siempre.
- Casi, pero estoy muerto, creo que no alcanzo a llegar al viernes y eso que hoy es lunes- le dijo en un tono que pretendía ser bromista, pero detrás del cual se percibía un verdadero agotamiento.
- Oye, Checo, traigo un problema- dijo Isaura y sin esperar a que Checo pusiera su acostumbrada cara de "tienes toda mi atención", prosiguió -estoy un poco sacada de onda porque todos decían que la dirección de la nueva revista era para mí, y sin embargo la dejaste en manos de Francisco.
- Fácil, Saurita, la revista es de cine, Francisco es experto del tema y tú no, me pareció que no había mucho que pensarle-, respondió Checo mirándola a los ojos con gesto amistoso.
Como era lógico, la respuesta directa y sincera de su jefe no convenció a Isaura, así que, fiel a su costumbre de no dejarse ganar fácilmente, decidió asestar un golpe certero para dejar en la lona al contrincante.
- ¿Es eso, mi buen Checo, o una cuestión de género?
- ¿A qué te refieres?
- No sé, pienso que quizá te resultó más fácil incluir a alguien del club de Machos Unidos en la dirección...
Checo se removió incómodo en el asiento. Los ojos, antes cansados, habían vuelto a recobrar al brillo. Estiró la mano, tomó un marco que tenía a un lado de la computadora y se lo acercó a Isaura con una sonrisa maliciosa. Isaura, a su vez, leyó en un segundo la inscripción "No se aceptan acreedores ni feministas. Hoy no fío, mañana sí", y decidió regresar el golpe.
- Lo sabía, tú me lo estás diciendo con ese letrero, estás en contra de las mujeres.
- Mira, Saurita, no creo que estás horas y con el cansancio que me cargo sea hora de discutir sandeces.
- ¿Por qué no?, ¿te da miedito?
- Está bien... vamos a ver, tú eres de las que cree que cualquier cosa que pase a las mujeres que no sea lo que ellas esperan es producto de una conspiración masculina en su contra.
Isaura estaba a punto de responder, pero cuando vio que su jefe no pensaba detener el discurso decidió escuchar.
- Y crees, por lógica, que debes defenderte del hombre, no permitir que se salga con la suya, reivindicar tu derecho a ser independiente, exitosa, a trabajar.
- Pues sí- contestó Isaura con una renovada seguridad.
- Te pregunto, ¿qué pasaría si el día de mañana tú quieres dejar de trabajar y que Jorge, tu marido, te mantenga?
Isaura se quedó en silencio un momento, pero cuando cayó en la cuenta de que Checo esperaba una respuesta, dijo sin titubear.
- Le diría a Jorge que me mantenga, pero honestamente esto no tiene nada que ver con lo de la dirección y tu decisión por Francisco.
- No espérame, tú querías que habláramos de la lucha de géneros, me crees injusto por tomar una decisión que según tú estuvo influida porque Francisco es hombre y no porque maneja mejor el tema de cine, así que ahora déjame terminar.
Isaura, quien había tomado una pluma para pasearla por los dedos y dominar los nervios, lo dejó continuar,
- Bien, ahora qué pasaría si llega Jorge y te dice, mi vida, quiero dejar de trabajar y que tú me mantengas.
- Pues le diría que no, claro- respondió Isaura.
- ¿Y por qué no? Tú si tendrías esa oportunidad, ¿por qué él no?
- Porque yo no tengo por qué mantener a nadie.
- ¿Y Jorge sí?
- No es el punto, Checo, y lo sabes.
- ¿Dejas que Jorge te abra la puerta del coche?
- Claro
- ¿Por qué, si tu eres una mujer fuerte e independiente?
- Porque es un acto de caballerosidad.
- ¿No te parece más bien un acto de sobreprotección que lo que en realidad quiere decir es que eres débil y quizá incapaz y que por ello es mejor que te abran la puerta por aquello de que tú no puedas hacerlo?
Isaura empezó a sentir un profundo deseo de terminar en ese momento la conversación y dejar de hablar con Checo por lo que restaba de su vida, pero su jefe parecía dispuesto a continuar y a desahogar en ella el estrés del día entero.
- Mira Isaura, en serio, yo no soporto a las feministas. No es una cuestión de machismo, por el contrario, soy de los primeros en reconocer el derecho de la mujer a estudiar, a trabajar, a ser exitosa, a no limitarse a su papel de ama de casa, a triunfar en la vida, pues, pero lo que no acabo de entender es esta postura de las mujeres de hoy. Quieren que el hombre se caballeroso y las trate como lerdas, pero al mismo tiempo que las deje ser. Quieren poder manejar un coche, pero cuando lo hacen, no respetan a nada ni a nadie porque consideran que por ser mujeres deben tener privilegios especiales, que deben tratadas con delicadeza. Yo creo que la mujer se va a liberar en serio el día que sea congruente, el día que decida que es libre, pero que sea libre de verdad en cada momento de su vida, que no permita que nada ni nadie le diga que hacer, que no espere que el marido le pague las cuentas y los caprichos y además la deje trabajar. La mujer será libre el día que deje de ser la víctima del mundo. Te repito, Francisco se quedó con el puesto porque yo no tengo porque tener un trato especial contigo por ser mujer. Evalúe objetivamente quien iba a desempeñarse mejor por sus conocimientos y consideré que él era la opción, espero que lo entiendas.
Isaura decidió no agregar nada. No pensaba concederle a su jefe el privilegio de verla derrotada, así que se levantó, le deseó buenas noches y salió de la oficina a pensar de camino a casa en el discurso contundente con el que su jefe la había dejado en la lona.
Apenas llevaba un par de cuadras caminadas en busca de un taxi, cuando se topó coun una pareja que discutía acaloradamente. En cuestión de segundos, el hombre había levantado la mano y le había propinado una bofetada a la mujer. Isaura decidió que ya estaba bien de machitos para un sólo día, y sintió placer cuando caminó hacia la pareja decidida a detener el maltrato.
- Y yo que pensaba creer en todas esa patrañas del Checo. Las mujeres no nos hacemos las víctimas, somos las víctimas y aquí está la prueba- se decía mientras avanzaba.
Isaura llegó hasta los rijosos y sin más gritó-
- ¡Es usted un patán y un cobarde, porque no se pone con uno de su tamaño!
Por unos segundos la pareja pareció desconcertada.
- ¡Y usté qué se mete, vieja metiche, el es mi hombre y si me quiere matar, muy su gusto!, gritó la mujer una vez repuesta de la sorpresa.
A Isaura le cayó entonces la realidad como balde de agua fría en la espalda. Era cierto lo que decía Checo, el día que las mujeres decidieran de verdad no aceptar ni golpes, ni delicadezas, ni dinero, ni ovaciones del hombre, sino simplemente ser, independiendientes y libres, el día en que las mujeres decidieran elegir a los hombres buenos y no a los que tienen cara de desubicados, el día en que decidieran no depender de nadie y reivindicarse como seres humanos que comparten la vida con un igual, ese día la liberación habría llegado.

miércoles, enero 17, 2007

Si Taibo II puede ¿por qué yo no?


La respuesta lógica a la interrogante de mi título no requiere mucho seso: el escritor mexicano Paco Ignacio Taibo II puede hacer lo que quiera porque lo avalan sus cerca de 50 obras publicadas en 21 países y traducidas a una docena de lenguas. Yo apenas tengo por ahí unos cuentos que han leído mis familiares y camaradas, muchas entrevistas y notas publicadas en periódicos y algunos intentos de novela que no han cristalizado aún.

El punto es ¿por qué me surgió la idea de lanzarme, con total osadía, a formular una pregunta como la que da título a este texto?

Resulta que hace un par de días empecé a leer Primavera Pospuesta Una versión personal de México en los 90, del citado Paco Ignacio Taibo II. La verdad es que se trataba de una obra comprada hace varios meses que se me había extraviado en medio de un laberinto de papeles y revistas, así que el reencuentro fue muy grato.

Antes de iniciar el libro, y con sólo una hojeada rápida, mi marido lo catologó como "un acto de profunda huevonería por parte del maestro Taibo". A mí me pareció curioso que él lo considerara así, sobre todo si se toma en cuenta que llevamos años compartiendo el gusto por las obras de don Paco Ignacio, que nos leímos con avidez la saga del detective Belascoarán y que, aunque no lo leyó, aplaudió la pasión con la que me bebí la biografía sobre el Che Guevara de este autor.

El caso es que una vez que empecé la lectura, me di cuenta el porqué de la crítica de mi marido. El libro no es ni novela, ni cuento, ni ensayo, ni entrevista, ni testimonio, ni reportaje, ni biografías, sino todo al mismo tiempo. Me explico: hay trozos de novela, cuentos, ensayos, respuestas a entrevistas que se mandaron por correo electrónico, memorias, reportajes, ensayos, y una clara intención por parte del maestro Taibo de rescatar de los rincones perdidos de su computadora todos aquellos textos que se le quedaron en el tintero o que no quiso o no pudo publicar. Vaya, se da el lujo de incluir frasecillas de esas que todo el que escribe se pone a garabatear en sus ratos de ocio, ya sea en el cuaderno de los hijos o en una servilleta.

Yo no sé si la intención de Taibo II haya sido la huevonería o si se dio una zambullida en la carpeta Mis Documentos de su ordenador y descubrió que tenía guardados textos realmente magistrales (porque lo son) que debían conocer la luz. El caso es que en estos días, yo me he sentido como cuando se charla con un amigo que sabe de todo y lo sabe bien. Obviamente, comparto esa visión rebelde con que el maestro dota a todos sus textos, pero también me dio gusto encontrarme por ahí la mención de Víctor Ronquillo, otro escritor mexicano con quien tengo el gusto de compartir una amistad forjada en el periódico Reforma, y me puse a llorar con un texto sobre su padre, el también escritor Paco Ignacio Taibo I, que me hizo recordar mis propios días de infancia, cuando me arrullaba el martilleo de los dedos de mi papá sobre su máquina de escribir.
También, como es lógico, el maestro Taibo II me ha invitado a la reflexión, cuando incluye entre sus personajes a Cárdenas, a Zapata o escribe artículos como los que dedicó para defender el respeto por la historia mexicana que se pretendía manejar a modo en los libros de texto gratuito para alumnos de primaria publicados en 1992 y 1993.
En fin, el caso es que en medio de la lectura de este libro me pregunté, ¿por qué yo no puedo darme el lujo de hacer como el maestro Taibo y escribir un libro de todo y nada con tal maestría? Bueno, la respuesta lógica ya la dije, pero la otra es que me faltan muchos caminos, muchas experiencias, mucha investigación y algunos años por vivir.
De cualquier manera, y como suele sucederme con los autores a los que admiro, Taibo II me sirvió de inspiración. Ya agregúé una rayita más a la lista de razones que tengo raspada en la pared por las que debo ponerme seria y empezar a cristalizar mis proyectos de ser escritora algún día.
Es un sueño de niña, y siempre he creído que todo lo que se sueña en la infancia se debe hacer realidad.

sábado, enero 13, 2007

El recurso del miedo

Estaba dispuesta a escribir aquí un correo donde hablara claramente de la manera en que el nuevo gobierno de México pretende infundirle miedo a la gente, a través de comerciales donde se alaba al Ejército y al mismo tiempo se advierte que el "presidente" entrante no permitirá "que se altere el estado de derecho". Yo entiendo esas palabras, como: el que no esté conmigo, está en mi contra y por lo tanto debe ser castigado, y las firma la Presidencia de la República.
Había decidido escribir de este tema porque estoy convencida que son las razones y no el miedo los que deberían convencer a un pueblo, y que aquellos que a lo largo de la historia han usado las amenazas, veladas o no, para amedrentar a millones de personas se llaman dictadores y generalmente son personas cobardes y acomplejadas que tienen mucho que esconder. Se trata de ezquizofrénicos que sienten, por turnos, delirios de grandeza y delirios de persecución.
El caso es que mientras me preparaba para escribir, un primo me envió este comunicado del Grupo Sur que da mucho más razones de las que yo quería dar.
Les invito a que lo lean, y si como yo, tienen miedo de que acabemos a expensas de un emulo de Napoleón o de Hitler, les suplico que copien y reenvíen este texto cuantas veces sea necesario.

Alto a la tentación dictatorial
Grupo Sur: Guillermo Almeyra , Cristina Barros , Armando Bartra , Marco Buenrostro , Elvira Concheiro , Héctor Díaz-Polanco , Javier Flores , Víctor Flores Olea , Gerardo de la Fuente , Arturo Huerta , Epigmenio Ibarra , Massimo Modonesi , Lucio Oliver , Carlos Payán , Consuelo Sánchez , John Saxe-Fernández y Gabriel Vargas Lozano
1 Las fuerzas de la derecha, representadas por Felipe Calderón, han dado muestras de un impulso autoritario que, de no ser detenido inmediatamente por la resistencia social, podría desembocar pronto en un régimen abiertamente totalitario. El gobernante impuesto se conduce como si hubiese obtenido una aplastante victoria electoral el pasado 2 de julio, y la ilegitimidad de la violencia que comienza a poner en juego podría dirigir al país hacia una dictadura.
Algunos síntomas de la proclividad al autoritarismo son los siguientes:
* La criminalización de la protesta social y el uso faccioso de leyes e instituciones para amedrentar a dirigentes sociales y a la población en general.
* La colocación de fuerzas del Ejército, vestidas de verde o camufladas de azul, en las calles de muy diversas zonas del país, mientras el señor Calderón se exhibe con atuendo militar.
* El control faccioso y mendaz de los medios de comunicación, de los que progresivamente se eliminan voces disidentes, al tiempo que se toman medidas persecutorias contra emisores que osan dar mínimo espacio a la crítica.
* El nombramiento, cínico y retador a la inteligencia social, de un gabinete en el que se incluyen violadores de los derechos humanos, ex funcionarios de funestos organismos internacionales, bandoleros corporativos y corruptos de amplia fama pública.
* La campaña desaforada de odio y estigmatización, que continúa la que echó a andar Vicente Fox en contra de Andrés Manuel López Obrador y el movimiento social que lo acompaña. La derecha no ahorra epítetos y groserías: "loco" o "mesías" son los términos más sutiles con que locutores y lisonjeros del poder suelen referirse al Presidente Legítimo de México.
* La represión contra quienes piensan diferente, que despunta en las oficinas gubernamentales. Comienzan a darse casos de acoso a servidores públicos y despidos por razones de preferencias políticas e ideológicas.
* La colusión del Poder Judicial con los poderes fácticos, como lo ilustra la escandalosa exhibición del, hasta hace poco, presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación con el todavía gobernador de Puebla, Mario Marín, y la "donación" de éste de un terreno al órgano judicial que debe juzgarlo.
El ataque, vía formulación presupuestal, a la educación, la ciencia y la tecnología, el campo, el desarrollo social y la cultura.
Como nunca antes en México, la tentación autoritaria del régimen asume un carácter abiertamente clasista, inclusive racista. Con tal de sostener los privilegios de las elites políticas y económicas, mantener contra viento y marea las instituciones e intereses del Imperio (que al parecer ya nombra directamente funcionarios en nuestro país), se es capaz de todo: matar, encarcelar, torturar y hacer ostentación de pactos con los grupos político-caciquiles.
Los integrantes del Grupo Sur hacemos un llamado a todos los ciudadanos democráticos, trabajadores, indígenas, jóvenes, mujeres, empresarios nacionalistas, intelectuales y estudiantes, a todos los que están siendo amenazados, excluidos y amedrentados por el bloque de la derecha, a movilizarnos para detener, de inmediato y de tajo, ese derrotero.
2. La violencia autoritaria de la derecha pretende sofocar la indudable fuerza, no sólo de la izquierda, sino de la sociedad que se organiza y los ciudadanos en general. La desesperación de la derecha es producida por:
La deslegitimación creciente de su modelo económico y de dominación. El régimen neoliberal sufre una profunda crisis de hegemonía, pues la mayoría del pueblo mexicano lo repudia, y la sustitución del respeto social por la adulación pagada en los medios no hace sino deslegitimar cotidianamente, aún más, las bases de su poder.
La creciente fuerza de la izquierda social que, en Oaxaca ejemplarmente, puede sostener un movimiento de resistencia durante meses y sobrevivir a un ataque estatal en toda regla. Fenómenos de tenaz resistencia se diseminan en todos los rincones del territorio nacional
* El sorprendente poder de convocatoria de Andrés Manuel López Obrador, que ha sido capaz de movilizar a millones de mexicanos contra la imposición y por un básico proyecto democrático.
El agotamiento del modelo neo-oligárquico en todo el subcontinente latinoamericano, que va dejando cada vez más aislado al régimen fondomonetarista de la derecha panista.
Es nuestra fuerza, no nuestra debilidad, la que hace soñar a la derecha con soluciones dictatoriales. Necesitamos volcar esa fuerza sobre las calles, sobre los medios, en los análisis y debates, para detener los delirios represivos de la derecha.
3. Poner un dique a la tentación dictatorial calderonista es acción inmediata que no riñe, sino al contrario, con la responsabilidad de construir un proyecto de nación alternativo. Sobre la base de impedir el desmantelamiento de lo que queda del Estado social mexicano, que debe unir todas las manifestaciones ciudadanas en resistencia, se requiere crear nuevos diseños económicos, institucionales y nuevas prácticas políticas que cristalicen en un México renovado, democrático, justo e incluyente.
Para ello se requiere impulsar un vasto proceso de autorganización de la sociedad que se enfrente, sobre todo, al modelo neoliberal excluyente. Los primeros meses de 2007 deben ser un periodo de entusiasta e imaginativo esfuerzo de organización.
El Grupo Sur considera que la unidad de propósitos de todas las fuerzas progresistas es una condición indispensable para la transformación del país. Todas las formas organizativas, todos los proyectos transformadores, las más variadas prácticas han de confluir en una coordinación compleja, en un bloque histórico que sea capaz de poner en acto el poder social frente a los mezquinos intereses privados.
Hacemos un llamado a la Convención Nacional Democrática, a la APPO, a la otra campaña, a las organizaciones del Diálogo Nacional y a las otras agrupaciones que se han dado en los sectores sociales resistentes a iniciar de inmediato un proceso de acercamiento y unidad, cimentado en un programa mínimo. El freno a la predisposición autoritaria del régimen debería ser, en lo inmediato, el primer punto de ese nuevo pacto.
Tlalpan, 10 de enero de 2007