
Bueno, recordarán los amigos de este espacio que hace un par de entregas escribí sobre los workaholic y mencioné, de pasada, que un artículo de Wikipedia consideraba que entre quienes sufrían este trastorno se encontraban los adictos al blog.
Fue entonces que en los comentarios la bella Ferípula me sugirió escribir sobre este tema y de inmediato mi cerebro empezó a buscar la hebra de la madeja para poder abordar el asunto de una manera medianamente inteligente.
De inmediato me dirigí a Wikipedia, segura de que la definición del neologismo blogger no estaría disponible más que en un espacio como éste.
Pues bien, lo primero que encontré es una obviedad: blogger, o bloggero, como le decimos en español, es aquel que sostiene un weblog.
Sin embargo, una vez que di el correspondiente click a la palabra weblog, encontré cosas mucho más interesantes.
De entrada, claro, dice que un blog es un website generado por un usuario, con entradas estilo bitácora, con un orden cronológico invertido y que provee comentarios o noticias sobre un tema particular como puede ser comida, política, noticias locales o diarios personales (nótese lo limitado del asunto, porque si la definición fuera un poco más precisa tendría que hacer una larga lista de etcéteras, ya que éstos son sólo algunos de los muchísimos temas que se tratan en las diferentes páginas).
También se menciona la inclusión de fotografías, video y música como parte de los blog y se explica que la raíz del término proviene de la contracción de las palabras en inglés web y log.
Un poco más adelante, la enciclopedia virtual narra un poco de la historia del blog, a partir del año 1994, y menciona que es Justin Hall, un estudiante de la universidad estadounidense Swarthmore, uno de los precursores de este tipo de espacios.
En este punto, hubo un dato curioso que llamó mi atención como periodista. Wikipedia menciona que en los albores del blog la mayoría de quienes participaban en espacios de este tipo se llamaban a sí mismos periodistas o escribanos. Se me ocurrió que quizá no fuera que se autoproclamaran reporteros, sino que realmente eran profesionales de los medios que se habían sentido cautivados, como yo, por la posibilidad de tener un espacio propio, donde no hubiera limitaciones en cuanto a líneas editoriales.
Por otro lado, pensé que en caso de que los primeros bloggeros no fueran periodistas profesionales, de cualquier manera merecían llamarse así, por ser cronistas de su tiempo como lo son ahora muchos de los que participan en este tipo de ejercicio.
En fin, el caso es que me leí la definición completa, que incluía el desarrollo del blog, pero no encontré ninguna explicación para abordar el tema de la adicción a este tipo de espacios, así que, para no variar, la única forma que hallé para explicar el asunto es mi propia experiencia.
Mi primer contacto con los blog data un par de años atrás y se lo debo a Pablo, un ex alumno que abrió una página para publicar su poesía, y a mi hermano Grimalkin el Bardo, quien instaló su Región 440 tiempo ha; sin embargo, en aquellos entonces, si bien atendí la invitación para asistir a las dos páginas, no me volví fanática del tema.
Fue hasta el año pasado, después de que salí de mi último trabajo de planta, cuando empecé a entrar nuevamente a Región 440. Las primeras veces, y como suele pasarme, me quedé cautivada con el estilo narrativo de mi hermano y a ello atribuí que poco a poco se me fuera haciendo el vicio de entrar sistemáticamente a su página. Después me enteré que también podía entrar a leer lo que escribía mi cuñada, Gaby del Río y el interés creció.
De pronto, descubrí que ya se me había convertido en una blogadicta, porque noche a noche prendía con desesperación la computadora, sólo para verificar si Gaby o Grimalkin habían publicado un texto nuevo.
Así, un buen día, decidí apretar el botoncito que decía Blogger, sólo por la curiosidad de ver cómo era que se abría un espacio de este tipo. Y la curiosidad mató al gato, dice el dicho, así que cuando me di cuenta, ya había abierto Zona Infinita.
Les confieso que de entrada me dio un poco de miedo, porque siempre he sido un tanto indisciplinada para escribir. Pero por otro lado me dije, “este puede ser el motivo que te haga sentarte frente a la computadora sistemáticamente y obligarte a seguir desarrollando el oficio”.
Alguna vez el director de un afamado periódico mexicano me dijo que un estudiante había llegado hasta él pidiéndole que lo dejara escribir. La respuesta del director fue: “¿Quieres escribir? Pues escribe”. Y lo primero que pensé era que mi blog me daría la posibilidad de seguir esta receta. Creo que hasta ahora no me he equivocado y en ese sentido me ha sido de gran utilidad este espacio.
Lo que sí nunca pensé fue que hubiera alguien interesado en leer mis experimentos, y eso ha sido todo un descubrimiento para mí, pues hasta antes de Zona Infinita yo había publicado textos en periódicos y revistas para lectores que yo imaginaba que existían pero que casi nunca respondían a mis escritos.
Sin embargo, no ha sido acumular lectores, sino el deseo de escribir lo que me ha hecho adicta al blog. Además, descubrí un placer del que Grimalkin me había hablado y que he experimentado en carne propia: Una página personal nos da la posibilidad no sólo de hacer un texto sin límite de temas o espacios, sino que podemos editarla, ponerle fotos y agregar todo aquello con que a uno le gustaría aderezarla. Es como tener un periódico o una revista hecha a la medida y eso para mí siempre será un motivo de gozo.
Pero no sólo eso, ahora he desarrollado un vicio alterno, que es el de entrar casi cada noche a recorrer blogs que he ido descubriendo y me gustan por diferentes motivos. Por supuesto, el paseo nocturno inicia siempre con Región 440, bajo la impecable batuta de Grimalkin, Los Textos de Gaby del Río y la página de mi pequeño Ghost Boy, a quien le sigo la pista paso a paso.
Después, una visita que se me ha vuelto placenteramente obligada es al espacio del Fantasma de la Libertad, que siempre me cimbra con la manufactura impecable de sus textos y la profundidad de sus análisis; me doy una vuelta con mi amiga Ilne, y su visión siempre artística de las cosas y visitó más tarde a Isaura, que me asombra por esa mezcla de profundidad y buen humor con que dota a sus textos.
El recorrido prosigue con Boris, y su defensa férrea y sensible de los derechos humanos, me cargo de buenas vibraciones y de energía femenina en los blogs de Feri, Palita y Norka, le doy su visita a mi querida Apologista, y su estilo joven e inteligente de escribir, paso por Tertulias Bohemias para seguir el rumbo de cada texto, y voy descubriendo nuevos espacios que me gustan como los de Gustavo, Carlos, Diego y Cápsula del Tiempo, entre muchos otros.
El caso es que, hoy por hoy, no sé si es escribir o leer lo que me ha recrudecido la adicción por los blogs, pero la tengo.
Lo noto porque después de cenar, cuando ya se fueron mis hijos a dormir y mi esposo disfruta del ratito de silencio que priva en la casa leyendo o viendo la televisión, yo corro a la máquina, cafesito en mano, dispuesta a leer, y a veces a escribir. El caso es que no me puedo ir a la cama sin haber pasado aunque sea un rato conectada al blog.
La verdad es que empiezo a pensar que si sigo así, seré la precursora del primer grupo “blogadictos anónimos” porque me he dado cuenta que cuando estoy paseando por la bloggosfera o inyectando mi Zona Infinita con otros textos, entro en un estado de concentración tal que no me doy cuenta del paso de las horas ni de si explota una bomba a mi lado.
Si eso es ser workaholic, como dice Wikipedia, me confieso culpable.
¿Qué dicen ustedes?
Fue entonces que en los comentarios la bella Ferípula me sugirió escribir sobre este tema y de inmediato mi cerebro empezó a buscar la hebra de la madeja para poder abordar el asunto de una manera medianamente inteligente.
De inmediato me dirigí a Wikipedia, segura de que la definición del neologismo blogger no estaría disponible más que en un espacio como éste.
Pues bien, lo primero que encontré es una obviedad: blogger, o bloggero, como le decimos en español, es aquel que sostiene un weblog.
Sin embargo, una vez que di el correspondiente click a la palabra weblog, encontré cosas mucho más interesantes.
De entrada, claro, dice que un blog es un website generado por un usuario, con entradas estilo bitácora, con un orden cronológico invertido y que provee comentarios o noticias sobre un tema particular como puede ser comida, política, noticias locales o diarios personales (nótese lo limitado del asunto, porque si la definición fuera un poco más precisa tendría que hacer una larga lista de etcéteras, ya que éstos son sólo algunos de los muchísimos temas que se tratan en las diferentes páginas).
También se menciona la inclusión de fotografías, video y música como parte de los blog y se explica que la raíz del término proviene de la contracción de las palabras en inglés web y log.
Un poco más adelante, la enciclopedia virtual narra un poco de la historia del blog, a partir del año 1994, y menciona que es Justin Hall, un estudiante de la universidad estadounidense Swarthmore, uno de los precursores de este tipo de espacios.
En este punto, hubo un dato curioso que llamó mi atención como periodista. Wikipedia menciona que en los albores del blog la mayoría de quienes participaban en espacios de este tipo se llamaban a sí mismos periodistas o escribanos. Se me ocurrió que quizá no fuera que se autoproclamaran reporteros, sino que realmente eran profesionales de los medios que se habían sentido cautivados, como yo, por la posibilidad de tener un espacio propio, donde no hubiera limitaciones en cuanto a líneas editoriales.
Por otro lado, pensé que en caso de que los primeros bloggeros no fueran periodistas profesionales, de cualquier manera merecían llamarse así, por ser cronistas de su tiempo como lo son ahora muchos de los que participan en este tipo de ejercicio.
En fin, el caso es que me leí la definición completa, que incluía el desarrollo del blog, pero no encontré ninguna explicación para abordar el tema de la adicción a este tipo de espacios, así que, para no variar, la única forma que hallé para explicar el asunto es mi propia experiencia.
Mi primer contacto con los blog data un par de años atrás y se lo debo a Pablo, un ex alumno que abrió una página para publicar su poesía, y a mi hermano Grimalkin el Bardo, quien instaló su Región 440 tiempo ha; sin embargo, en aquellos entonces, si bien atendí la invitación para asistir a las dos páginas, no me volví fanática del tema.
Fue hasta el año pasado, después de que salí de mi último trabajo de planta, cuando empecé a entrar nuevamente a Región 440. Las primeras veces, y como suele pasarme, me quedé cautivada con el estilo narrativo de mi hermano y a ello atribuí que poco a poco se me fuera haciendo el vicio de entrar sistemáticamente a su página. Después me enteré que también podía entrar a leer lo que escribía mi cuñada, Gaby del Río y el interés creció.
De pronto, descubrí que ya se me había convertido en una blogadicta, porque noche a noche prendía con desesperación la computadora, sólo para verificar si Gaby o Grimalkin habían publicado un texto nuevo.
Así, un buen día, decidí apretar el botoncito que decía Blogger, sólo por la curiosidad de ver cómo era que se abría un espacio de este tipo. Y la curiosidad mató al gato, dice el dicho, así que cuando me di cuenta, ya había abierto Zona Infinita.
Les confieso que de entrada me dio un poco de miedo, porque siempre he sido un tanto indisciplinada para escribir. Pero por otro lado me dije, “este puede ser el motivo que te haga sentarte frente a la computadora sistemáticamente y obligarte a seguir desarrollando el oficio”.
Alguna vez el director de un afamado periódico mexicano me dijo que un estudiante había llegado hasta él pidiéndole que lo dejara escribir. La respuesta del director fue: “¿Quieres escribir? Pues escribe”. Y lo primero que pensé era que mi blog me daría la posibilidad de seguir esta receta. Creo que hasta ahora no me he equivocado y en ese sentido me ha sido de gran utilidad este espacio.
Lo que sí nunca pensé fue que hubiera alguien interesado en leer mis experimentos, y eso ha sido todo un descubrimiento para mí, pues hasta antes de Zona Infinita yo había publicado textos en periódicos y revistas para lectores que yo imaginaba que existían pero que casi nunca respondían a mis escritos.
Sin embargo, no ha sido acumular lectores, sino el deseo de escribir lo que me ha hecho adicta al blog. Además, descubrí un placer del que Grimalkin me había hablado y que he experimentado en carne propia: Una página personal nos da la posibilidad no sólo de hacer un texto sin límite de temas o espacios, sino que podemos editarla, ponerle fotos y agregar todo aquello con que a uno le gustaría aderezarla. Es como tener un periódico o una revista hecha a la medida y eso para mí siempre será un motivo de gozo.
Pero no sólo eso, ahora he desarrollado un vicio alterno, que es el de entrar casi cada noche a recorrer blogs que he ido descubriendo y me gustan por diferentes motivos. Por supuesto, el paseo nocturno inicia siempre con Región 440, bajo la impecable batuta de Grimalkin, Los Textos de Gaby del Río y la página de mi pequeño Ghost Boy, a quien le sigo la pista paso a paso.
Después, una visita que se me ha vuelto placenteramente obligada es al espacio del Fantasma de la Libertad, que siempre me cimbra con la manufactura impecable de sus textos y la profundidad de sus análisis; me doy una vuelta con mi amiga Ilne, y su visión siempre artística de las cosas y visitó más tarde a Isaura, que me asombra por esa mezcla de profundidad y buen humor con que dota a sus textos.
El recorrido prosigue con Boris, y su defensa férrea y sensible de los derechos humanos, me cargo de buenas vibraciones y de energía femenina en los blogs de Feri, Palita y Norka, le doy su visita a mi querida Apologista, y su estilo joven e inteligente de escribir, paso por Tertulias Bohemias para seguir el rumbo de cada texto, y voy descubriendo nuevos espacios que me gustan como los de Gustavo, Carlos, Diego y Cápsula del Tiempo, entre muchos otros.
El caso es que, hoy por hoy, no sé si es escribir o leer lo que me ha recrudecido la adicción por los blogs, pero la tengo.
Lo noto porque después de cenar, cuando ya se fueron mis hijos a dormir y mi esposo disfruta del ratito de silencio que priva en la casa leyendo o viendo la televisión, yo corro a la máquina, cafesito en mano, dispuesta a leer, y a veces a escribir. El caso es que no me puedo ir a la cama sin haber pasado aunque sea un rato conectada al blog.
La verdad es que empiezo a pensar que si sigo así, seré la precursora del primer grupo “blogadictos anónimos” porque me he dado cuenta que cuando estoy paseando por la bloggosfera o inyectando mi Zona Infinita con otros textos, entro en un estado de concentración tal que no me doy cuenta del paso de las horas ni de si explota una bomba a mi lado.
Si eso es ser workaholic, como dice Wikipedia, me confieso culpable.
¿Qué dicen ustedes?










