
Hace apenas unos días, el actor mexicano Héctor Suárez Gomis habló de este tema en un ingenioso texto que compartió con sus amigos en Facebook. En su artículo, Gomis se refirió a este problema con simpatía, pero al mismo tiempo con la sabiduría del que ha tratado de salir ileso, sin lograrlo, después de ser atacado con estas dos interrogantes femeninas.
De ahí que pensé en la conveniencia de escribir un texto desde el punto de vista femenino que ayudara a los hombres a medio entender el complejo razonamiento que nos lleva a las mujeres a hacer estas preguntas.
La labor, quiero decirles, ha sido titánica.
Empecé, claro, imaginando el hecho mismo, el momento en que uno, como mujer, hace estas preguntas, lo que responden los hombres y las tormentas que se generan después.
- ¿Cuál de estos vestidos me pongo?, dice uno como mujer
- Ponte el verde.
- O sea que el negro no te gusta.
- No, no, sí me gusta, pensé que quizá sería mejor el verde.
- No. No te gusta el negro, y no me lo habías dicho hasta hoy.
- Bueno, ponte el negro.
- ¿O sea que no te gusta el verde?
La mujer se queda enojada y el hombre se queda con cara de what?
Caso B
- ¿Me veo gorda?
- Te ves muy bien.
- ¡Ay, por favor, cómo vas a decir eso! Mira estas llantas, mira esta barriga.
- Yo te veo perfecta, me gustas mucho.
- No me mientas.
- Pero si no te estoy mintiendo.
- ¡Claro que me estás mintiendo!, sabes que me veo mal y no me quieres decir.
- Pero…
Y lo que sigue a continuación generalmente es una discusión que puede adquirir los más variados matices.
Aquí fue donde la labor se puso color de hormiga y donde caí en cuenta que, en efecto, las mujeres somos más complicadas de lo que parecemos a primera vista y que entendernos no es cosa fácil.
Me pregunté, en el Caso A, ¿por qué interrogo a mi marido sobre cual ropa opina que debo ponerme?
De entrada, si quisiera justificarme (cosa que no pretendo) diría que lo hago como un detalle para que él sepa que me importa su opinión y que quiero estar tan bonita como él desee.
Pero, siendo honesta, la verdad es que cuando le pregunto a él qué vestido debo ponerme, ya está casi decidida en mi mente la opción que me gusta más y sólo estoy buscando una confirmación de su parte.
Por supuesto, como mi marido aún no desarrolla capacidades de adivino, la mayoría de las veces yerra en su respuesta y me sugiere vestir con la opción que menos me gusta… he ahí donde empiezan los problemas.
Por otra parte, a veces sucede que él acierta y me dice la opción que me gusta, pero tampoco quedo del todo satisfecha… y lo peor es que ni siquiera sé por qué.
Por lo tanto, no tengo una respuesta concreta.
Sugerencia para los hombres de la audiencia: Quizá serviría si, después de que les hacemos la incómoda pregunta del Caso A, nos contesten con algo así: ¿Y cuál opción te gusta más a ti? Porque yo veo los dos vestidos muy bonitos y te sientan a la perfección. Este resalta más tus senos, y aquel te hace ver unas caderas espectaculares…
Pero no me hagan mucho caso, porque ni siquiera estoy segura de que esto sirva. Si hacen el experimento, me cuentan.
En cuanto al caso B, aún más complicado que el A, me pregunté, ¿a qué viene esta manía de preguntar si estoy gorda?
Bueno, no sé si es así en todos los casos, pero en el mío, generalmente es porque me siento insegura en el momento que lo pregunto y generalmente la interrogante correcta, que incluyera lo que realmente estoy pensando, debería ser de una de estas dos maneras:
Insisto, este es mi caso. Sería una osadía pretender que en todos los casos sea así, porque de por sí las mujeres somos complicadas y si a eso le agregamos que cada cabeza es un mundo, la cosa se puede poner fea.
Sugerencia para los hombres de la audiencia: Tal vez la respuesta correcta a esta difícil pregunta sería, Yo te veo perfecta ¿por qué te sientes insegura si te ves fenomenal?
Claro, muy probablemente la respuesta tenga que ver con ustedes y no les guste, pero al menos abreviarán la guerra que ya se ve venir.
Sugerencia para mujeres de la audiencia: Amigas, después de este exhaustivo repaso a mi complicado cerebro llegué a la conclusión que a veces deberíamos hablar más claramente y esperar menos que nos adivinen el pensamiento.
¿O qué opinan ustedes?