jueves, enero 10, 2008

De una hija a un papá


Esta vez no es mi pluma la que escribe. Esta vez es la de mi hermana Gabriela, quien tuvo mucho más valor y sabiduría que yo para enfrentar el dolor de perder a mi padre.

Pedí su permiso para bajar este texto, y generosa como es, me lo concedió.

Decidí hacerlo porque si bien esta es la visión del padre que a ella le tocó vivir, tiene muchas coincidencias con el que viví yo. Especialmente el Papá Trueno, el Papá Sordo, el Papá León, el Papá Niño.

Es un texto bellísimo, sublime, con el que he llorado mucho, pero doy por bien derramadas cada una de mis lágrimas.

Por lo demás, quiero aprovechar para presumirles a esta hermana mía, comunicadora, maestra, quien sin saberlo ha sido una inspiración para mí en muchas ocasiones.

Yo estoy tratando de escribir un texto de lo que me pasa por el corazón en estos momentos, pero tendrán que esperarme.

Por ahora, disfruten éste que es bellísimo.




En la tarde

Gabriela del Río



8 de la mañana
En las horas de tu tiempo llegué a las 8 de la mañana, Papá Grande. Soy tan pequeña que no hay mucho que ver, tal vez indagaste en mis rasgos para encontrar algun parecido, pero eso aún es incierto. No puedo mirarte bien, mis párpados todavía están hinchados, pero mis oídos alcanzan a escuchar tu voz de trueno, ¡otra niña!

10 de la mañana
Estoy sentada frente a la mesa de un café. Mis pies cuelgan y los balanceo con insistencia; procuro estar callada para no interrumpir la conversación que Papá Sueños sostiene con Mamá. Los ojos de él vislumbran un futuro luminoso. Los ojos de ella lo miran y le creen. Los míos no se apartan de ese rostro recio, de esos ojos intensos, anhelando que se vuelvan hacia mí. "Mírame, mírame" pienso con firmeza pero mi conjuro no surte efecto. En el adiós apresurado, Papá Sueños apenas me regala un sonrisa divertida y una breve caricia en la frente.

10:30 de la mañana
El cuerpo de Mamá me protege del cinturón que amenaza con golpearme. Frente a nosotras se alzan las figuras de mi hermana de piel blanca, de mi Abuela Nomegustanlosmorenos y de Papá Sordo. El miedo mantiene fuertemente cerrados mis labios, pero mi interior grita. "¡Háblame, pregúntame, escúchame, Papá Sordo. Mírame, mírame!".

11 de la mañana
Voy en el asiento trasero del coche. Muy quieta, intento no hablar, no moverme, no molestar para no despertar la ira de Papá León. Me bastaría con que en un alto volteara hacia atrás y me mirara a los ojos.

12:30 de la tarde
La única Nochebuena que recordaré en su compañía es ésta. Mi hernana Muy Blanca tiene novio. Hay que confesarlo y hacer las presentaciones. Empieza el ruido, las preguntas, los reclamos. Después, el ruido se convierte en estruendo. Papá Trueno grita, vocifera, manotea, amenaza. Mamá explica, concilia, suplica, pero los gritos continúan hasta que cae, implacable, la voz de Mamá que, a veces, tambiés es Trueno. La calle recibe al hombre furioso y yo me quedo tras la puerta cerrada. Hoy tampoco me miró.

1,2,3, 4 de la tarde
Leo con pasión, rompo reglas y ventanas, tomo café, protesto con rabia, beso a algunos, me amigo con algunas, grito en las calles, canto a Serrat, trabajo con miedo, conozco el amor, renuncio y respiro... pienso en ti.

5 de la tarde
Miro, incrédula, a este bebé durmiendo con la paz que nunca antes había conocido. Su rostro de manzana me habla del amor más dulce, del calor más tierno. Vuelvo a creer en Dios. Papá Asustado tardó mucho en conmoverse con esta ternura de talco y aceite. Ahora menos que nunca le pediría que me mirase. ¿Algún día comprenderá que la vejez es el precio de estar vivo?

6:50 de la tarde
Hoy más que nunca necesito que me mires. Mamá Paloma se fue. Papá Turbado está en deuda con ella y sus ojos van del féretro a la pregunta, de la pregunta al respeto, del respeto al adiós. La Paloma ha dejado tras de sí un camino sembrado de risas para que siempre la recordemos.

7 de la noche
Mis brazos vuelven a ser cuna. "La paloma canta en el olivo, cállate palomita que duerma mi niño..." A pesar del arrorró mi niño no cierra sus ojos, me mira atentamente y entonces juro por Dios que siempre miraré a los ojos de mis Hijos Viento, de mis Hijos Cielo, de mis HIjos Sol.

9:30 de la noche
Estoy parada en un tunel oscuro y frío. Tengo mucho miedo. Mírame, por favor, mírame, que mi Esposo Lobo, fiel y solitario, se fue sin decir adiós. No entiendo lo que pasa ni por qué. Un viento helado, que trae consigo sangre y soledad, me golpea de frente. Muchas voces, manos, brazos me consuelan. La voz de Papa Ternura también lo hace, pero hoy tampoco me miró a los ojos.

11:20 de la noche
Entro al bosque de altos árboles, busco el lugar más apartado. Cuando lo encuentro, caigo de rodillas y comienzo a llorar; primero las lágrimas duelen, laceran, pero poco a poco, del centro de mi cuerpo sube la ira guardada en tantas horas de este tu día. Mi voz se convierte en el grito del odio y el rencor.
¡Muere, muere! Golpeo con la fuerza del dolor y arranco la tierra con mis manos para cavar la tumba en donde quepa bien el hombre que estoy matando. Quiero que sea muy profunda y así la hago, en ella entierro de una vez y para siempre a Papá León, a Papá Trueno, a Papá Sordo. Pasan minutos y minutos y el llanto sigue. Es necesario un río de lágrimas para limpiar los despojos del rencor que la tierra y el lodo han removido...
Limpia y curada vuelvo sobre mis pasos y dejo tras de mí, en el olvido, una tumba. Aunque tú no lo sabes, voy a tu encuentro... Papá Bueno.

23:40 de la noche
Los pies cansados se arrastran muy despacio. Pone su mano sobre mi hombro y me convierto en lazarillo. Papá Niño se deja guiar. Sonrientes, nos sentamos frente a la mesa de un café. Miro sus ojos apagados, sus ojos sin luz y entonces me doy cuenta de lo que sucede: por fin, por primera vez, detrás de ese velo de sombras ¡me está mirando! Me mira una y otra vez, pregunta y escucha, escucha y calla... y me mira, me mira, me mira por largos segundos, por gloriosos minutos. Benditos los ojos que, sin ver, hoy me miran mejor que nunca.

23:58 de la noche
No te vayas, no me dejes ahora que nos hemos mirado.

23:59 de la noche
Perdóname. Atraviesa por fin la noche, que del otro lado encontrarás al sol.

24 horas
Gracias, Papá Luz.
Adiós, Papá Niño.
Hasta que nos volvamos a reunir frenta al calor de una taza de café, Papá Poeta.

2 comentarios:

Brisa del Río dijo...

GABISITA: ESTOY ORGULLOSA DE TI, DE ESA MANERA DE PODER DECIRLE TODO A LA VEZ, PERO QUE DESDE EL INICIO LO QUE QUERIAS DECIRLE SIEMPRE ERA: TE AMO PAPÁ; Y TUVISTE LA ESPERANZA DE QUE ALGÚN DÍA LLEGARÍA ESA MIRADA PROFUNDA QUE VIENE DEL ALMA Y QUE GRACIAS A DIOS PUDISTE VERLA, A ESO YO LE LLAMO FE. DICHOSA TÚ. TE AMA TU HERMANA LA LOQUITA PERO SIMPATICA.

ElPoeta dijo...

Hola, mi amiga querida. Paso sólo un momento a decirte que estoy celebrando la entrada número 100 de mi blog con unos versos dedicados a todos mis lectores. Un beso y mi cariño,
V.