Yo llevo días intentando responder a esta interrogante cada mañana, cuando abro mi correo y me encuentro de 15 a 20 mensajes de este tipo enviados diariamente por amigos y familiares.
Cuando me llegó el primero, hace mucho tiempo ya, pensé que era un buen detalle. No recuerdo el mensaje, quizá me pareció un poco cursi, pero decidí confiar en que la persona que me lo había enviado no me incluyó por error en la larga lista de destinatarios a quien el correo había sido dirigido. Sentí que yo era especial, que me recordaban con cariño, e incluso lo guardé por un tiempo, como una forma secreta de agradecer al remitente.
Poco a poco me fueron llegando más presentaciones en power point. En algunas ocasiones los títulos de los mensajes anunciaban, “está hermoso”, “no lo olvides nunca”, “algo que siempre debemos tener presente”, “bellísimo”, y yo, confiada, los abría, tan sólo para encontrarme, una vez más, con musiquillas melosas y mensajes del tipo de “si amas algo, déjalo libre; si regresa, es tuyo; si no, nunca lo fue”, los cuales, por si la cursilería de las primeras líneas no fuera suficiente, estaban aderezados con otras que advertían: “este mensaje quiere decir que alguien te recuerda. Tómate dos minutos y reenvíalo a quienes consideres especiales para ti”.

Después, me empezaron a llegar otras presentaciones de power point con amonestaciones religiosas, de esas que después de leerlas lo hacen sentir a uno el peor pecador del mundo: “porque Dios sólo espera una respuesta de tu parte, por ejemplo, que reenvíes esto… Y si puedes enviar otros mensajes sin sentido, con chistes y cosas superfluas, ¡cómo es posible que no puedas dedicar un momento a enviar este mensaje!”.

También me llegaron chistes en power point, la mayoría bastante ñoños, que además se robaban sin pena imágenes de Garfield, de Los Simpson y otros personajes animados que andan circulando por la red.
Alguna vez me llegó uno con exceso de moralina, que pretendía “crear conciencia” sobre el aborto. Éste de plano sí me hizo enojar, tanto como me han hecho enojar los que mandan tratando de crear tendencias que favorezcan a títeres de algunos partidos políticos mexicanos a todas luces repulsivos, como el PAN y el PRI.
En medio de este envío masivo de presentaciones en power point, yo he aprendido a distinguir a los remitentes: Tengo amigos que sé que me mandan uno de vez en cuando, seleccionado especialmente para mí y algunas cuantas personas más, y me siguen haciendo sentir especial; pero tengo otros que, sin filtro de por medio, me hacen llegar todo lo que cae en sus correos, llámese chiste vulgar, amonestación religiosa o ecológica, mensajito cursi, panfleto feminista o machista, discursos de superación personal y hasta imágenes de hombres desnudos. Aunque, debo reconocer, estos últimos son mensajes que sí agradezco siempre, y hasta los llego a guardar, porque al menos me recrean la pupila.
El caso es que después de tanto power point, he llegado a la conclusión de que quien creó este tipo de sistema para molestar vía correo electrónico es un sádico. Entiéndase, no me refiero a una mente maestra, creadora de un plan maquiavélico, sino a un personaje del tipo de Cerebro, el de Pinky, que sentó un día frente a su computadora, con su baja estatura mental, a “tratar de dominar al mundo”.
¿O qué opinan ustedes?