Lo cierto es que este fue un año de duelo. Un año en que muchas veces sentí que caminaba cuesta arriba, cargando el inmenso peso de la tristeza y las profundas reflexiones sobre la vida que tuve que hacer.
Pero entonces, cuando la tristeza amenazaba con un hundirme en un pozo oscuro, recordaba aquella vez, cuando niña, que me levanté llorando a gritos después de soñar que mi papá era un rebelde de la Revolución Mexicana, con cananas y sombrero, al que asesinaban de un disparo.
El sueño me había provocado tal nivel de angustia que apenas desperté corrí a sus brazos, llorosa, y le conté la pesadilla que había tenido.
Contrario a lo que pensaba que iba a suceder, mi papá no se unió a mi angustia . Me dijo, simplemente, “ya no sueñes esas cosas” y cerró el tema.
Porque sí, a mi papá no le gustaban las tristezas gratuitas, los duelos prolongados ni que la gente perdiera la oportunidad de vivir pensando en la ausencia de sus seres queridos.
Era enemigo de visitar los panteones, y siempre que hablaba de sus padres y su hermano, que se le adelantaron en el camino, lo hacía con la alegría de lo que pudo vivir a su lado y no con el pesar de ya no tenerlos.
Por eso, en su memoria, traté de hacer de este año un espacio para crecer.
Bajé de peso, probé otras áreas de trabajo, recuperé amigos, celebré todo lo que había que celebrar y aproveché para valorar cada uno de los seres maravillosos que me acompañan en la vida.
Tuve que asumir que la guía de mi papá ya no estaba ahí, al alcance de la mano, y que desde ya muchas de las decisiones que tomaba después de consultarlo, correrían por mi cuenta.
Me di cuenta de que no siempre el que dice que es un amigo lo es, y que muchas veces el cariño, el apoyo y el reconocimiento vienen de quien menos uno se lo espera y hay que retribuirlos con creces.
Inicié, con pasos tambaleantes, mi novela, y trabajé para mejorar como profesionista y poder tener un mejor futuro.
Amé a mi esposo más aún de lo que lo he amado siempre, porque en medio de mi crisis personal, y de la que él vivió con su familia por la salud de su padre, se mantuvo a mi lado firme, como un roble.
Por eso mañana, al despedir el 2008, trataré de sonreír y de enfocarme en la certeza de que la luz de mi papá me acompañará y me dará la fuerza para que este 2009 pueda cumplir propósitos como dejar de fumar y avanzar en mi novela; ser una mejor esposa y madre y querer a todos los seres maravillosos que iluminan mi vida.
Por lo pronto, hoy sé que Don Gabriel me acompaña en este deseo que haré manifiesto a todos mis amigos bloggeros y los silenciosos que se dan cita en este espacio: Que el 2009 no sea un año de crisis, sino de crecimiento y abundancia en todos los sentidos.
Una sonrisa permanente y perseverancia pueden ser la clave para ir contra los pronósticos desalentadores con que quieren infundirnos miedo.
Fantasma, Ixis, Norkita, Evan, Carlos, Angie, Poeta, Feri, Carmeliux, Dulce: Los tendré en el corazón con cada campanada… ¡Salud, amor y prosperidad para ustedes!
Papi: Como siempre, tu luz será mi guía y yo lucharé por seguir siendo un orgullo para ti.
Oli: Gracias, amor… simplemente, gracias por no dejarte caer y por protejerme en medio del vendaval.
¡Feliz Año 2009 para todos!