lunes, diciembre 22, 2008

Carta a Santa



Cuando niña, el mayor placer de la Navidad lo constituía, sin duda, la espera y posterior llegada de Santa Claus.
Y no, para mí no llegaba Papá Noel, ni San Nicolás, ni el Viejo Pascuero, ni siquiera Santa Clós (la versión castellanizada del famoso viejito de los regalos), sino, simplemente, Santa Claus… el anhelado Santa Claus.
Por eso, yo empezaba los días 24 de diciembre siempre de la misma forma, con una enorme expectativa y haciendo un sinfín de reflexiones: ¿me habré portado bien este año? ¿Hice todas las tareas que me fueron encomendadas? ¿Molesté demasiado a mi hermano? ¿Contará como punto malo el día aquel en que rompí el vaso que debía llevar a la cocina?
Como se comprenderá, no quería que Santa dejara al pie de mi árbol la piedra envuelta o el cuerno retorcido, que según mi mamá eran los regalos que el viejecillo tenía reservados para los niños que habían tenido mala conducta a lo largo del año.
Generalmente, las horas del 24 de diciembre pasaban lentas, y no ayudaba mi manía de correr cada tanto a revisar nuevamente la lista de regalos que había elaborado: “… y me traes una muñeca comiditas, y un hornito mágico, y un jueguito de té, y unos patines, y un juego de química y una máquina de escribir de juguete”.
Tampoco ayudaban, claro, mis fantasías de Santa llegando a mi árbol y dejando absolutamente todos mis caprichos e incluso algún regalo sorpresa que yo no hubiera contemplado.
Por lo tanto, para la hora de la cena, me sentía desesperada. Yo trataba de concentrarme en la celebración, pero generalmente mi mente estaba distraída haciendo cuentas de los minutos que faltaban para la llegada de Santa y con la misma duda de cada año: “¿y si no viniera? Digo, no sería ésta la primera vez. Tengo amigos a los que nunca visita y este año hemos salido demasiado de la casa, puede ser que creyera que ya no vivimos aquí. O a lo mejor perdió la dirección, con tantos niños a los que tiene que visitar. O a lo mejor cree que me porté muy mal y entonces decide que traerme un cuerno retorcido o una piedra envuelta sería demasiado para mí”.
Cuando ya estaba acostada en mi cama, la duda se convertía en una certeza: “Sí, sí, seguro que Santa no vendrá. ¡Pero cómo pude ser tan tonta de imaginar que vendría con la manera en que le contesté a mi mamá la otra vez!”.
Y de pronto, oía la voz de mi hermano, que al parecer llevaba el mismo tiempo que yo hundido en reflexiones similares.
- Oye, ¿puedes dormir?-, peguntaba
- No.
- Yo tampoco.
- ¿Crees que venga?
- Pues no sé.
- ¿Te portaste bien?
- Creo que sí ¿y tú?
- Pues creo que también.
- Aunque quién sabe que sea portarse bien para Santa ¿no?
- Siento mariposas en el estómago por los nervios.
- Yo también. ¿Me hablas cuando te despiertes?
- Sí.
Y de repente, como por arte de magia, nos quedábamos dormidos. Yo siempre pensaba que los polvos para el sueño que mi mamá decía que empleaba Santa eran realmente efectivos.
Sin embargo, el tiempo que dedicábamos a dormir esa noche no era muy prolongado, pues a eso de las cinco de la mañana ya estaba yo de pie, con la adrenalina a tope, y levantando a mi hermano que también se paraba de la cama como impulsado por un resorte.
- Cerremos los ojos-, le propuse alguna vez
- ¿Para qué?
- Ah, pues porque así será más emocionante cuando lleguemos al árbol y así podemos tratar de adivinar si estuvo aquí o no.
- Está bien.
Desde entonces, emprendíamos la marcha a ojos cerrados y con las manos hacia el frente para tratar de evitar algún obstáculo que se apareciera en el camino.
Al llegar a la sala, las luces del árbol se nos colaban por los párpados cerrados, y ambos deducíamos que aquello, de entrada, era una buena señal, porque nuestros papás no acostumbraban dejar el árbol encendido.
Ahora, había que aspirar el aroma.
- ¿A qué huele?
- A mí me huele como a plástico nuevo.
- ¿Estás seguro?
- Sí.
- Bueno, entonces abramos los ojos, una, dos, tres…
Y sí, siempre estaban ahí, no todos los juguetes, pero unos perfectamente seleccionados que nos llenaban de una emoción indescriptible y que nos hacían correr hacia la cama de mis papás para despertarlos a gritos.
Ellos, despeinados y aturdidos, hacían grandes esfuerzos por emocionarse con nosotros y poner atención a nuestras explicaciones sobre las enormes ventajas que tenían cada uno de los regalos que Santa nos había traído.
Eso, claro, hasta que suplicaban que nos fuéramos a dormir, después de concedernos el permiso de llevarnos todos nuestros nuevos juguetes a la cama.


Hace muchos años que dejé de escribir a Santa, a pesar de que lo he extrañado mucho. Me hice grande, adulta, seria y llena de obligaciones.
Sin embargo, este año decidí repetir la experiencia. Me gustaría pedir juguetes, claro, porque me siguen gustando tanto como cuando era niña, pero como hay otra larga lista de deseos que me gustarían para mí y mis seres queridos, y tampoco se trata de volver loco a Santa, decidí limitarme a hacer una cartita pequeña y significativa, segura de que él tratará de cumplirla.
Después de todo, me he portado bien este año… eso creo.

Querido Santa:
¿Cómo estás?… Creo que yo me he portado bien.
Este año, quiero pedirte como antes: amor, salud y abundancia de dinero, trabajo y éxitos para mí, mi esposo Olivier, mis hijos Andrés y Daniel, mi mamá, mis suegros, mi hermano Gabo, su esposa Gaby y sus hijos, Sealtiel y Kris; mi hermano Américo y su novia Myrna, mis cuñados Adán y Pera y sus familias, y todos mis amigos.
Si puedes, también quiero sabiduría y paciencia para encarar los retos que me ha impuesto la vida, y alegría para seguir adelante cada mañana.
Si me traes varios viajecitos en el año 2009, unos a playas y otros al extranjero, te lo voy a agradecer infinitamente.
Y no quiero pedir mucho, pero de ser posible, trae una dosis extra de felicidad para que Norkita se recupere de la pérdida que tuvo recientemente. Mucha alegría para la nueva casa de Isaura. Otra oleada de éxitos para Carlitos y Evan. Mucha paciencia, trabajo y éxitos para Carmelita. Mucha fuerza para Angie. Y una publicación con bombo y platillo para mi amigo Fantasma, que se merece eso y más.
Y ya… Gracias de verdad, Santa, por la atención que le prestes a esta carta y por las muchas, pero muchas Navidades en las que me has hecho feliz.
Con cariño
Taito

5 comentarios:

Evan dijo...

AY gracias por pedirle Papá Noel por nosotros, sos un amor Tai!

Yo también le pido que Norki se recupere de su pérdida.

Felicidades, mis mejores deseos para vos y toda tu familia!!!

Muchos besos!

Isaura dijo...

Mil gracias por los buenos deseos Tay, que se te regrese la buena vibra multiplicada por N...
Te deseo que esta Navidad puedas divertirte mucho y que hay mucha paz interior en tu familia.
Un abrazote para todos y en especial para ti mujer!

.:*:. Ferípula .:*:. dijo...

Preciosa Carta..
Espero de todo corazón que se cumplan todos tus deseos.

Te mando un fuerte abrazo!
Siempre te recuerdo ♥

ElPoeta dijo...

Muy linda tu carta, mi dulce Taíto. Te deseo lo mejor en esta Navidad y siempre, amiga querida. Un gran beso,
V.

Taito dijo...

Evan, Ixis, Feri, Poeta: Los quiero mucho, mucho a todos. Espero que Santa haya cumplido mi deseo y todos estén llenos de luz y esperanza para el nuevo año. Un abrazo apretado para cada uno.