miércoles, marzo 14, 2007

La Mariquita

Tardé un poco, pero por fin lo reconstruí.
Les decía que este es un cuento que mande a un concurso. Se trataba de un certamen que organizó una revista femenina a nivel Latinoamérica y del cual obtuve el lugar número 15.
Pero más allá del premio, lo importante es que este cuento fue motivado por una noticia que leí algún día y me dejo sin dormir las noches siguientes.
La verdad no sé si con la reconstrucción el relato ganó o perdió, ya que, como suele sucederme con mucho de lo que escribo, perdí el orginal.
Sin embargo, me parece una historia conmovedora que siempre vale la pena rescatar.

Nadie supo nunca cuándo ni de dónde vino. Su presencia resultaba tan cotidiana que había quienes pensaban que había estado ahí desde siempre.
No tenía un nombre, al menos no uno oficial, aunque alguien le había llamado alguna vez “La Mariquita” y así era conocida por el barrio.
Su edad era indefinida. Ocho, nueve, diez años, quizá. Era casi imposible adivinar la fecha de su nacimiento y nadie se había tomado la molestia de preguntársela.
Lo cierto es que La Mariquita aparecía por todos los rincones y a toda hora del día. La veían los oficinistas que salían temprano en la mañana hacia el trabajo, las madres y los niños que iban y venían de la escuela, las amas de casa que salían a toda prisa hacia el supermercado, los viejos que gustaban de pasar un rato con sus amigos en el parque.
De baja estatura y extremadamente delgada como era, La Mariquita siempre se veía mucho más pequeña enfundada en aquellos vestidos y suéteres enormes que sacaba de quién sabe dónde.
De los zapatos, ni hablar. Cuando había suerte, traía algún par de dos o tres tallas más grandes que la suya. Cuando no, iba descalza, pisando el pavimento caliente, piedras, basura y cristales rotos sin el menor asomo de dolor.
A veces, La Mariquita aparecía en alguna esquina con una caja de dulces que ofrecía a todo el que pasaba; en otras ocasiones, se la veía con una botella de jabón líquido, dispuesta a dar servicio de limpieza en los parabrisas de los coches, y había días que aparecía sentadita en la banqueta, con el rostro moreno, cansado y sucio, y una mano extendida para pedir limosna.
Cuando corría con suerte, algunos transeúntes le regalaban una moneda, con lo cual acallaban su conciencia y podían seguir tranquilamente con su vida unos días, meses o años más.
Sin embargo, la mayoría de las veces, la gente del barrio pasaba a su lado sin prestarle atención, o bien, la veían a lo lejos y decidían ignorarla una vez que les tocara caminar a su lado.
Nadie reparaba nunca en esos ojillos negros, de mirada opaca, inusuales en una niña tan pequeña; ni en sus diminutas manos cenicientas y llenas de cicatrices, que revelaban un abandono total.
Si la hubieran observado, quizá se habrían dado cuenta que comía sólo cuando podía y que en algunas ocasiones había tenido que recurrir a la inhalación de cemento para mitigar el hambre.
Si se hubieran detenido a hablar con ella, hubieran sabido que su madre drogadicta la había echado de la casa, y sin embargo, La Mariquita regresaba de vez en cuando a darle el producto de su trabajo para que no se muriera de hambre.
Si hubieran querido conocerla, se habrían enterado que dormía donde la agarraba la noche, ya sea en una coladera, debajo de un auto o en el portón de una tienda, y a veces no contaba ni siquiera con viejos periódicos para cubrirse del frío.
Pero nadie tenía tiempo de mirar ese rostro que había perdido la inocencia; la prisa de la ciudad impedía que alguien se detuviera a preguntarle nada o a llamar a las autoridades para exigir la protección de la pequeña desamparada.
Además, todos se habían vuelto lo suficientemente desconfiados como para no contemplar la posibilidad de invitar a La Mariquita a tomar un plato de sopa o a guarecerse en una noche de frío. Mucho menos, claro, a vivir en su casa.
Y sin embargo, ¡qué reacción la que provocó su muerte!
Los vecinos se enteraron temprano por la mañana, cuando la policía se dio cita en el único lote baldío de la zona.
Ahí había aparecido el cuerpo sin vida de La Mariquita, pero los investigadores no acertaban a dar con las razones de su muerte. ¿Hambre?, ¿frío?, ¿estrangulamiento?
Tampoco le veían mucho caso a dedicar tiempo a una niña por la que estaban seguros que nadie levantaría la voz.
Entre la gente del barrio, sin embargo, había una gran conmoción.
“¡Cómo es posible que una niña pierda la vida de esta forma! ¡Qué clase de sociedad es ésta en la que vivimos!”, repetían las vecinas indignadas, e inmediatamente acallaban la voz interna que les gritaba que sí, que aunque ellas no lo quisieran, también eran parte de esa sociedad que criticaban con dedo flamígero.
Algunos emotivos decidieron poner flores en el espacio que dejó el cuerpo inerte de la niña. Otros, decidieron agregar una cruz y un grupo más extendió una petición formal para que la calle donde estaba aquel lote baldío cambiara el nombre para llamarse desde ese momento La Mariquita.
Las autoridades decidieron aceptar ese último tributo, seguros de que era lo único que podían hacer por esa niña cuyo destino final había sido la fosa común.
Sin embargo, el paso de los días, los meses, los años, y la aparición de otras tantas criaturas como ella por los rincones del barrio, cubrieron con el polvo del olvido el recuerdo de La Mariquita.
De hecho, la otra noche, entre un par de amigos que caminaba por las calles del barrio se registró la siguiente conversación.
- Oye, ¿y por qué se llamará Mariquita esta calle, si en esta colonia las avenidas tienen nombres de próceres de la historia mundial?
- Pues quién sabe, tú. Tal vez algún romántico, en un ataque de locura, decidió nombrar esta calle en honor a esos pequeños insectos de color rojo, que son inofensivos y simpáticos, que dicen que te dan mala suerte si los matas, pero a los que muchos les cortan las alas.

18 comentarios:

Ferípula dijo...

Qurida Tay, bien merecido el premio.
Pero que triste, qué triste...
Cuánta insensibilidad, cuanta decadencia humana... Sabés la cantidad de "Mariquitas" que deambulan por mi barrio??? Gernte que come opulentamente, unos bifes que cuestan fortunas...y cuando pasan estás chiquitas ofreciendo una rosa, unos hilos, un paquetito de agujas.... aflora el egoísmo: "Hoy no te puedo ayudar"....

"Tampoco le podés convidar de tu bife, que te va a engordar mas de lo que estás????"....mas de una vez me quedé pensando...

También es tremendamente efímera la culpa y la conciencia. Ojalá podamos mirar sin indiferencia la próxima vez que una Mariquita o Mariquito se nos acerque a pedir o a ofrecernos algo...

Un beso.

ilne dijo...

Que mundo hipócrita, ¿cuanto les costo la cruz y las flores?
¿Y la placa para cambiar el nombre de la calle? No les pudieron o no quisieron
darle comida pero si se gastaron el dinero en flores que solo sus conciencias iban a
consolar, hicieron que su vida fuese una cruz ¿y las autoridades
solo pudieron poner una placa con su nombre? Sabes que me entristecen
estas injusticias estas hipocresías, pero tu relato es bellísimo en su forma
triste en su contenido, por favor no permitamos que los niños que viven
en esas condiciones sigan haciéndolo, hay muchos que están en países remotos
donde apenas llegan las ayudas que enviamos pero no permitamos que tan cerca de
nuestros hogares confortables, vivan niños en la miseria.
Quizás dentro de poco me toque hablar de ellos en un post ya que me los voy a encontrar de cara y no voy a poder ayudar a todos.
Tay querida es un relato hermoso, hermoso por su reivindicación,
Un beso muy fuerte.

CAPSULA DEL TIEMPO dijo...

Hola Tay. Muy conmovedora la historia. Latinoamérica está llena de esos seres que nacen de la nada y desaparecen cualquier día, como si su vida no significara.

Lamentablemente todos desconfiamos de todos y esa desconfianza nos pone una venda en los ojos y también en el corazón.

Un abrazo desde la ciudad de los anillos.

Apologista dijo...

Muchas veces nos arrepentimos cuando es tarde, y nos damos cuenta como son las cosas cuando no podemos cambiarlas.
El relato es hermoso.
Ojalá ande todo bien por Mexico. Sigo con la cuenta regresiva para tu cumple.
besos, Marianita.

xtco dijo...

veo que por todos los sitios "cuecen habas"... aqui hay mafias organizadas que se aprovechan del buen corazón de las gentes y ponen "mariquitas" a pedir...

bxcx y buen finde

PALIta...una de cal, una de arena dijo...

Me pareció buenísimo!!! Como dice Feri, bien merecido el premio!!!

Y como dice Xtco, por acá también hay gente que se aprovecha de la gente, poniendo a chicos a pedir en las esquinas o semáforos, y si cuando vuelven no llevan dinero dicen que les pegan.
Hay gente que dice que NO HAY QUE DARLES DINERO, porque así no ganan los explotadores...pero ¿Y las palizas que les dan si no lo llevan?
La verdad, es que, para mi, ir al centro de la ciudad cuesta carísimo. Cada vez que veo a algún chico pidiendo, o a gente con discapacidades vendiendo cosas...voy sacando un peso por aquí, un peso por allá, compro algo que no necesitaba porque me dá lástima...
Es que no puedo mirar para otro lado y seguir caminando, pero a veces, tampoco puedo ayudar a todos (porque cada vez hay más!!)

Me encantaría poder hacer algo!!!
¿Sabés la cantidad de veces que veo chiquitos todos sucios con sus hermanitos y pienso en llevármelos a mi casa, que se den un baño, darles un buen plato de comida...y que se queden!!!
Pero mi marido, me mata!! Él es muy desconfiado y me dice, "mirá si hacen todo eso para ver qué tenés en casa y después venir a robar"..."¿Como vas a meter a alguien que no conocés en casa?"...
Y, con todas las cosas que cuentan (de la inseguridad y la violencia) UNO ya no sabe qué hacer!!!!!

Uy, al final, escribí demasiado.
Sorry

Pali

Taito dijo...

Querida Feri: Eso, amiga. Creo que el mal está en el mundo y es algo en lo que pocas veces se buscan soluciones. Los gobiernos, las sociedades, todos prefieren pasar y dejar que las cosas sigan así, y tú lo debes saber mejor que nadie ¡son niños! ¡Cuántas cosas bellas se podrían hacer con ellos! En fin, sabía que sería triste la lectura, pero es un problema que me duele y al que no le encuentro solución inmediata.

Ilne: No lo pudiste decir mejor, amiga linda. El mundo es hipócrita. Fíjate que en realidad la historia que leí era aún más cruda y dolorosa que como yo la puse en mi relato, pero me costaba tanto trabajo imaginar el dolor por el que había pasado la criatura de la que hablé, que preferí suavizar un poco las cosas. Pero sí, ojalá todos pongamos un granito real de arena, quizá exigiendo a nuestras respectivas autoridades que no se hagan como si el problema no existiera, pues existe y es muy, muy triste. Besos, querida.

Cápsula querida: Sí, creo que a nivel personal la desconfianza nos hace pasar de largo ante estos problemas. Lo peor de todo es que hay razones para esa desconfianza, tampoco es que todos estemos locos, el mundo en muchos sentidos es violento y difícil y nos impide abrir la puerta sin temer. Pero quizá si poco a poco vamos poniendo el dedo en la llaga, y obligamos a que se realicen acciones a gran escala a favor de Las Mariquitas, podría haber solución. Un beso grande.

Apolita linda: Sí, todo está bien por acá, ando un poco atareada por nuevas responsabilidades que adquirimos en familia, casi saliendo del resfriado y un poco con problemitas aquí y allá, pero básicamente bien, preciosa. He entrado a tu blog, pero no he dejado comentario porque voy a la carrera. Sin embargo, te prometo poner orden. Un besote grande, amiga.

Amigo Xtco: Sí, las cosas acá están igual, hay mafias que ponen gente a pedir fingiendo que es discapacitada cuando no es cierto. Los han descubierto a nivel nacional por televisión. De ahí nace la desconfianza. ¡Qué triste! Un abrazo afectuoso.

Querida Pali: No creas, a mí me pasa exactamente lo mismo que a ti. Veo a todos estos niños por la calle y quiero darles algo y en algunos casos lo hago, pero no dejo de pensar en quien los explota, quien se queda realmente con el dinero. Y en cuanto a invitarlos a la casa, yo no puedo juzgar a los demás, porque a mí misma me pasa eso. Es difícil dejar de sentir miedo, invitar a un pequeño que quizá tiene otras intenciones porque lo han maleado. Es doloroso. Quizá, lo que debemos hacer no es encontrar soluciones de un día, inmediatas, sino algo más contundente, algo que cambie las cosas para todas las "mariquitas" del mundo, pero en términos generales. No sé... y de la extensión, ni te preocupes que éste es tu espacio,amiga. Un beso.

Ferípula dijo...

Estás bien?

Taito dijo...

Feri linda: Todo bien. Un poco atareada nada más. Ahora voy al festival de los 80´s que prepararon en la escuela de mis pequeñitos. Así que ya sabes, voy a ser una mamá gallina muy, muy feliz. (De cualquier manera, ya te comenté en tu blog, ¡Qué linda maestra eres!) Un beso.

Ferípula dijo...

Acabo de postear!!!! VennIIIIII!!!!! Reíte un poco! :)

Besos!

Y gracias por tus palabras de terciopelo... :)

ElPoeta dijo...

Me encantó el cuento, Taydé; felicidades y un beso,
V.

xtco dijo...

acabo de hacerme un amuleto... tal vez te resulte "extraño" pero es que yo soy "raro" jajaja ya me irás conociendo...

te invito a ver de que se trata...

http://www.flogup.com/xtco

bxcx

PD.: de acuerdo en tus respuestas... si invitas a casa tal vez su "formación" maleada les sirva para "detectar" posibles robos... lastimoso, pero es asi

Isaura dijo...

Oye que buen cuento, pero que cruel tema.
Fíjate que a mi los niños en condiciones de pobreza me dan mucha tristeza, pero lo que me puede partir el alma de una manera terrible, son los viejitos que ya ni pueden caminar y ahí andan vendiendo lo que pueden, bajo la lluvia, bajo el sol...
Y a veces me pregunto, qué cosa hicieron en la vida anterior como para que los pobres chavitos vengan al mundo en esas condiciones y sin posibilidad de salir de ellas? o peor, que habrán hecho esos viejitos para ser olvidados por sus hijos o demás familiares?
Y como por ahí mencionaban tú y Palita, a veces quisiera uno poder ayudarlos a todos, pero ante la disyuntiva de que la inseguridad y que si es ratero o no, yo creo que lo mejor es escuchar el corazón. Ayuda a quien el corazón te dicte, nomás pon mucha atención para no confundirte.
Un abrazo enorme Tay, ya te extrañábamos!!!

Carlos dijo...

Magistral Tay. Soy lector empedernido y te digo que no merecía ese 15vo lugar, no se como estarían los que te precedieron pero este es de final decampeonato, para pelear oro o plata, no bronce.

En lo que coincido con tu cuento y me parece oportuno citar es primero la fragilidad de la memoria colectiva, y segundo, la muerte de un indigente, de un NN, lastimosamente no pasa de ser una estadística, son cadáveres que no tienen quién les llore, cuán desigual es la vida.

Seguro Mariquita ahora está con nuevas alas y un arpa en el vasto cielo, donde le corresponde, entonando una melodía que le recuerde su fugaz pero amargo paso por este mundo.

Hermoso cuento y lección Tay.

En mi selección de cuentos con mensaje al corazón, te otorgo el 1er lugar.

Fuerte abrazo.

Ferípula dijo...

Tay: Buen Día!
Necesito comentarte algo y no tengo tu mail.
Me podrías escribir? decanicas@yahoo.com.ar

Un abrazo!

Olivier dijo...

Hermoso cuento. No recuerdo muy bien la versión original, pero sigue siendo igual de duro. Me imagino que ahora es peor que cuando lo escribiste, porque ahora no puede uno ver a un niño en esa situación y menos si es de la edad de tus propios hijos.
Te mando un beso

Evan dijo...

Que cuento tan sensible Tay, realmente valió la pena esperar porque tiene mucha calidad!

A mi todo lo que se relacione con chiquitos sufriendo, pasando hambre, frío, soledades y abandonos, me llega directo al corazón de una manera inexplicable... no llego a comprender porqué los que podemos hacer algo por ellos, pasamos por su lado dando vuelta la cara como si no existieran. Talvéz no logremos mucho con una sola vez que los alimentemos, o un día que los cobijemos bajo nuestro techo... pero si entre todos sumamos, sumamos y sumamos podemos llegar a lograr hacer algo aunque sea por una sola de esas criaturas. Con eso ya habremos hecho mucho si logramos sacar a uno de ellos del abandono.

De algo estoy segura... la Mariquita hoy está feliz con su pancita llena y su corazón late al compás de la música del cielo entre los ángeles más lindos...

Un beso enorme!!

Taito dijo...

Feri: Tardé, pero alcancé a pasar al post y me reí mucho. Luego les comparto las fotos de mis enanos, a ver qué les parecen. Un beso.

Elpoeta: Gracias por el comentario. Voy en un rato más por allá ¿eh?


Xtco: Perdón por no pasar por allá, todavía, en un momento más voy. Saludos.

Ixa querida: Es cruel, ¿verdad amiga? Pero tú que también vives en esta ciudad, sabes mejor que nadie con cuanta frecuencia nos toca ver Mariquitas, ancianitos, gente desvalida por quien los demás no hacen nada, y mucho es la desconfianza, la inseguridad, este no saber si ayudar o no. Como dices tú, la clave está en el corazón. Un beso cariñoso.

Amigo Carlos: Ahora sí me hiciste sonrojar con esas bellas palabras. Fíjate que no supe cómo eran todos los demás cuentos, pero sí leí los tres primeros lugares y recuerdo que me impacto especialmente la persona que ganó el primer premio. Era una historia bellísima y triste sobre una anciana que iba a vivir a casa de sus hijos, pero que acababa como un mueble, arrumbada en una esquina. La verdad, no me sentí mal de no haber ganado al leer esa historia tan bien creada, pero me da gusto que ustedes que son amigos puedan compartir conmigo éste relato que fue mi primer intento de sobresalir como escritora. Un beso cariñoso.

Olivier, amor mío: Qué linda sorpresa. Sé que no vienes mucho a visitarme a este espacio porque prefieres dejarme solita a compartir con los amigos, pero siempre que estás aquí es una luz para mí, como cuando estás en cualquiera de mis cosas, tú lo sabes. Te amo pollo.

Querida Evan: Tienes razón, amiga, creo que poco a poco, si todos ponemos un granito de arena, podemos hacer una playa. Esa es la idea, la cosa es empezar, darnos cuenta, y hacer poco a poco la diferencia ¿no? Un beso enorme, preciosa.