martes, febrero 06, 2007

La palabra escrita


Hállabase un día la palabra escrita sentada en la cima de una montaña. Había llegado allí después de un viaje agotador, deseosa de huir de la mano humana y de encontrar un espacio para la paz y la reflexión.
No sabía muy bien el motivo de su desazón. ¿La causa era Internet? ¿Quizá la poca atención que desde hace años le dedicaban los ojos, cerebros y manos humanas? ¿Tal vez era un todo y un nada que ella no entendía?
Lo cierto es que llevaba mucho tiempo sintiéndose vieja y marchita. Ya no era, como antaño, LA palabra escrita, ese conjunto de términos que conjugados con maestría podían describrir un universo entero.
En su juventud, muchas manos humanas la habían acariciado y habían reconocido su belleza, la habían combinado y jugado con cada una de sus letras hasta convertirlas en arte. Estaban por un lado los escritores y poetas, o los maestros, como le gustaba llamarlos a ella, como Víctor Hugo, Cervantes, Shakespeare, Lope de Vega, Hemingway, Poe, Neruda, Becquer, Machado, Cortázar, Borges, Rulfo. También los filósofos, o sabios, como Sócrates, Platón, Marx, Engels, Foucault. Pero había además otro grupo, gente común sin aspiraciones literarias o filosóficas, que sin embargo la usaba en diálogos epistolares donde cada término era elegido con sumo cuidado, se tenía en cuenta la ortografía y la caligrafía era preciosista.
Recordaba bien aquellos tiempos en que la gente la buscaba con avidez, como aquel en que Alejandro Dumas la utilizó para escribir sus novelas por entregas y los lectores no podían esperar para leer un nuevo capítulo.
Es cierto, en esa época había menos distractores y ella estaba en la plenitud de sus años mozos, pero no por ello dejaba de doler la indiferencia actual.
En algún momento de la historia, la palabra escrita había sido perseguida. Su importancia y el modo implacable en que penetraba la mente de quienes la conocían habían sido tomados por peligrosos. Se le censuraba, se le quemaba, se le maltrataba. Incluso en la época actual, todavía había manos valientes que se atrevían a usarla para elaborar discursos incendiarios, notas periodísticas donde la verdad no era maquillada, libros llenos de significados que cimbraban el pensamiento humano. Los autores eran perseguidos por ello. No cabía duda de que todavía lograba abrir polémica y asustar a muchos, aunque a decir verdad las reacciones eran cada vez más tibias.
También en la época actual había maestros de la literatura que hacían buen uso de sus formas, Saramago, García Márquez eran algunos ejemplos de ello. Había muchos otros que sin ser conocidos la exploraban y la seguían buscando en libros, en textos, en poemas. No podía negar que todavía había quien se atrevía a acariciarla, a amarla, y que hablaba a través de ella de mundos originales y llenos de simbolismos. También había otros, cada vez menos, que se acercaban a ella para escucharla, con el cuidado y la atención de antaño.
Pero aún se sentía triste. La palabra escrita se quedó mirando el valle que se abría ante sus ojos. Allá abajo, las antenas de cada casa revelaban la presencia de su acérrima enemiga, la televisión.
Cuando este aparatejo llegó al mundo, ella no calculó el peso de su impacto. Creyó, ingenuamente, que sería como el cine, una aliada, un espacio donde pudiera ser bellamente interpretada a través de la imagen.
Pero no, la televisión daba discursos digeridos, y la gente pronto descubrió que era más cómodo el mensaje simple de la caja idiota que el mundo abstracto que ofrecía la lectura.
Por eso, cuando llegó el internet, no supo que pensar. Después de todo ya había sufrido un descalabro. Sin embargo, suspiró cuando supo del correo electrónico, emocionada ante la idea de que renacería el género epistolar, y saboreó muchas veces la idea de ver cómo sería utilizada en cientos de miles de espacios a través de la red.
No obstante, ahora que estaba ahí, sentada en la cima de la montaña, no podía evitar sentir que había sido utilizada de la peor manera, prostituida. Ella, que pensaba que un espacio como internet sería un buen motivo para incentivar la lectura y la creación, se había dado cuenta que el mundo de hoy hacía con ella lo que le apetecía.
La abreviaban, la convertían en mensajes sin sentido, la mezclaban en frases incoherentes en las que los idiomas y sus reglas no se respetaban, no la hacían acompañar como antes de su vieja amiga, la puntuación. Peor aún, la palabra escrita se dio cuenta que había algunos aventurados en la red que la seguían utilizando para la creación y la reflexión, pero eran pasados por alto.
Por si fuera poco, en las escuelas de muchas regiones del mundo, los niños estaban aprendiendo que la palabra escrita tenía fines prácticos pero ya no se les insistía en su poder creativo. Ya los pequeños no aprendían a amarla como sus abuelos, a través de cuentos que les fabricaban reinos mágicos y personajes fuera de serie, y lo que es peor, apenas podían, dejaban de leerla, de apreciarla, de buscarla para perfeccionarse a través de ella.
Por eso, en aquella cima tan lejana del ruido del mundo, la palabra escrita no pudo evitar sentirse acabada y lloró largamente por su pasado, por su presente y por su futuro. Y así, como todas las almas que sienten la batalla perdida, la palabra escrita se levantó y decidió hacer lo único que le quedaba por hacer: se dejó arrastrar por el viento.

15 comentarios:

Isaura dijo...

Ay que lindo texto!
Coincido en que LA palabra ha sido desestimada desde hace ya varios años, que la tv ha terminado por succionar las neuronas de tantos millones de espectadores, haciendo que se alejen cada vez más de los libros y bueno, internet se dice que aproximadamente el 70% de su contenido, es porno.
No estoy en contra de la tv en si, ni de la pornografía y mucho menos pienso que sólo debemos de pasar el tiempo leyendo en un sillón. Pero creo que es uno más de los ejemplos donde hemos perdido el equilibrio. Parte de la cultura light que mencionabas en anteriores posts, sugiere que mejor no te compliques leyendo un libro, pus total que "las comedias" igual cuentan historias y el fucho es ley...
Por cierto, ayer nos contaba mi mamá que una Sra. en el trabajo le dijo que la fenilalanina mata las neuronas, ante lo que mi hermano contestó: dile a la Sra. que le mata más neuronas ver La Oreja, que tomarse un sobrecito de Canderel.. jaja. Estoy de acuerdo.
Y justo en el momento que pensé que ya gran parte de la humanidad se encontraba perdida ante los medios, me encontré con esto de los blogs, que en muchos honrosos casos rescatan la esencia de la palabra escrita, ora electrónicamente, pero al fin y al cabo escrita.
Promovamos pues que no se pierda la costumbre de la lectura y la escritura.
Como diría Chente, mientras tu sigas escribiendo, te seguiremos leyendo... jaja!
Abrazos, xoxo y dem+ Tay!

Taito dijo...

Querida Ixa: No sabes qué risa me dio la gran verdad de que mata más neuronas La Oreja que un sobrecito de Canderel. ¡Dale un abrazo a tu hermano de mi parte por esa frase tan inspirada y real! Fíjate que la idea de este relato me surgió porque mi vida ha girado en torno a la palabra escrita, pero me da pena ver que cada vez es más vilipendiada y he llegado al punto de preguntarme si sirve de algo lo que hago. ¿Puedes creer que vende más un libro de Caldo de Pollo para el Alma que Saramago? La cultura light, amiga. También, como dices tú, te encuentras en la red blogs verdaderamente hermosos, llenos de valores literarios, y entran unas cuantas personas a leerlos. En fin, yo también te sigo leyendo, paso a paso mi querida Ix... ya sabes que soy tu "fans"... Un beso grande.

DARK ROMANTICISM dijo...

bellas lecturas...

DARK ROMANTICISM dijo...

es admirable lo completo que puedes dejar un blog despues de plasmar un pensamiento una idea o una cita cultural...
gracias!
dark romanticism

Taito dijo...

Mi querido Dark romanticism: Gracias a ti por visitarme, gracias por dejarme pasar por tu espacio y gracias por tus hermosas palabras porque tú dejaste primero tu aportación aquí.

el fantasma de la libertad dijo...

Taydé,

Me resultó muy agradable su texto, pero debo decir que creo que el problema es aún más grave.

La televisión e internet creo que son espejitos de colores. El problema no son estos acaparadores de atención, el problema somos nosotros. Usted, yo, y todos.

Dejamos que esto suceda sin darle al menos un poco más de trabajo a las fuerzas de la mediocridad. Porque es lo que está en juego. La pauperización del lenguaje y la palabra (no sólo escrita, también hablada) es la expresión de la inteligencia hacia el exterior. Una persona que sólo se maneja con un puñado de palabras tiene mucho menos para decir que otra que es capaz de cimentar un reino con ellas.

Somos todos culpables. Los amigos de lo bizarro, que aman escribir mal porque es "cool", y ponen cosas como "sho soy una mina ke ama lo que hace", donde ninguna falta es ingenua, son todas intencionales.
También aquellos que no tienen interés en saber hablar, siendo que la comunicación es mucho más rica cuando los que dialogan manejan mejor las herramientas a disposición.
Creo que la gente inculta es tal vez un poco menos culpable, tal vez no se les han sabido transmitir la mejor manera de tratar a la palabra, y no saben lo que se pierden como para querer cambiarlo.

Y por último, gente como ud y como yo, que en nombre de la diplomacia no ponemos peros y más de una vez elogiamos cosas pésimamente escritas sólo por simpatizar con la persona (como si no se pudiera sentir afecto y hacer una crítica al mismo tiempo).

Hace poco me enteré de un blog que justamente, realiza una activa campaña por el buen trato de la palabra:
http://escribesinfaltas.blogspot.com/

tal vez, como a mi, le interese sumarse.

Cordiales saludos.-

Taito dijo...

Amigo Fantasma: Gracias por su aportación siempre interesante a este espacio. Tiene usted razón en cuanto a lo de no poner "peros" en nombre de la diplomacia. Asumo mi responsabilidad. Sin embargo, quisiera aclarar, un poco a mi favor (aunque sin ninguna intención de debatir), que mi forma de ser es así, desde mi muy humilde punto de vista una crítica incendiaria a un texto hecha por mí no va a cambiar el espectro de los blogs. Por ello, entro a cada uno, y trato de tomar lo mejor de todos, aprender de las ideas, conocer a la gente, porque asumo que la responsabilidad de cada espacio corresponde al autor del mismo y no a mí. Sin embargo, le digo nuevamente y con el mayor cariño que asumo mi responsabilidad. Gracias, Fantasma, por esas lecturas siempre analíticas de los textos y pasaré por el blog que usted atinadamente señala. Espero que muchos amigos que lean su comentario se nos unan y que no dejen de visitar su espacio también, porque usted es un buen ejemplo del uso correcto de la palabra escrita. Abrazos

ilne dijo...

En primer lugar decirte que el relato es excelente, que es una llamada al orden muy merecida y en segundo lugar pedir las disculpas por mis errores.
Un beso muy fuerte

Ferípula dijo...

Hola Tayyyyyyy...me vine a un cyber...mi abue no tiene Internet!!!! jajaja!

Aunque es una mujer muy adelantada, ya te contaré. Paso a dejarte un abrazo, comento cuando vuelva...puede ser? Acá es imposible concentrarse!!!!!


Un abrazo tandilense!!! :)

Taito dijo...

Feri... ¡qué bueno que no te puedas concentrar, quiere decir que la estás pasando bien! Un abrazo.

Ilne querida: ¿De qué errores te disculpas, amiga? Tú, que en tu último texto nos regalaste un tramo de la obra de Lope de Vega e hiciste una investigación profunda sobre el proceso químico que produce los celos. Este saco no te queda a ti. Te mando un abrazo fuerte.

Grimalkin el Bardo dijo...

La palabra sufre, querida hermana, y se va devaluando. Sin embargo no me atrevo a declararme un adalid de la causa, sabedor de mis propias inconsistencias. De cualquier modo coincido en cierto modo con el Fantasma cuando reparte la culpa a lo largo y ancho de la generalidad de la que formamos parte, aunque yo diría que no somos culpables, pero sí responsables, del uso que de ésta se haga, no sólo en internet, sino fuera de las pantallas de nuestras computadoras, en casa, en la calle.

Brindo por ésta reflexión, y te dejo un abrazo cordial.

Taito dijo...

Querido hermano: No porque seamos familia, pero justo hace un momento comentaba con mi amiga Ilne que tú eres un ejemplo del buen uso que se debe dar a la palabra escrita. Tus textos siempre son cuidados, trabajados pensados. Esto va más allá del mensaje. Vaya, hasta los chistes te salen literarios. En fin, el caso es que tienes toda la razón al decir que el problema es del uso cotidiano que se da a la palabra. Escribimos como hablamos, finalmente, así que la labor debe empezar en casa. Un abrazo, querido hermano.

Grimalkin el Bardo dijo...

Favor que me haces, hermana, pero mira nomás, la terrible redacción con la que armé mi comentario anterior ("De cualquier modo coincido en cierto modo...")

¿?

Flaco favor le hago a la palabra escrita.

Jojo...

Abrazos

Taito dijo...

Ja, ja, ja... ay, hermanito, ya lo dice el viejo y conocido refrán... "al mejor cazador se le va la liebre"

el fantasma de la libertad dijo...

El amigo Grimalkin ha corregido un grave error de mi comentario anterior. Es verdad: la palabra indicada era "responsabilidad" y no "culpa".

Tiene ud, señor, toda la razón.

Saludos!