jueves, febrero 15, 2007

¿Workaholic yo?


Verán, hace un par de días llegó a mi casa el último número de la revista Cinemanía, que es en la que escribe mi esposo. (Dejo el link para los curiosos que quieran conocer uno de sus últimos textos http://www.cinemania.com.mx/comic.php).
El caso es que en la citada publicación venía un interesante artículo escrito por la editora de la revista, Jacqueline Waisser, acerca de la película En busca de la felicidad.
Sin embargo, lo que llamó mi atención no fue el análisis que la autora hacía sobre el filme en cuestión (muy completo, por cierto), sino una frase muy interesante: "Dejemos de lado la hipocresía. A todos nos gusta el dinero por la tranquilidad, bienestar y placer que ofrece. ¿Pero de verdad es la única vía para tener una vida satisfactoria? Insisto en el punto porque el mensaje de En busca de la Felicidad es claro y contundente: no hay otra manera. ¿A dónde deja esto a todas las millones de personas que no gozan de afluencia? ¿Estamos todos los pobres diablos, que de por sí trabajamos más horas que el ciudadano promedio de una generación anterior (y por menos sueldo), condenados a sufrir hasta el final de nuestros días? ¿La falta de efectivo en sinónimo de miseria?"
Inmediatamente después de leerlo, pensé en la adicción al trabajo, esa manía de nuestros días que nos quieren vender como sinónimo de éxito.
Alguna vez, publiqué este tema en un periódico, era un servicio de una agencia informativa que estaba tratado con ligereza, incluso un poco en broma, casi era un guiño hacia los que se ha dado en llamar, muy pomposamente, workaholic. Se trataba de un test para una sección cargada de frivolidad, en la que la intención era definir si uno era o no adicto al trabajo, e incluía preguntas muy obvias como ¿Te llevas el trabajo a casa? ¿No puedes hablar de otra cosa que no sea trabajo? ¿Eres el primero que llega y el último que se va de la oficina?
Pero después de leer a Waisser recordé a un ex compañero que el año pasado me comentó que había conocido a un ejecutivo exitoso, el cual, como rutina diaria, se levantaba a las seis de la mañana, se iba al gimnasio, llegaba a las 9:00 de la mañana a la oficina, salía a las 10:00, 11:00 de la noche de su empresa y hasta entonces regresaba a casa.
Mientras mi ex compañero hablaba feliz de que el ejecutivo en cuestión era exitoso gracias a ese tipo de disciplina, y le brillaban los ojitos de felicidad porque su vida era muy parecida y eso era sinónimo de que se encaminaba a la cima, yo no podía dejar de sentir pena por mí misma, que por esos entonces trabajaba 16 horas diarias, sin poder compartir con mi familia más que unos cuantos momentos los fines de semana y sin poder tener otra distracción que no fuera el trabajo.
Pensaba también en el ejecutivo y me preguntaba si ser un workaholic lo había hecho feliz, si en casa lo recibían con los brazos abiertos, si pensaba que en su vejez alguien, de todas esas personas a las que no había atendido porque primero estuvo su trabajo, lo acompañaría con cariño. Porque yo me estaba preguntando en ese momento si era yo, mi ex compañero o el mundo el que estaba mal.
También recordé el libro Momo, de Michael Ende, y a los hombres grises, aquellos que poco a poco iban provocando que la gente entrara en un torbellino de prisa, de trabajo, en el que no cupiera nada más, ni diversión, ni esparcimiento, ni cariño, ni nada. Me pregunté si esos hombres grises no eran los que se habían colado en el mundo actual para hacernos creer que trabajar 16 horas diarias era el camino al éxito.
El caso es que, por razones que ya no vale la pena citar, salí del infierno aquel. Y entonces, me reencontré con mi vida otra vez, con mi esposo y mis hijos, con los espacios para la diversión y la creatividad, y me di cuenta que para mí es preferible vivir, en la más amplia extensión de la palabra, que tener esa adicción al trabajo que me quieren vender como éxito.
De hecho, me dirigí a internet a buscar el significado del terminajo workaholic, y el descubrimiento me dio a entender que no estaba mal al resistirme a ser una adicta al trabajo.
Según Wikipedia, esta adicción no es más que un desorden obsesivo/compulsivo que hace creer a las personas que si no trabajan 24 horas diarias su mundo va a colapsar. Dice también que el adicto al trabajo no necesariamente ama lo que hace sino que cree que nadie puede hacer las cosas como él.
(Dato curioso, la enciclopedia virtual afirma que un adicto al blogger también es un workaholic... ¡Gulp!, tendré que revisar ese aspecto de mi vida).
Obviamente, el artículo de Wikipedia menciona que este trastorno hace que la vida social y familiar del adicto al trabajo vaya en detrimento e incluso lo puede convertir en una persona potencialmente violenta con los demás, debido al cansancio y al estrés.
Como siempre, creo yo, este trastorno no puede atribuírsele en exclusiva al individuo que lo sufre, sino a una sociedad que nos quiere hacer creer que debemos ser exitosos, que el éxito es igual a mucho dinero, que el mucho dinero se obtiene con mucho trabajo, y que si no tenemos una vida con mucho dinero y un trabajo en el que nos deslomemos como burros, somos unos perdedores.
Yo, la verdad, no cambio una sonrisa de mis hijos, una plática con mi marido, la lectura de un buen libro o la posibilidad de descansar un rato por todo el dinero del mundo. Si eso me convierte en una perderora, asumo el riesgo.
¿Qué opinan ustedes?

12 comentarios:

el fantasma de la libertad dijo...

Srta Taydé,

Con respecto al trastorno obsesivo / compulsivo con el trabajo, por supuesto que resulta espantoso cuando se lo vincula a actividades del orden capitalista, como el caso del exitoso empresario que ud menciona.

Pero por otro lado, he visto -y tal vez por momento, he sido uno de ellos- artistas que no pueden detenerse cuando están en pleno proceso creativo; gente que escribiendo, componiendo, pintando, pasan horas y de repente en un momento comprenden que se olvidaron de almorzar, de cenar, de dormir, que no tienen ni conciencia de cómo se les fueron las últimas catorce, dieciseis, veinte horas.

No sé si esto sea bueno o malo, pero tengo mucho respeto por los creadores desaforados, a diferencia de los empresarios capitalistas.
(tal vez por que el fin no es el dinero necesariamente, y porque el principio es una necesidad intrínseca imposible de callar).

Y con respecto a si el dinero es necesario o no para ser felices, y en una nota más simpática, recuerdo la frase de Woody Allen "El dinero no hace la felicidad, pero es lo único que nos compensa de no tenerla." :)

Cordiales saludos.-

Taito dijo...

¡Ah, Sr. Fantasma!, no puede usted tener más razón. Yo misma conozco casos de gente que, por amor al proceso creativo o al estudio, no ve pasar las horas. Grimalkin el Bardo creo que es un caso ejemplar de este punto que usted atinadamente señala. Y no sólo eso, yo he visto a Adán y Mónica, dos personas muy queridas para mí, trabajar en sesiones largas, pero por una gran entrega a su carrera de medicina y no por una cuestión como la del ejecutivo que relato. Más bien, como señala usted, yo creo que la adicción al trabajo como trastorno tiene más que ver con el capitalismo. Yo también externo mi respeto por los creadores desaforados y por todos los desaforados que se entregan por amor a lo que hacen, sin ninguna esperanza más allá del perfeccionamiento personal. Un abrazo afectuoso.

ilne dijo...

tay: no tengo mucho que añadir ya que estoy de acuerdo con lo que dices. Hay empresas que te absorben parece que funcionen como sectas, una vez una compañera de trabajo que estuvo de baja por ansiedad y represión el psicólogo le dijo que para que se recuperase debía dejar el trabajo, ya que hay empresas que organizan los horarios reuniones y responsabilidades de manera que entras en un circulo de entrega abusando de tu responsabilidad y se te hace mas difícil dejar el trabajo o buscarte otro, hacer
una vida social y familiar normal y eso termina pasando factura, muchas veces nos
vemos absorbidos por la empresa que trabajas y ni tan siquiera sabes como sucedió
ni como salir ya que lo que si te dan es una estabilidad económica y eso termina pesando mucho.
Un beso guapa.

NORKA dijo...

En mi vida habìa escuchado el termino pero cuadra, puès de acuerdo contigo, no señor trabajo a casa "NO" a menos que sea estrictamente necesario, hace tiempo tome un curso con un especialista en ventas muy bueno por cierto y alli el nos comentaba algo que yo opino es completamente cierto:importante- urgente o urgente- importante cuàl serà primero, para mi la primera la segunda te estresa y terminas en muchos casos por no resolver, sino me equivoco eso lo afirma Miguel Angel Cornejo tu compatriota, en fin mientras se pueda la familia hay que disfrutarla, eso es cierto amiga, un gran beso de chocolate

Ferípula dijo...

Yo tengo el trabajo en mi cabeza. No lo puedo sacar...Tampoco quiero.
Amo mi profesión, pienso cómo innovar, qué sugerir, cómo estimular...

Hoy estuve arreglando el aula.
La voy a decorar como un puerto.
Amarras, redes...las gaviotas ne Nemo! Quiero sugerir el año escolar como un puerto a donde arribar o desde donde zarpar... Amo mi trabajo, amo a mis "objetos" de trabajo... Es maravilloso!

Jamás repito un ejercicio, siempre intento ofrecer cosas nuevas. Querida Tay....estará mal? Seré obsesiva?
Me stoy trayendo el "trabajo a casa"??????? Sálvame María!!! jaja!!!

Adicta al blog...bueno,buen punto para el próximo post!!!

Te animás??????????????????'

(Estuve por lo de un fantasmita....)

Ferípula dijo...

(Tay...al margen..
Viste el "contador" que puse? Es fántástico!

Está al ladito del boton de Bravenet....)

david santos dijo...

Hola!
Buen caranaval, Taydé!
Saludos

Apologista dijo...

Amiga hermosa. Llego tarde pero llego. Primero no puedo dejar pasar la hermosa canción que leí en el post anterior.
Yo no te pido, con Pablo y Silvio. Que hermoso tema...

Yo en estos dias ando trastornada pero contenta.

Me despido con una frase de un tema de Silvio que amo.
"La era está pariendo un corazon... no puede mas se muere de dolor y hay que acudir corriendo pues se cae el porveenirrr...."

Te quiero, Marianita

Isaura dijo...

Tay!
Por diversos motivos (que luego te contaré), no había contestado a tu post. Lo leí ayer, pero no quería responderlo al aventón.
Bueno, pues te cuento, que cuando era niña (hace poco, eh? jaja), mi mamá tenía a bien poner las noticias con Gutiérrez Vivó. Este cuate vive enamorado de la cultura japonesa por los altos niveles de productividad que manejan, rasgo que (como sabes) a la postre, logró hacer de ellos la potencia económica que ahora son.
Total, crecí escuchando toda la primaria y secundaria al "regañón de México" y me llevé en el subconciente esa programación.
Cuando llego al primer trabajo, obviamente me vuelco como lo haría cualquier chamaco inexperto que quiere crecer. Claro, tenía ciertas recompensas, pero estas nunca fueron las que buscaba.
Ya en sí, revisando el concepto de la productividad, este nos habla más bien de ser efectivos durante nuestro horario laboral. Más no el vivir pegados a la compu y a la oficina.
Lo triste ahora, es que las empresas se sienten dueñas de nuestras vidas, porque la demanda laboral es infinita. Ahora no sólo quieren que te quedes más horas trabajando, sino que estés disponible 24/7.
Como siempre, la clave será el equilibrio, la cosa es que la empresa te quiere tragar como monstruo pegajoso y no dejarte ni siquiera respirar lejos de él.
No tengo idea de hacia dónde nos lleven las tendencias económico-laborales, pero por lo menos yo ya me hize la promesa de no permitir que me expriman tanto.
Tarde pero segura Tay! que tengas un super fin de semana =)
P.D. al rato leo el artículo de tu maridín, saludos a él y a Ghost Boy!

David dijo...

Me encantan estos artículos. Me hacen recapacitar sobre mi vida, lo que ha sido, lo que es, y quizás lo que espero que sea en un futuro, no demasiado lejano.

En España hay un dicho: "No hay que vivir para trabajar, sino trabajar para vivir".

Durante mucho tiempo le di prioridad al trabajo sobre muchas otras cosas. Pienso que en realidad es posible que simplemente me sintiera solo. Incluso pensaba, y decía a todas horas, que si me tocara la lotería no dejaría de trabajar.

Con el paso de los años descubrí que es un error. Y ahora espero ansioso la lotería, o la jubilación (aunque por fortuna aún me queda mucho para eso).

Un saludo, y sigue deleitándonos con artículos como este.

Taito dijo...

Amiga Ilne: Así es. El problema es tal como lo relatas tú. Las empresas organizan todo para evitar que veas más allá de tus narices. Casi es como ir a prisión, lo bueno es que siempre habemos quienes nos damos cuenta de ello y tratamos de impedirlo en nuestras personas ¿no? Un beso grande.

Norka querida: Yo creo, como tú, que mientras la familia esté hay que disfrutarlo, pero sobre todo creo en el equilibrio. Sí se puede encontrar espacio para todo y eso es lo importante. Besos mil.

Feri linda: Déjame te digo que tú no estás mal. Creo que tu caso es el de los amantes desaforados de su trabajo de los que hablé en la respuesta que le di al amigo Fantasma. Yo estoy segura que te entregas a tu carrera por amor a tus niños y a lo que haces, y no por buscar dinero, creo que eso es lo que marca la diferencia. Por cierto, realmente lindo va a quedar ese salón de clases, ¡qué belleza que haya niños tratados así por su maestra! De lo de la adicción al blog, te prometo que lo haré. Sólo pongo un texto más y lo tienes ¿va? Gracias por la visita al fantasmita, que se puso muy feliz al leerte, y ya vi tu contador (luego me explicas bien cómo funciona la estadística que hace para ver si me animo ¿no?) Un abrazo apretado y cariñoso, preciosa.

David: Gracias por la visita.

Apolita: Ya te lo dije, chiquilla, tú siempre estás aquí aun cuando no estás. Me encanta que estés contenta, así deseo que estés siempre. Gracias por las palabras de Silvio, una belleza. Se te quiere, Mariani, no lo olvides.

Mi Ixa: Tendrás que contarme los motivos ¿eh? ¿Todo bien? Espero que sí. Equilibrio, amiga, esa es la clave. Caray... si lo único que desea uno es eso. Digo se vale trabajar, pero como dices tú, no tener a una empresa que se pegue como monstruo pegajoso a ti. Gracias por estar aquí, pero espero que podamos platicar este fin vale. Un beso.

David: Mil gracias por la visita. Y bueno, me da gusto lo que nos cuentas, porque tu caso es el caso de alguien que decidió no rendirse a la adicción al trabajo y aprendió a vivir. Un abrazo caluroso.

Taito dijo...

Querido David: Quise pasar a visitarte al Bosque Mágico pero no me fue posible porque se requiere invitación. Luego me invitas ¿va? Saludos