martes, noviembre 14, 2006

La respuesta


Juan se paró en la puerta de entrada y, tal como lo esperaba, todos estaban ahí. En primera fila, su hermano Armando, su papá y su mamá, luciendo sus mejores sonrisas de bienvenida. En una esquina, estaba su amigo Martín, a quien había despedido hacía tantos años; por allá, su amigo Ramiro, y detrás de él, muchos, pero muchos rostros conocidos que poco a poco tendría que ir descubriendo.
Estaba a punto de dar los primeros pasos para empezar a saludar cuando una voz potente lo distrajo.
- Abuelo. Abuelo Juan. Ya no puedo más. Estoy en el límite de mis fuerzas.
- ¿Magdalena?- preguntó Juan, nervioso, tratando de encontrar entre la luz y la oscuridad el lugar del que provenía la voz de su nieta.
- ¿Pero qué haces, Juan? Entra de una vez que hay muchas cosas que te esperan aquí adentro- se oyó la voz de su madre que lo llamaba.
Juan echó una última mirada hacia afuera, pero al comprobar que la voz se había apagado, concluyó que no se trataba más que de un truco de su imaginación y decidió entrar.
A la primera que abrazó fue a su madre. Era un abrazo tierno, cálido, muy parecido a los que recibía cuando se sentía indefenso en sus días de infancia. Después, vino su padre, quien le pellizco las mejillas con el cariño de siempre. Poco a poco se fueron acercando su hermano, los primos y los amigos, todos con un gesto amoroso diseñado especialmente para él.
¡Era tan armónico el ambiente y tan parecido a las reuniones familiares que tanto le gustaban! Juan se sentía pleno, feliz, reconfortado.
No hacía frío ni calor, no sentía miedo ni la necesidad de quedar bien con nadie, sólo quería dejarse ir en medio de ese amoroso abrazo que le brindaban sus seres queridos.
De pronto, el cúmulo de personas que había ido a recibirlo fue dejando el paso libre, y detrás de ellos Juan pudo contemplar con plenitud el hermoso paisaje que se abría ante él. No se trataba de un escenario desconocido, de hecho, lo había dibujado, imaginado y soñado cientos de veces: una amplia pradera, con algunos declives por aquí y por allá, muchas flores de colores y un río a lo lejos.
-No se imaginan cúantas veces soñé con rodar en una pradera así, junto con mi hermano y mis amigos- pensó Juan en voz alta.
- ¡Y qué esperas para hacerlo?- le dijo su madre.
- Pero ¿cómo supieron que este era el paisaje de mis sueños?-, volvió a pensar Juan.
- Aquí todo se sabe, hijo. Pero ¡anda!
Juan comenzó a encaminarse a la pradera, donde ya lo esperaban su hermano Armando, así como Martín y Ramiro, los mejores amigos de su infancia.
- A la una, a las dos y a las tres- gritaron todos al unísono, y comenzaron a rodar por el pasto, mientras reían divertidos.
Después se organizó la pesca, y más tarde, Los Encantados, La Gallina Ciega, La Rueda de San Miguel y todos los juegos de la infancia que ahora volvían a concederle a Juan el placer de convertirse en un niño. También pudo recostarse en el regazo de su madre, pasear por la pradera con su padre, charlar largamente con su hermano y bañarse en el río con los amigos.
No había duda de que aquello era la plenitud en toda la extensión de la palabra.
Juan perdió la noción del tiempo. ¿Habían pasado horas, días o meses? Era fácil olvidarse de todo en medio de aquel paraíso. Sin embargo, de pronto, otra vez, la voz de Magdalena, fuerte y poderosa, llegó hasta él.
- ¿Abuelo? ¿Dónde estás, abuelo? De verdad ya no puedo más.
- ¿Princesa? Dime tú dónde estás que no te veo
Juan empezó a seguir, a ciegas, la voz de su nieta.
- ¿A dónde vas Juan?- le dijo su padre.
- Es mi nieta Magdalena, papá, me está llamando.
- No puedes verla, ni puedes ir a donde está ella, quédate aquí. Estará bien.
Juan trató de hacerle caso a su padre. Después de todo, hacía tiempo que había caído en la cuenta de que el viejo era un sabio. Sin embargo, la voz no cesaba.
- ¿Por qué te fuiste, abuelo? ¿Por qué me dejaste sola? Perdí el rumbo, ya no sé para donde ir, perdí esas alas que tú decías que Dios me había dado. Estoy desesperada, ¿qué voy a hacer? Ayúdame, por favor, abuelo- decía la nieta una y otra vez entre sollozos
Juan se sentía cada vez más angustiado y en busca de una salida que no aparecía por ningún lado.
- Hoy me dijo una señora que todos pagamos las deudas de generaciones pasadas. ¿Te quedaste con deudas pendientes, abuelo? Por favor, pídele perdón a Dios por ellas y ayúdame a salir de este laberinto.
- Pido perdón a Dios, princesa, si eso te devuelve la paz. De hecho, le pido a Dios con todo mi corazón que me deje salir de este paraíso para estar contigo, como antes- respondió Juan, a pesar de que estaba seguro que Magdalena no podía escucharlo.
Así, sin poder evitarlo, Juan empezó a llorar. Le pareció increíble. Hasta hacía unos momentos él pensaba que en aquel sitio no se sentía más que paz, felicidad y amor, pero la voz angustiada de su nieta lo había dotado nuevamente de lágrimas y de sensaciones de dolor.
- ¿Qué pasa, hijo? En este lugar no se llora- le dijo su padre mientras lo abrazaba cariñoso.
- Papá, sé que no puedo irme, pero necesito hablar con Magdalena. Es urgente, está desesperada y me llama una y otra vez.
- Está bien, hijo. En realidad no deberías, porque tu lugar esta aquí. La otra dimensión hace mucho que ya no te pertenece ni puedes hacer nada más en ella. Sin embargo, comprendo tu angustia, así que te diré lo que puedes hacer: Sólo te está permitido dirigirte a Magdalena una vez y a través de un sueño. Tienes que pensar muy bien en lo que quieres decirle, porque no puedes excederte de tres frases cortas y no tendrás otra oportunidad para comunicarte con ella aparte de ésta. Piensa bien y en cuanto estés listo, me avisas.
Juan se sentó en la pradera. ¡Sólo tres frases para reconfortar el corazón de su princesa! Lo pensó una y otra vez y cuando estuvo listo, llamó a su papá.
Aquella noche, Magdalena soñó con su abuelo Juan.
- Princesa, las respuestas están en tu corazón. Tienes que seguir. Yo estoy feliz.
Dichas las palabras, Juan volvió con el grupo que ya lo esperaba para ir de pesca nuevamente, y sólo oyó una vez más la voz de su nieta que esta vez le arrancó una sonrisa llena de amor y ternura.
- Gracias, abuelo. Lo entendí. Sigue en paz que no te defraudaré.

11 comentarios:

Apologista dijo...

Nuevamente lágrimas.
Una historia hermosa. De casualidad habrás visto Más allá de los sueños -con Robin Williams y otros bonitos actores-?
besos abrazos, Marian.

Ferípula dijo...

Tay, después te leo...Esty "mal estacionada"!
Te dejé comentario en mi blog!
Beso, Ferip

Gaby del Río dijo...

Qué fuerte!! Me hiciste recordar...es casi exacto a lo que sucedió con mi abuelo, es decir, la situación con la niña, y puedo asegurar que lo mismo pasó con mi abuelo......
Gracias, cuñadita....por hacerme recordar y valorar....
Te quiero.
:)

Taito dijo...

Querida Marian, fíjate que no vi esa película (y mira que me encanta Robin Williams), pero te prometo que lo haré pronto. ¡Me da una alegría siempre que te veo aquí! Un abrazo cariñoso

Feri, dame un par de minutos y estoy en tu blog. Besos

Gabyta: Fíjate que este cuento nació inspirado en mi propio abuelo, Juan. Cuando se fue, yo tenía sólo 9 años. Una vez recuerdo que tenía una preocupación y decidí pedirle ayuda a él, pero mi abuelita me dijo que lo dejara descansar porque cada lágrima que yo le dedicaba no lo dejaba ir en paz... ¡Fuerte y bello! ¿no? Ahora me da gusto darme cuenta que tú también tuviste tu propio "abuelito Juan" que quisiste (o quisieras) tener contigo. Te quiero mucho

Apologista dijo...

Si no la viste, cuando la veas vas a volar con la imaginación. Vas a ver tu idea hecha vhs, o si sos más tecnológica en formato dvd.
beshos, sigo con problemas para acceder al blog, socorro!

Taito dijo...

La veré, querida Marian, lo prometo... y con que no me haya "plagiado" nada sin querer. Es difícil ser original en este mundo ¿no?
Un abrazo

ilne dijo...

sin palabras y con algunas lagrimas.
no soy nada creiente, pero sí quiero creer que hay algo, no para no tenerle miedo a la muerte, para que mis seres queridos esten bien.
volvere ha hablar con el y luego lo dejare ir.
has llegado por entero dentro de mi corazon. GRACIAS

Apologista dijo...

Noooo yo no lo decía asi Tay. Te decía que sino la viste te vas a fascinar. Porque es tu idea hecha película. Es muy loco.
besos, Mar.

pd: cuando la veas avisa o hacete un post en tertulias.

Taito dijo...

Ilne querida, gracias por tus palabras. Fíjate que yo también abrigo muchas dudas, pese a que tiendo más a creer que a no creer, pero uno nunca sabe lo que hay más allá de este mundo. Este texto fue un deseo, en honor a mi propio abuelo, y me alegra que haya tocado tu corazón. Un beso enorme.

Taito dijo...

Marian linda, no te preocupes, lo que pasa es que sí, a veces las líneas se entrecruzan y creamos cosas que nos parecen originales pero que ya pensó otro antes. ¡Eso es lo malo de haber nacido con una humanidad que tiene tantísimos años de historia! En cuanto la vea, prometo compartirla en Tertulias... Por cierto, ¿ya podemos empezar con los textos?

Apologista dijo...

Supongo que si Tay yo estoy pensando cual sera el primer post. Lo que le pedi a Ferí es que cambie el color de la plantilla porque no me gusta :( soy una molesta ya lo se.